Un lugar en el mundo
Hoy he llevado a alguien a “mi lugar”. Suena un poco peliculero, pero tengo un lugar favorito. Desde los ocho años. Detrás de casa de mi abuela, al final de la finca. En el fondo del prado con una leve pendiente. Arropado entre alisos y castaños, a la vera del río, con en sonido de sus aguas discurriendo. “Mi lugar”. Por alguna extraña razón que el paso de los años ha hecho que olvidara, escogí hace ya un buen montón de tiempo ese lugar como mío. Me sentía bien allí, en soledad o con A., compartiendo juegos de infancia los fines de semana. Sigo sintiendo algo especial y un poco inexplicable en ese lugar. No lo visito con la frecuencia que debería. Se desatan muchos recuerdos.
Nos besamos hasta quedar casi exhaustos. Es la primera vez que me beso con alguien en “mi lugar”. También es la primera vez que relato cómo y donde está. No se porqué, pero lo estoy haciendo. Tampoco creo que nadie lo encuentre. Tampoco me importa, ni es tan recóndito ni perderá su encanto.
La hojarasca crujía bajo nuestros pies mientras avanzábamos. Quería que descubriera ese sitio maravilloso, y que hasta la fecha únicamente A. y yo conocíamos. Ahora quizás alguien que lea estas letras y que me conozca lo suficiente sepa de que lugar se trata. Ya he dicho que no me importa demasiado. Desconozco el impulso que me ha hecho descubrirlo ante alguien que oficialmente no es mi pareja. Nunca había llevado a ninguna chica o mujer a “mi lugar”.
Al llegar nos miramos, sonreímos, nos tomamos de las manos y confesé. No sólo dije que era mi lugar, y que nunca había llevado a nadie allí. A. lo sabía porque escogimos juntos aquella tarde lejana “nuestros lugares”. Me acompañaba los fines de semana de nuestra infancia, no la llevaba. Nos abrazamos. Primero un tibio beso que se transformó progresivamente en otro de puro deseo, de necesidad fisiológica, de pasión. Un beso para quitar la respiración. Después un abrazo de los que paran el tiempo y alejan el mundo.
Me estoy pillando, cómo si no me conociera. No se si echarme atrás o dejarme llevar. Odio estas situaciones de indecisión. Es cómodo ver como mueve ficha la otra persona. Pero esa otra persona quizás no está dispuesta a moverla. O quizás quiera ver cómo la muevo yo. Sea como fuere tampoco voy a explayarme demasiado en este blog por ese motivo.
Nos fuimos juntos, contentos, riendo, satisfechos, recuperando el aire y la compostura. He llegado a casa y me he entregado a las cuestiones rutinarias que tanto aborrezco. He recordado que no he puesto su inicial en el post en el que hablaba de la gente de mi entorno utilizando iniciales. Lo hice con toda cuenta. Hoy no la pongo. Tampoco quiero. Hay que saber hasta donde se purga la mente. Hasta donde llegan mis palabras.
Buenas noches a tod@s.