Thursday, November 30, 2006

La quedada

     Estoy empezando a creer que la reunión de diez amigos es una tarea casi imposible. Afortunadamente sólo casi, esta vez parece que se va a lograr. Quedar diez personas podría decirse a priori que no resultaría demasiado difícil. Cuando vivimos en cuatro Comunidades Autónomas, e incluso en ciudades diferentes dentro de cada Comunidad, hay que hacer verdaderas peripecias.

     Hemos propuesto un montón de fechas, de lugares, de sitios. Hemos pospuesto algunas, a otras hemos acudido menos de las diez personas que hace cuatro años descubrimos Atenas y Mykonos. Hemos planeado cenas, cafés a media tarde o al final de la misma. Hemos hecho infinidad de cosas, pero quedar los diez aún no. Esta vez lo lograremos. No sé si ya me lo digo a mi mismo para autoconvencerme o realmente creo en ello con firmeza suficiente. La idea de la tabla me parece acertada. Cada uno del grupo pone en una especie de calendario que día o días puede quedar con total seguridad. Marcamos con una “X” los días, y si en alguno aparecen diez “X” ya hay fecha. Espero que lo de la hora dé menos problemas.

     Siete personas tenemos dos días en los que coincidimos. Sería capaz de rezar desde mi agnosticismo para que las otras tres puedan alguno de esos días. Que logremos ocupar el mismo espacio para compartir un momento juntos sería un buen regalo navideño, si los turnos de trabajo, viajes y circunstancias personales lo permiten.

     De momento sigo esperando a que lleguen las tablas, a que haya algún día con diez “X” y escribiendo unas cuantas palabras en este blog para purgar mi mente. Buenas noches a tod@s.

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Wednesday, November 29, 2006

Más de mil palabras…

 Eso puede significar esta foto. Disparé desde el inicio del Malecón habanero el 19 de Marzo de 2005. Allí se encontraba este pescador, tanteando la suerte pesquera. Creo que es una imagen bonita de La Habana. Se ve el mar, siempre tan presente, un hombre buscándose la vida, un lugar famoso, y edificios singulares. Por eso creo que vale más que mil palabras. También estoy probando a poner imágenes en el blog y tengo poca gana de estrujar más la neurona.

Saludos a tod@s.

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Mi familia cubana

     Ayer he hablado con mi familia cubana. La familia Almeida, de Matanzas, cerca de Varadero. No se trata de familia directa o real, es mi familia porque les siento así. A mí me hacen sentir también parte de la suya. A la familia Almeida Bravo tuve la gran suerte de conocerla la Semana Santa de 2005. Viajé a Cuba para un Congreso Internacional relacionado con mis estudios. También tuve unos cuantos días para el ocio y las vacaciones.

     Llegué a la isla el 16 de Marzo sobre las once de la noche. Un ahora de retraso para la salida desde Barajas. Un vuelo de diez horas, con una entera de turbulencias y baches, y había llegado al Aeropuerto José Martí de La Habana. Calor, calor horrible. A partir de ahí, quince días inolvidables, que no son el objeto de este post. Hoy hablo de mi familia cubana.

     Unos cuantos meses antes había descubierto un Congreso muy interesante en la Universidad Pedagógica Juan Marinello, en la región de Matanzas, Cuba. Sopesé pros y contras, hice cálculos económicos y me decidí. A cruzar el Atlántico. Los primeros días transcurrieron en La Habana. C. fue mi guía y ayuda, también andaba en uno de sus ya casi innumerables viajes al país. Superan la veintena. Luego vino Juniel a por mí, el hijo de Ramón, director del Congreso y patriarca de mi familia cubana. Para ellos no utilizo iniciales, no quiero.

     Descubrir el término autopista en Cuba es verdaderamente impactante. Un par de horas de viaje y llegué a casa del Dr. Almeida, mi amigo Ramón. Quedé alucinado al ver donde vive un profesor universitario cubano. No tenían teléfono en casa. No sólo eso, sus hijos Junior y Juniel y su nuera Mirela, también son profesores universitarios. Mireia, la mujer de Ramón fue economista hasta su jubilación, a los cincuenta y cinco años. Todos viven juntos en la misma casa, junto a Melissa, hija de Junior y Mirela. La niña de los ojos de Ramón. y dueña de Popi,  un hipopótamo de peluche que le llevé desde aquí. En la planta baja de la casa viven los suegros de Ramón. Todos comparten un mismo hogar. Imagínense toda esa gente junta en España, en una casa mucho más que humilde. Todos con trabajos con remuneraciones más que interesantes por este lado del mundo, viven juntos para salir adelante en pleno Caribe.

     Ramón Almeida y su familia me hicieron sentir mejor que bien. Amables al extremo, increíblemente cariñosos, amigables y conversadores. Me arroparon e integraron como un miembro más de su familia, porque son así, sin aviesas intenciones, de sentimientos puros. El Congreso fue realmente bueno, no sólo por haberme dado la oportunidad de descubrir las paradisíacas playas de Varadero, también por su nivel científico, claro. Pero de toda la experiencia de aquellas semanas en Cuba guardo especialmente el recuerdo de la despedida, cuando me paseaban en el Chevrolet azul del 53. Ramón me ofreció su enorme mano y me recordó que allí estaban ellos para lo que necesitara, que los sintiera mi familia cubana. Así los siento. Espero que ellos me sientan su familia española.

     Ayer he hablado con ellos. En su casa hay teléfono desde hace unos meses. Melissa sigue jugando con Popi. Ramón sigue poseyendo el arte de la palabra y aún participa, ya jubilado, en algunos eventos intelectuales. El resto de la familia Almeida Bravo fuertes saludos y abrazos. Yo también a ellos. A pesar de que no me gusta especialmente volver a lugares en los que ya he estado, con algunas excepciones, como mi afición por Londres, haré lo posible para volver a reunirme con mi familia cubana en cuanto pueda. Son mi familia y mis amigos, merece la pena, aunque luego me digan que soy excesivamente sentimental.

     Este post corresponde al día de ayer, Martes 28, pero no pudo ser publicado debido a los trabajos de mantenimiento de la web, por eso queda expuesto hoy. Que les vaya bonito, un abrazo a tod@s.

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Monday, November 27, 2006

El lector del hospital

     L. se ha leído mis diecinueve posts del tirón. No ha tenido la decencia de dejarme ni un triste comentario. Gracias a quienes si lo habéis hecho, seguid así. De todos modos lanzo una alabanza a su proeza. Yo no me leería tanta cantidad de letra del tirón jamás.

     Ha tenido eso sí la oportunidad de comentarme en persona la falta de su inicial en el texto dedicado a ellas. L. si no me lo pides vía comentario, no sé si hablaré mucho más de ti. También me ha sugerido que cambie el nombre del blog por algo similar a Mi vida social y algunas otras ideas. Dice que mis comentarios le han vuelto a recordar la escasa vida social y su falta de tiempo libre. No le cabe una guardia más y hace turnos eternos en el hospital. Yo le he recordado a cuanto asciende la nómina de un MIR y lo que suponen los incentivos en forma de guardias. Se ha reído y me ha invitado a comer. En la cafetería del hospital claro. Aún así, genial. Me he librado de la tortura en forma de lentejas estofadas.

     Se me hace raro, pero que muy raro ver a L. de verde y blanco MIR. Me da la risa floja y recuerdo los años en los que estaba de moda el chándal de táctel. L. tenía uno blanco y verde, aunque de aquella corríamos por el patio, y ni L. rajaba pacientes ni yo aporreaba las teclas del ordenador para contar cosas. La comida pasó mientras un par de médicos entrados en años echaban pan en su sopa y hablaban de la estupenda esplenectomía realizada a un accidentado y de un osteosarcoma en un niño. L. comía y permanecía en estado de absoluta pasividad. Yo ponía la oreja con interés y sacaba la conversación adelante como buenamente podía.

     Al acabar la comida tenemos el tiempo justo para tomar un café con una doctora apellidada Peligros que me inspira poca, pero que muy poca confianza. Me acuerdo del Sr. Pies, podólogo. Las comparaciones son odiosas. Me apetece un chupito, que es la mar de digestivo, pero resisto. Cada mochuelo vuelve a su olivo. Yo después de una tarde con poco trabajo llego a casa y me pongo frente a la pantalla a contar esto a los posibles lectores. L., de quien podría haber hablado menos, sigue en el hospital, hasta mañana a las ocho. Pienso en cuanto trabaja de verdad. Y en todo lo que cobra. Mi situación económica ya ha abandonado Guatemala, estamos en Guatepeor… Saldremos adelante, como siempre. Hasta mañana.

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Sunday, November 26, 2006

Un lugar en el mundo

     Hoy he llevado a alguien a “mi lugar”. Suena un poco peliculero, pero tengo un lugar favorito. Desde los ocho años. Detrás de casa de mi abuela, al final de la finca. En el fondo del prado con una leve pendiente. Arropado entre alisos y castaños, a la vera del río, con en sonido de sus aguas discurriendo. “Mi lugar”. Por alguna extraña razón que el paso de los años ha hecho que olvidara, escogí hace ya un buen montón de tiempo ese lugar como mío. Me sentía bien allí, en soledad o con A., compartiendo juegos de infancia los fines de semana. Sigo sintiendo algo especial y un poco inexplicable en ese lugar. No lo visito con la frecuencia que debería. Se desatan muchos recuerdos.

     Nos besamos hasta quedar casi exhaustos. Es la primera vez que me beso con alguien en “mi lugar”. También es la primera vez que relato cómo y donde está. No se porqué, pero lo estoy haciendo. Tampoco creo que nadie lo encuentre. Tampoco me importa, ni es tan recóndito ni perderá su encanto.

     La hojarasca crujía bajo nuestros pies mientras avanzábamos. Quería que descubriera ese sitio maravilloso, y que hasta la fecha únicamente A. y yo conocíamos. Ahora quizás alguien que lea estas letras y que me conozca lo suficiente sepa de que lugar se trata. Ya he dicho que no me importa demasiado. Desconozco el impulso que me ha hecho descubrirlo ante alguien que oficialmente no es mi pareja. Nunca había llevado a ninguna chica o mujer a “mi lugar”.

     Al llegar nos miramos, sonreímos, nos tomamos de las manos y confesé. No sólo dije que era mi lugar, y que nunca había llevado a nadie allí. A. lo sabía porque escogimos juntos aquella tarde lejana “nuestros lugares”. Me acompañaba los fines de semana de nuestra infancia, no la llevaba. Nos abrazamos. Primero un tibio beso que se transformó progresivamente en otro de puro deseo, de necesidad fisiológica, de pasión. Un beso para quitar la respiración. Después un abrazo de los que paran el tiempo y alejan el mundo.

     Me estoy pillando, cómo si no me conociera. No se si echarme atrás o dejarme llevar. Odio estas situaciones de indecisión. Es cómodo ver como mueve ficha la otra persona. Pero esa otra persona quizás no está dispuesta a moverla. O quizás quiera ver cómo la muevo yo. Sea como fuere tampoco voy a explayarme demasiado en este blog por ese motivo.

     Nos fuimos juntos, contentos, riendo, satisfechos, recuperando el aire y la compostura. He llegado a casa y me he entregado a las cuestiones rutinarias que tanto aborrezco. He recordado que no he puesto su inicial en el post en el que hablaba de la gente de mi entorno utilizando iniciales. Lo hice con toda cuenta. Hoy no la pongo. Tampoco quiero. Hay que saber hasta donde se purga la mente. Hasta donde llegan mis palabras.

     Buenas noches a tod@s.

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Saturday, November 25, 2006

Preparados, listos ¡ya!

     Ha empezado la Navidad. A un mes vista las calles de la ciudad se han llenado de luces. Por algunas calles uno debería ponerse gafas de sol en plena noche para protegerse de semejante acoso a la pupila. Hasta Reyes no queda nada. Cada año antes. Éste ni siquiera ha empezado el frío. Una lástima. Una de las cosas que prefiero de estas fechas es el frío. A ver si se pone a nevar de una vez por todas, que voy teniendo ganas.

     Melendi dice en una de sus canciones que la Navidad la ha inventado El Corte Inglés. Al menos sí es lugar compras de gran numerosas en estas fechas. Yo mismo me he visto en una situación un tanto tensa en ese centro comercial. Resumo diciendo que una señora me increpó ferozmente en caja al verme pagar una bufanda que ella había visto antes. Coger no la había cogido. Antojársele en cuanto saqué la cartera. Llegar, coger y pagar es mucho más eficiente que manosear horas y horas entre dudas.

     Hoy ya he visto a gente de compras. Supongo que son previsores. Quizás no, quizás sean, o seamos, simples consumistas ávidos de las novedades propias de la temporada. El caso es que el parking del centro comercial estaba a tope. Por dentro nos movíamos como hormigas. Yo también he comprado cosas típicas navideñas, lo confieso. La primera tableta de turrón. Ya llevan días a la venta Había resistido. Turrón de chocolate de la más famosa y mejor marca. Suchard. Ha volado. Nos la hemos comido integra en cuanto salió de la bolsa en casa. Primero mucha queja, mucho pesar, mucho decir que si empezamos tan pronto… Pero ha durado un suspiro. Como buitres famélicos delante de un cadáver suculento y apetecible.

     Los langostinos ya han subido un buen pellizco. Los turrones cada vez tienen más sabores. El champán va cogiendo su sitio. Los adornos navideños tiene cada vez mayor variedad. Los juguetes pueblan estanterías y anuncios televisivos. Vamos probando perfumes a fin de dar ideas. Las joyerías sacan colecciones nuevas. Hasta llegan fiambres nuevos a la charcutería. Señoras y señores, abran las puertas y la cartera, que la Navidad llega con toda su fuerza.

     Ánimo y fuerza para superar lo que nos queda. Yo para ir preparándome me voy de fiesta. Buenas noches a tod@s.

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Friday, November 24, 2006

Viernes de mercadillo

     Llevaba una buena temporada sin ir al mercado. Los viernes cerca de mi casa se despliegan multitud de puestos en los que se encuentra casi de todo. Hoy tenía tiempo libre por la mañana y me apetecía pasarme por allí. Moverme entre multitud de gente de mi ciudad. Entre holas y adioses y algunas paradas con gente conocida y amigos. Comprar alguna cosa. Lo de siempre. El ritual del mercadillo de los viernes. Me gusta.

     Nada más llegar me encuentro con S. Parece ser que ayer no tuvimos suficiente con tres horas de charla. Recorremos juntos el mercadillo. Me pide consejo para unos pendientes. Compra los que más me gustan. Le advierto, como en muchos programas televisivos, que no me hago responsable de su acto. Llega M. y alude a la buena compañía que llevo. Río condescendiente, con ganas de mandarla a la mierda que dejo en el cerebro y no bajo a la boca. S. va más allá. En cuanto su silueta se diluye entre el gentío pone cara de verdadero asco y gesto de mala leche. Suelta algunos improperios. Ahora si que sonrío sincera y ampliamente.

     Al pasar por delante de una frutería recuerdo que le he prometido a mi abuela que compraría mango. Le gusta el mango. Lo ha descubierto hace poco y ahora lo come sin parar. Cola entre un buen montón de amas de casa cesta en ristre. Compro un mango bien grande y maduro. S. dice que a ella le resulta excesivamente dulce. A mí me gusta mucho. S. compra una piña. Los dos flipamos con los veintidós euros que cuesta un kilo de cerezas. Si la gente me mira con cierta extrañeza cuando pido mango, caquis, granadas, papaya, guayaba, coco o cualquier fruta tropicaloide  o de bajo consumo por estos lares, no quiero ni pensar que caras pondrían si pidiera cerezas. Me hubiera gustado provocar al personal, sin embargo no soy ni tan rico, ni tan snob, ni tan gilipollas como para pagar eso por unas cerezas. Me aguanto y espero a la temporada. Tenemos unos cuantos cerezos en el pueblo.

     Nos encontramos con A., compañero de facultad reconvertido en Policía Local. Pega un repaso visual a S. Hablamos de nimiedades. Me pregunta que si andan los de la manta con los cd’s. Le digo q no soy un chivato y se marcha con su fluorescente compañero a seguir la ronda. Le recuerdo que ya que es funcionario invite a tomar algo a los que seguimos intentándolo, para animar sobretodo.

     En un puesto de abalorios veo una pulsera. S. un colgante. Preguntamos. Compramos. Tengo pulsera nueva, me la ha regalado S. y yo le he regalado el colgante. Cuestan lo mismo. Decimos que nos lo hemos regalado mutuamente para dar un leve barniz de emoción a un acto tan normal como comprarse una baratija de mercadillo. Bien bonita, por cierto. Al pasar por un puesto de flores y plantas nuevo desembolso. Compramos sendos pensamientos. Miro la cartera. Estoy quedándome sin un euro. Como de costumbre.

     Tomámos un café rápido, con un pincho. El mostrador de la cafetería despliega una riqueza gastronómica que ayuda a abrir el apetito. Una señora mete compulsivamente monedas en la tragaperras. Compulsivo quiere decir que ha cambiado un billete de cincuenta euros en monedas. La máquina traga y traga, que es lo suyo. Premiar en media hora no premia nada.

     Nos despedimos. Cada uno recoge sus bolsas y emprende rumbo a casa. Yo tengo que hacer la parada técnica. Técnicamente estoy quedándome sin dinero, y tengo que pasar por el cajero. Saco unos billetes y apuro los últimos pasos para llegar a casa. Ha comenzado a llover. Apenas ha parado desde entonces.

     Un saludo para tod@s.

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Thursday, November 23, 2006

El gentilicio y la pintura

     ¿Cual es el gentilicio de Calatayud? Aprieto un segundo los párpados y contesto. Bilbilitanos. Sonrisas, sorpresas y gente que aseguraba conocer la respuesta pero que no la encontraba. Indico que procede del antiguo asentamiento de Bílbilis. Un nutrido grupo de compañeros y compañeras de trabajo llevaba toda la mañana intentando dar con la respuesta. A saber porqué. No he preguntado. No han tirado de Internet. No tenían enciclopedia a mano. No sabían la respuesta. Por eso he quedado tan de puta madre.

     El mismo compañero que me planteó la pregunta comenta que por fin han dado con alguien de letras. Contesto que mi licenciatura es en ciencias, muy de ciencias, con sus matemáticas, su física, su química, su biología y demás. Apelo a los conocimientos generales, la culturilla popular. Sinceramente saberse el gentilicio no me parecía en absoluto un hecho destacable. C. por contra parece que ha descubierto en mi un ser de sabiduría suprema. Me ruborizo con sus comentarios halagadores pronunciados en voz lo suficientemente altos como para que el resto de desconocedores de la palabreja se dieran por enterados de la proeza, que desde luego no es tal.

     Llego al coche y cuando estoy arrancando L. pica a la ventana. Me pregunta que si he sido yo quien ha dicho lo de bilbilitanos. Confiesa sin ningún tipo de pudor que al plantearle la pregunta él contestó que no tenía ni idea, que serían calatayuzanos, o calatayucenses, o calatayu… lo que sea. Flipo. Flipo y le espeto que mantenga ocultos sus inconclusos estudios de Derecho y su afición concreta por el Derecho Romano si no quiere que el resto de trabajadores se rían hasta el mismo día de sus jubilaciones del momento. No me ruborizo lo más mínimo metiéndome con L. Él hace tres cuartos de lo mismo con todo el personal. Oculta sus limitaciones entre sarcasmos y bromas de dudoso gusto hacia los demás. Que se me note que no me cae bien.

     Un tanto perplejo y otro poco contento llego a la exposición de pintura de C., la madre de G. con quien comparto veinte años de amistad. C. es una artista pictórica local, ha ganado un buen número de premios con sus cuadros. Es una mujer sumamente elegante, de poderío económico y corazón enorme. S. está a la entrada, hemos quedado para ver la muestra. Aunque de lo que más ganas tenemos es de tomarnos algo después.

     La exposición me gusta. C. es una excelente pintora. Sin embargo, y aceptando aquello de que la sangre tira, recuerdo la exposición de cuadros de mi madre, también aficionada al lienzo, hecha en la misma sala. Entre odiosas comparaciones decido que aquella fue mejor. S. ha quedado perpleja, fascinada, le encanta lo que acaba de ver. No le menciono ni remotamente que a pesar de ser consciente de que los cuadros son buenos, muy buenos, prefiero los óleos de mi madre. Al menos esos lienzos que algún día colgarán de mi propia casa, son de una temática más variopinta. Mi madre pinta muchas flores, pero también paisajes, marinas, bodegones, personas. C. es puramente paisajista. Campos, campiñas, casas, prados, iglesias, pueblos y estampas siempre con verdes y azules de calidad fabulosa llenan todos los cuadros de la muestra.

     Saludamos y felicitamos a C. al salir. Acaba de llegar de su casa. Está a dos minutos. Confiesa que tuvo que escaparse a quitar la ropa, que estaba lloviendo. Los tres nos reímos un buen rato. Nos tiene que dejar y atender a algunas de las personas que andan por allí. La reclaman. S. y yo nos vamos a tomar el café. Tengo que contarle lo de los bilbilitanos. No aguanto más. De eso y de unas cuantas cosas más hemos estado hablando hasta hace un rato, cuando llegué a casa y me puse delante del ordenador a soltar mis palabras.

     Un saludo a tod@s.

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Wednesday, November 22, 2006

Cumpleaños

     Hoy es el cumpleaños de mi hermano. Vigesimosegundo cumpleaños. Veintidós el día veintidós. Felicidades D. Evidentemente te deseo que cumplas muchos muchos más. Y que yo los vea, eso si que va a estar bien. Sobretodo por el hecho de ser mayor que tú algunos años. A día de hoy no me importaría verte cumplir los cien. Cuando los achaques vayan haciendo de las suyas igual me lo pienso. Sí puedo asegurar que ahora desearía verlo.

     Recuerdo aún a mi madre embarazada. Cómo días antes de dar a luz quedó atascada entre la puerta y el lavabo del minúsculo aseo. Llevaba un vestido pre-mamá verde, de lunares y cuellos blancos. El pelo negro rizado y las canas tan prematuras, y hoy escondidas entre caoba de fondo y multicolor beteado encima, vislumbrándose en la cabeza. Mi padre acudió al rescate. Con tiento deshizo el entuerto. Mi madre quedó liberada e intacta, lo mismo que la puerta y el lavabo. A los pocos días nació D.

     Fui a recogerlo con mi padre a la maternidad del hospital el día que vino a casa. Ya había dado la noticia en clase. Ya era como mis compañeros y tenía un hermano. En el asiento trasero del coche estaba mi hermano en brazos de mi madre, medio pintado con mercurocromo. Llevaba algo blanco, con detalles azules, creo que de punto. Repetí no sé cuantas veces que parecía un león. No sé porqué el mercurocromo en su cara me recordaba a un león… cosas de la infancia. Mi madre soltó el toque de atención por mi desmesurada insistencia. Me espetó que era mi hermano, no un león. Supe que tocaba callarme. Ya de aquella me resultaba difícil, casi imposible, no es cosa de hoy, pero lo hice. Mutis hasta llegar a casa.

     Tantas y tantas horas de vida juntos se han disipado entre muchos olvidos. Quedan algunos momentos, bastantes. Muchos instantes, muchas vivencias y sensaciones en veintidós años que se han quedado en la memoria. Es complejo seleccionar unos pocos. Haré lo posible por abreviar, aunque la visión sea sesgada. Ocurre siempre en las simplificaciones.

     El día de su bautizo, refunfuñé contra mi madre por no haberme dado tiempo suficiente para hacerle la señal de la cruz en la frente. Para que comiera los purés y papillas tenía que chantajearle fingiendo mi muerte mientras mi madre metía con maña la cuchara en la boca. No era el pan nuestro de cada día, pero alguna vez hubo que recurrir a la artimaña. Poco ética la verdad. Muchas veces mi madre acababa metiendo la cuchara sin recurrir a la técnica, por el punto cruel. Enseguida dejó de creérselo. También se puso a comer como una lima. En pleno mes de agosto, de vacaciones en Alicante pidió sopa. Tenía casi cuatro años y había cuarenta y dos grados de temperatura. Comió sopa. Cuando empezó a la escuela no podía pronunciar bien el fonema de la erre. Un buen día llegó de clase y se pasó la tarde entera pronunciándo con gran énfasis el fonema erre, las palabras perro, rabo, barroso y algunas más que no recuerdo. Fin del problema de lenguaje. Estando en verano en una playa asturiana se cayó barranco abajo, rebozándose con mil arbustos y hierbajos espinosos. Mi padre saltó a por él como una exhalación. No les pasó nada que no curaran alcohol, mercurocromo y tiritas. Me pregunto que sería del Betadine por aquellos años, y que habrá sido de la obsoleta Mercromina

     El vídeo del calamar hubiera sido digno de Videos de Primera. Arús mismo se hubiera tronchado de risa. Fijo. De tanto jugar con un calamar en la comida de la boda de mi tío J. éste salió volando dirección desconocida y se depositó sobre otro de los comensales. La cara de D. era un verdadero poema. Cuando hizo la primera comunión se descalzó los zapatos en cuanto pudo. Era el único marinero con zapatillas deportivas negras. No hubo forma de convencerle. Para él, como para todos, pero hablamos de D. fue muy duro superar la muerte de R., nuestra bisabuela. Nunca le ví llorar tanto. No quisiera verle de nuevo así jamás. Tuvo un accidente de moto con mi padre en el pueblo mientras yo estaba en Italia. Le quedan cicatrices en una pierna. No les pasó nada grave, pero magulladuras y moratones tenían para dar y regalar. En el instituto comenzó a ligar a todo trapo. De no ser por su timidez hubiera tenido un currículo sentimental inmensamente mayor.

     Estudió en un centro privado después de Secundaria, en la que anduvo peleado con el inglés. Tenia muy claro que no quería pisar la Universidad. Casi obligado a hacer la Selectividad (hoy PAU), mi madre y yo tuvimos que rebuscar entre algunos papeles para encontrar el código que había que introducir en la página web para conocer su nota. Mientras D. estaba tomando algo tranquilamente con los amigos. Subió nota por cierto, algo bastante difícil como sabe el respetable. Las neurosis de algunos de sus amigos y amigos contrastaban con su relajación casi ofensiva. Al acabar se pasó sólo quince días al paro. Le llamaron para un curso, y hasta la fecha de hoy y con un cambio de trabajo para mejorar económica y profesionalmente, esta trabajando en algo relacionado con sus estudios. D. es informático. Y aquí si que tuvo suerte. Suerte que merece, sin duda.

     Quizás la cosa que más le ha acompañado y caracterizado siempre ha sido y es el fútbol. Apasionado hasta extremos impensables para mí, ha hecho de su afición más que eso. También es futbolista en un equipo regional. Tiene algunas fotos siendo poco más que un bebé con un balón de fútbol en las manos. Toda nuestra infancia de juegos en la calle lo recuerdo balompédico. No ha dejado en ningún momento de practicar ese deporte desde que tiene uso de razón. A mí no me gusta el fútbol. Creo que no puedo ser demasiado objetivo en este párrafo. Por eso sólo dejo el testimonio de una gran realidad. D. y el fútbol son casi uno.

     Aunque no lo haya logrado, juro que he intentado ser breve. Que alguien resuma veintidós años de convivencia con su hermano en este espacio, si es más breve me quito el sombrero. Todo se resume a fin de cuentas en mis ganas de hacerle una felicitación de cumpleaños especial, ya que la camiseta no deja de ser material, y hoy, hoy está bien ser sentimental.

     ¡¡¡¡¡Felicidades!!!!!

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Tuesday, November 21, 2006

Encajando piezas

     Hasta hace un rato no sabía que iba a escribir. He estado pensando, dándole vueltas a algunas ideas. No encontré nada que me resultara del todo convincente. A veces también escribo sin absoluto convencimiento, quizás sí tenga más inspiración. O no. El caso es que después de haberme pasado un buen rato mirando a la pantalla en blanco me he puesto a hacer limpieza dentro del ordenador. Hay de todo. Tanto por enviar a la papelera de reciclaje que he desistido. También hay algo que me ayuda a llenar de palabras esta noche que se me antojaba blanca.

     Voy a plagiarme a mi mismo. Si eso es posible. Me apetece colocar algunos extractos de cosas que ya he escrito con anterioridad. Historias inéditas, historias presentadas a concursos menores e historias que han leído algunos amigos y amigas. Son al fin y al cabo más grupos de palabras, que por el fabuloso arte del corta y pega informático han llegado a este post.

     Aquel olor, aquel maldito olor. Es imposible olvidarlo. Todo aquel que haya tenido la desgracia de sentir el espantoso cosquilleo del polvo de un derrabe dentro de sus narices sabe bien de que estoy hablando. Olor a desgracia. Hedor a muerte. Comienzo de Aquel olor…

     Muchas personas no aceptan, no encajan que han tenido un hijo con parálisis cerebral. No lo superan o no lo quieren superar, no son capaces de normalizar sus vidas. Quiero pensar que tanto mi mujer como yo lo hemos llevado bien, aceptado y comprendido desde siempre, con los típicos problemas del durísimo principio, con alguna que otra recaída en fechas concretas o ante situaciones determinadas. Fragmento de Teo.

     Sola. Sola para siempre pero luchando. Reinventado su vida cada día, hasta el último momento. Pudo dormirse, porque quizás mañana sea más duro, pero necesitará fuerzas. Comenzará a luchar. Vivirá. Vivirá con su amor siempre dentro, y no estará tan sola. Final de Sola.

     Mi padre era minero. Yo soy minero. Preferiría que me cortaran las piernas antes de que mi hijo sea minero. Mi padre era comunista. Yo estoy algo menos a la izquierda. Mi hijo… a él, a él le gusta la videoconsola. Extracto de Llueve.

     Quedé absorto en el salón de la casa unos instantes, sentado en el sofá, pensado, dubitativo, con una sensación extraña. Tu madre había salido a pasear con Allen, para dejarnos solos. Por unos instantes estuve en soledad, perdido sobre el sofá rojo. Párrafo de Un sombrero en el sofá.

     No le importaba en absoluto que el Dr. Caso la utilizara. Celia disfrutaba follando con aquel señor canoso padre de tres hijos. No comprendía porqué aquella polla dentro de su sexo viraba sus ojos párpados adentro. El placer en cada poro. Con su marido jamás había experimentado nada igual. Se preguntaba si al menos éste disfrutaría mas con su secretaria, a la que llevaba copulando tres años en un apartamento de paredes desconchadas. Con Gerardo acababa de descubrir el sexo perfecto. Lástima que su mujer estuviera a punto de volver de vacaciones. Tendrían que buscar un nuevo emplazamiento para su fogosa relación. Trozo de La nueva vida de Celia Khalsoff.

     Hay algunas cosas más, pero por esta noche es suficiente. He intentado construir un puzzle hecho con piezas de varios diferentes. No valoro el resultado, simplemente lo dejo expuesto. He hecho los deberes del día y he quedado contento por ello. Un saludo, y que les vaya bonito.

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