El gentilicio y la pintura
¿Cual es el gentilicio de Calatayud? Aprieto un segundo los párpados y contesto. Bilbilitanos. Sonrisas, sorpresas y gente que aseguraba conocer la respuesta pero que no la encontraba. Indico que procede del antiguo asentamiento de Bílbilis. Un nutrido grupo de compañeros y compañeras de trabajo llevaba toda la mañana intentando dar con la respuesta. A saber porqué. No he preguntado. No han tirado de Internet. No tenían enciclopedia a mano. No sabían la respuesta. Por eso he quedado tan de puta madre.
El mismo compañero que me planteó la pregunta comenta que por fin han dado con alguien de letras. Contesto que mi licenciatura es en ciencias, muy de ciencias, con sus matemáticas, su física, su química, su biología y demás. Apelo a los conocimientos generales, la culturilla popular. Sinceramente saberse el gentilicio no me parecía en absoluto un hecho destacable. C. por contra parece que ha descubierto en mi un ser de sabiduría suprema. Me ruborizo con sus comentarios halagadores pronunciados en voz lo suficientemente altos como para que el resto de desconocedores de la palabreja se dieran por enterados de la proeza, que desde luego no es tal.
Llego al coche y cuando estoy arrancando L. pica a la ventana. Me pregunta que si he sido yo quien ha dicho lo de bilbilitanos. Confiesa sin ningún tipo de pudor que al plantearle la pregunta él contestó que no tenía ni idea, que serían calatayuzanos, o calatayucenses, o calatayu… lo que sea. Flipo. Flipo y le espeto que mantenga ocultos sus inconclusos estudios de Derecho y su afición concreta por el Derecho Romano si no quiere que el resto de trabajadores se rían hasta el mismo día de sus jubilaciones del momento. No me ruborizo lo más mínimo metiéndome con L. Él hace tres cuartos de lo mismo con todo el personal. Oculta sus limitaciones entre sarcasmos y bromas de dudoso gusto hacia los demás. Que se me note que no me cae bien.
Un tanto perplejo y otro poco contento llego a la exposición de pintura de C., la madre de G. con quien comparto veinte años de amistad. C. es una artista pictórica local, ha ganado un buen número de premios con sus cuadros. Es una mujer sumamente elegante, de poderío económico y corazón enorme. S. está a la entrada, hemos quedado para ver la muestra. Aunque de lo que más ganas tenemos es de tomarnos algo después.
La exposición me gusta. C. es una excelente pintora. Sin embargo, y aceptando aquello de que la sangre tira, recuerdo la exposición de cuadros de mi madre, también aficionada al lienzo, hecha en la misma sala. Entre odiosas comparaciones decido que aquella fue mejor. S. ha quedado perpleja, fascinada, le encanta lo que acaba de ver. No le menciono ni remotamente que a pesar de ser consciente de que los cuadros son buenos, muy buenos, prefiero los óleos de mi madre. Al menos esos lienzos que algún día colgarán de mi propia casa, son de una temática más variopinta. Mi madre pinta muchas flores, pero también paisajes, marinas, bodegones, personas. C. es puramente paisajista. Campos, campiñas, casas, prados, iglesias, pueblos y estampas siempre con verdes y azules de calidad fabulosa llenan todos los cuadros de la muestra.
Saludamos y felicitamos a C. al salir. Acaba de llegar de su casa. Está a dos minutos. Confiesa que tuvo que escaparse a quitar la ropa, que estaba lloviendo. Los tres nos reímos un buen rato. Nos tiene que dejar y atender a algunas de las personas que andan por allí. La reclaman. S. y yo nos vamos a tomar el café. Tengo que contarle lo de los bilbilitanos. No aguanto más. De eso y de unas cuantas cosas más hemos estado hablando hasta hace un rato, cuando llegué a casa y me puse delante del ordenador a soltar mis palabras.
Un saludo a tod@s.