Sunday, November 12, 2006

Domingo de nostalgias

     Hoy he echado de menos a S. He pensado en los días que llevábamos sin hablar. Demasiados. Antes, cuando estábamos menos diastanciados geográficamente podíamos estar más días sin hablar, sin saber el uno del otro. Conocer que estabamos cerca físicamente era casi suficiente, y ante una necesidad de charlar, de vernos, quedabamos, purgábamos nuestras mentes. En una terraza, en un café, frente a unas cañas, o unos copazos una noche cualquiera por semana, con algo que celebrar, o no. En cualquier lugar en cualquier momento, siempre estaba S. Estaba ahi, podiamos vernos, compartirnos. No ha dejado de estar, pero…

     Pero hace un buen puñado de semanas S. se fue. Un trabajo, un buen trabajo. Yo estoy feliz por ello, muy feliz, pero noto que me falta. No me falta exactamente, hace un rato que hemos pasado un montón de minutos al teléfono. Sin embargo nos separan demasiados kilómetros como para poder quedar en el momento que nos aptezca. Podemos quedar, podemos vernos, de hecho seguimos viéndonos, charlando, tomando algo, pero hoy he sentido que echaba de menos a S. Hoy sin saber porqué, ha sido más fuerte. Me falta por la distancia geográfica. Algunas veces he sentido lo mismo con otros amigos y amigas o familiares que viven incluso más lejos que S. pero no es igual. S. es S. y a pesar de que los kilómetros entre ambos son bastantes menos que los que me alejan de otras personas, hecho de menos a S. más que a otros y otras. Les pido perdón. Pero soy sincero. Con algunas personas el teléfono y el correo electrónico me da más de sí que con S. Esto que cuento es algo que siento yo, no se si S. lo siente, y creo que ni siquiera me importa. Lo siento yo, y lo cuento. Aclaro que S. ni es ni ha sido, ni creo que sea mi pareja. S. es compañía, una amistad pura, verdadera y maravillosa.

     Hoy he echado de menos a Don C. Tuvo la mala idea de morirse de golpe y porrazo un lunes de verano, de acostarse a la siesta y no despertar. Todo el mundo dice que es la mejor forma de morirse. Yo a veces pienso que también. He dado un paseo con mi perro por el pueblo y he dado vueltas por su desconchada casa, mirado los helechos campar libremente por la finca, palpado los árboles de pardas hojas y frutas secas sobre las retorcidas ramas, contemplado las destartaladas colmenas casi ocultas. He sentido por primera vez que Don C. no estaba. Ha sido extraño. Ahora mismo sigo pensando que lo volveré a ver.

     Don C. era una persona especial, muy especial, con una profesión especial. Yo no sirvo. Don C. ante todo era una persona excelente. Tenía mil rarezas, otras tantas excentricidades, pero ya no podemos hablar de ellas, además, han quedado eclipsadas por su falta. Son tonterías que no representan ni una brizna negra en su historia blanca. La gota de miel diluida en el océano, que no le confiere dulzor. Nunca vi un entierro con más gente. Todo completamente desbordado más de hora y media antes de la misa. Desde mi agnosticismo-ateismo punteado con demasiadas dudas, ocupé un sitio dentro de la iglesia. Controlé el llanto hasta el final. No pude resistir. No me importa haber llorado por Don C. Estaba allí, en su ataud, dormido. Y mis ojos aun brillan más de lo habitual tecleando estas letras.

     Hecho de menos a algunas personas más, pero hoy han sido estas dos las que han salido del corazón al cerebro, y desde éste hasta este blog a traves de los movimientos orquestados de mis manos. Hoy ha sido un domingo de nostalgias, aunque también ha sido un día muy bueno, de sol de noviembre, buena comida, risas y fin de fiesta frente al ordenador.

     Antes de dar las buenas noches pedir disculpas a quienes lean mis palabras por las patadas al diccionario y demás fallos ortográficos del blog, pero hasta este mismo post he tenido la mala costumbre de no leer lo que escribo hasta que lo he colgado…

     Ahora si, buenas noches a tod@s, y gracias.

Posted by Purga de mente at 22:24:01 | Permalink | No Comments »