Friday, November 10, 2006

Confesiones de un día

     Hoy no he hecho nada. Bueno nada realmente no. He vagueado. Mucho. Me he dedicado a la buena vida. Es una pasada. Se me ocurre que esto no lo podemos decir muchas personas, hoy porque me ha dado la gana, no he pegado palo al agua. Y no solo eso, encima me lo he pasado genial. En principio puede pensarse que esas cosas sólo las hacen los ricos, bueno, los ricos y los parados. No soy ni lo uno ni lo otro, puedo jurarlo y demostralo.

     Por un asunto que no viene al caso hoy no he tenido que trabajar. Estupendo. En cuanto me enteré anoche, tras una llamada del trabajo anunciandome tan maravillosa noticia, desprogramé el despertador. Podría jurar que un solo día sin oir el quejido pesadumbroso en forma de agudo pitido que emite semejante aparato, te da 48 horas más de vida. En teoría si fumara podria haberme metido para el cuerpo una buena dosis de nicotina, alquitran y mil mierdas más para ponerme a la par de las jornadas de vida que me quedan por pasar.

     He despertado tarde, insultantemente tarde. No se puede empezar mejor un viernes. Al menos alguien con mi vagancia y animadversión al verbo madrugar lo ve así. Una buena ducha, un zumo de naranja. El plastico mata semejante alimento, se diga lo que se diga. Un Cola-Cao con un par de tostadas con mantequilla y mermelada de membrillo casero. La redio encendida. Una buena emisora. Buena música, entre otras una de mis favoritas Loosing my religion, de REM. La cosa pintaba bien. En cuanto me parezca que se va a torcer, me escabullo. Hoy voy a vaguear, voy a pasarmelo lo mejor que pueda. A ver si lo logro.

     No me apetecía en absoluto quedarme en casa, ni comer el menú que había para hoy, que por cierto me gustaba, pero no me apetecia. Llamo a un amigo de quien sé que tiene tantas ganas de vaguear como yo. Acepta. Nos vamos a comer. Donde vamos a comer… que me apetece… Un restaurante chino. Me gustan, se come bien para mi gusto, y además es barato. Miel sobre hojuelas. Un menú para dos. Nos ponemos las botas por poco dinero y encima nos invitan a un chupito de licor. Me quedo con más ganas de seguir hablando de nimiedades que es lo propio en una jornada relajada. Nos vamos a tomar un café, y un orujo de hierbas, que es la mar de digestivo.

     Va pasando la tarde y aunque resulte dificil de creer, estamos en un mes de Noviembre muy soleado. Noviembre con mayúsculas. Me gusta que los nombres de los meses se escriban así, con mayusculas. En una terraza, después de que mi amigo tuviera que volver al trabajo me siento a tomar una caña. También leo, el libro del que he hablado en un post anterior, Diario de una adicta a casi todo. Me gusta, aunque no reconozca tantas dependencias como anunca el título. Voy pasando páginas, metiendome en la historia y sorbiendo una cerveza. Luego otra. Basta ya, que no eres ni tan snob ni tan desahogado economico como para tomar tanto alcohol. Me gusta la cerveza cara. Una pena.

     Son las ocho de la tarden y no he hecho nada. Voy a seguir haciéndolo. Llego a casa y simplemente me descalzo y tiro en el sofá a ver lo que me echen por televisión. No me planteo ni siquiera que quiero ver. enciendo y aparece un concurso. Después el telediario y al acabar una llamada. Está la cena. Ceno y sigo sin hacer nada, bueno algo. Pienso que he hecho en todo el día y lo escribo aqui, antes de que lleguen las 12 de la noche y deje un día en blanco en mi blog.

     Saludos a tod@s.

Posted by Purga de mente at 22:58:12 | Permalink | No Comments »