Mi familia cubana
Ayer he hablado con mi familia cubana. La familia Almeida, de Matanzas, cerca de Varadero. No se trata de familia directa o real, es mi familia porque les siento así. A mí me hacen sentir también parte de la suya. A la familia Almeida Bravo tuve la gran suerte de conocerla la Semana Santa de 2005. Viajé a Cuba para un Congreso Internacional relacionado con mis estudios. También tuve unos cuantos días para el ocio y las vacaciones.
Llegué a la isla el 16 de Marzo sobre las once de la noche. Un ahora de retraso para la salida desde Barajas. Un vuelo de diez horas, con una entera de turbulencias y baches, y había llegado al Aeropuerto José Martí de La Habana. Calor, calor horrible. A partir de ahí, quince días inolvidables, que no son el objeto de este post. Hoy hablo de mi familia cubana.
Unos cuantos meses antes había descubierto un Congreso muy interesante en la Universidad Pedagógica Juan Marinello, en la región de Matanzas, Cuba. Sopesé pros y contras, hice cálculos económicos y me decidí. A cruzar el Atlántico. Los primeros días transcurrieron en La Habana. C. fue mi guía y ayuda, también andaba en uno de sus ya casi innumerables viajes al país. Superan la veintena. Luego vino Juniel a por mí, el hijo de Ramón, director del Congreso y patriarca de mi familia cubana. Para ellos no utilizo iniciales, no quiero.
Descubrir el término autopista en Cuba es verdaderamente impactante. Un par de horas de viaje y llegué a casa del Dr. Almeida, mi amigo Ramón. Quedé alucinado al ver donde vive un profesor universitario cubano. No tenían teléfono en casa. No sólo eso, sus hijos Junior y Juniel y su nuera Mirela, también son profesores universitarios. Mireia, la mujer de Ramón fue economista hasta su jubilación, a los cincuenta y cinco años. Todos viven juntos en la misma casa, junto a Melissa, hija de Junior y Mirela. La niña de los ojos de Ramón. y dueña de Popi, un hipopótamo de peluche que le llevé desde aquí. En la planta baja de la casa viven los suegros de Ramón. Todos comparten un mismo hogar. Imagínense toda esa gente junta en España, en una casa mucho más que humilde. Todos con trabajos con remuneraciones más que interesantes por este lado del mundo, viven juntos para salir adelante en pleno Caribe.
Ramón Almeida y su familia me hicieron sentir mejor que bien. Amables al extremo, increíblemente cariñosos, amigables y conversadores. Me arroparon e integraron como un miembro más de su familia, porque son así, sin aviesas intenciones, de sentimientos puros. El Congreso fue realmente bueno, no sólo por haberme dado la oportunidad de descubrir las paradisíacas playas de Varadero, también por su nivel científico, claro. Pero de toda la experiencia de aquellas semanas en Cuba guardo especialmente el recuerdo de la despedida, cuando me paseaban en el Chevrolet azul del 53. Ramón me ofreció su enorme mano y me recordó que allí estaban ellos para lo que necesitara, que los sintiera mi familia cubana. Así los siento. Espero que ellos me sientan su familia española.
Ayer he hablado con ellos. En su casa hay teléfono desde hace unos meses. Melissa sigue jugando con Popi. Ramón sigue poseyendo el arte de la palabra y aún participa, ya jubilado, en algunos eventos intelectuales. El resto de la familia Almeida Bravo fuertes saludos y abrazos. Yo también a ellos. A pesar de que no me gusta especialmente volver a lugares en los que ya he estado, con algunas excepciones, como mi afición por Londres, haré lo posible para volver a reunirme con mi familia cubana en cuanto pueda. Son mi familia y mis amigos, merece la pena, aunque luego me digan que soy excesivamente sentimental.
Este post corresponde al día de ayer, Martes 28, pero no pudo ser publicado debido a los trabajos de mantenimiento de la web, por eso queda expuesto hoy. Que les vaya bonito, un abrazo a tod@s.