Ayer la estrella del día fue mi abuela materna. Estuvo, como suele decirse, sobrada. Sembró la palabra por doquier quedándose siempre con la razón y tan campante. No es que no suela llevar la razón, que como portadora de mis mismos genes, hace por ello, ni que tampoco suela ser la que dice la última palabra. Es especialista en dejarte cortado e imposible de atajar. Sigue con la ocurrencia plenamente vigente. Diría que a punto de cumplir 79 años, más incluso que antaño.
Tampoco quiero destripar muchas de las frases acertadas y a veces lapidarias con que agasajó a su hijos, hijos políticos, nietos y hasta vecinos. El cenador delantero de la casa, frente al jardín de surfinias, hortensias y demás flores coloristas, que es su rincón favorito de la vivienda, le inspira que no veas. Para este post me quedo sobretodo con lo que me tocó a mí, que no fue poco. Destaco un par de cosas.
Fue capaz de destriparme el libro que estoy leyendo. Puede considerarse uno de los grandes clásicos de la literatura inglesa. Estoy leyendo Cumbres borrascosas de Emily Brontë. Iba tocando ya, la verdad. Es de estas novelas que uno sabe que tiene, o que al menos debería leer. A veces sólo lo intenta porque no hay quien lo soporte. No es de momento el caso. Me esta gustando. Al grano. En cuanto mi abuela vio el libro encima de la meseta de la cocina se puso a destriparme la trama con pelos y señales. Ella había leído el libro en su juventud y se acordaba perfectamente. Además recordaba igualmente la película.
Ya me he enterado del grueso de la historia. Contada además con cierta ilusión. Se le ve la vena del Magisterio que un buen montón de años atrás ejerciera. Acabo, por cierto diciéndome que si me estaba gustando la historia. Le contesté que aún estaba empezándolo. Con que estupenda respuesta me encuentro, se pueden preguntar.
– Bueno, seguro que como yo te lo conté no te lo lo podrá contar nadie, además, así no te aburres, ya sabes lo que va a ir pasando, sólo hay que buscarlo. Por cierto, ¿se podrá bajar la película de internet?, tengo ganas de verla otra vez… -. Sin desperdicio.
La siguiente vino con posterioridad a la visita que hizo al pueblo mi amiga A. y su madre. De A. creo haber hablado con anterioridad, pero puedo y quiero repetirlo. La más antigua de mis amistades, des también la persona más inteligente que conozco. Como apunte indicar que no creo que ningún ingeniero aeronáutico que ha hecho la especialidad matemática de astronomía y geodesia, y que con 26 años esté trabajando en un proyecto importantísimo y puntero de la Agencia Espacial Europea, sea precisamente una persona poco inteligente. Por cierto, la quiero mucho y no sólo por que siempre me acoja en su estupendo apartamento madrileño.
Las perlas de mi abuela vinieron después de que ellas charlaran animadamente un buen rato. Sobre la vida fuera, su coche nuevo, que tengo ganas de estrenar y unas cuantas cosas más, incluyendo, como no podía ser menos la típica pregunta de ¿Tienes novio? Ante la respuesta negativa de A., y en cuanto se fue a seguir aspirando el coche, no me atrevo ya ni a decir cuantos piropos, por cierto, todos ellos muy bien merecidos, me lanzó sobre A. Digo me lanzó, porque las intenciones ya las conocen de sobra a poco que lo piensen. Es más, no me atrevo ni a escribir algunas de las frases que tuve que oír y esquivar como buenamente pude. Es que mi abuela entre otras cosas, me hace responsable de que pueda convertirse en bisabuela, que le apetece mucho, y yo soy el nieto mayor. Jodido lo llevo. Sólo tiene dos nietos. El otro es mi hermano. Casi cinco años de diferencia y sin mí cuñada a la vista.
Y poco más, mañana me toca levantarme a las 7:15 y el simple hecho de pensarlo me da taquicardia. Pedazo de depresión postvacacional que se avecina. Esperemos que nos brille el sol, para tomar unas cañas en una terraza por la tarde. Que para eso el Verano acaba en Septiembre.
Buenas noches a tod@s.