Monday, November 20, 2006

Amores y desamores

     Hace unos días que vengo notando la sucesión de noticias sentimentales antitéticas alrededor de las personas que conozco. Varias parejas que suponía estables han cesado en su condición. Unas acaban verdaderamente mal, en otras reina una distancia anti-odio y anti-amor bastante sana y eficiente, y alguna puede que acabe de un modo cordial. En ello están.

     Por contra solteros y solteras en algunos casos condición casi tomada como profesional, han sido disparados por Cupido o por Eros, según a que mitología hagamos referencia, y han caído en las redes del amor. Bueno o han encontrado a alguien, quizás así quede mejor definido.

     Amor son sólo cuatro letras que forman una palabra demasiado difícil de describir. Creo que sobretodo por el carácter personal que le conferimos cada uno. Si me refiero a otra palabra, como casa, perro o botella todos podemos definirla con más o menos atino. Pero cuidado con quien se atreva a describir amor. Unos creen en él por encima de todas las cosas. Otros se muestran escépticos y los terceros niegan su existencia. Por eso hablo de encontrar a alguien. Allá como considere cada cual a su pareja. Para unos será amor, para otros sexo y para cualquiera de los infinitos grupos que se pueden formar al respecto, una cosa diferente con salpicaduras de las anteriores.

     Los nuevos solteros se muestran en el abanico de sentimientos que va del encanto a la fatalidad vital, según haya sido parte activa, neutra, indiferente o activa en la ruptura. Los nuevos emparejados sin embargo están en la misma gloria. Rezuman la mayoría de sus actos y expresiones el barniz que te aplica la persona con la que compartes algo sentimental. Pocas son las excepciones de impertérritos y gélidos amantes, aunque existentes.

     El último párrafo de este post al que intento dar una extensión no demasiado larga, se lo dedico a aquellos que han decido casarse. También en este aspecto he tenido noticias recientes de las que obligan a ponerse de gala. Tres bodas. A ellos y ellas, en cuya relación parece haber triunfado el amor, según dirían sus máximos defensores, les deseo toda la suerte del mundo en lo que llega después del matrimonio, en lo que dure su vida en pareja con contrato legal.

     Enamórense y desenamórense si lo creen necesario, si lo necesitan o si pueden y quieren. Mientras tanto, buenas noches a tod@s.

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Sunday, November 19, 2006

Sesión vermouth

     Un Yzaguirre rojo por favor. Céntrico bar de la ciudad. El mismo del que salí escopetado para acompañar a J. a la cena. Doce de la mañana recién sonadas en la iglesia. Beatos dentro, ateos,  pasotas y otras hierbas resarciéndose en los bares. Hacía tiempo que no tomaba el vermouth con aderezo de ginebra en compañía de G. y P. Ellos se quejan mirando a la mesa. Yo simplemente asiento y sorbo del vaso. Hablemos de lo que hablemos siempre hay un punto de angustia vital y hartazgo por su parte. Yo paso. No soy tan negativo, o al menos lo disimulo mejor.

     Redirijo la conversación a temas más vanales con una habilidad que verdaderamente me sorprende. Analizado en frío, llego a pensar que tengo poder de persuasión, aunque a veces vuelvan a caer en el pozo de las desgracias. Esta mañana no ha sido así. Saco unas almendras de una maquinucha que hay en el local. Hablamos un poco de todo, trabajos, estudios, recuerdos de infancia, ligues, sexo, viajes, terceras personas, deseos y pasado. Trato de no hablar de futuro para que no decaiga el ambiente. Las almendras se acaban. La gula no. Más almendras, avellanas y unas aceitunas. Seguimos a lo nuestro esta mañana. Vermouth charla y picoteo.

     A veces recaemos tanto en recuerdos pasados que podría comparársenos con los jubiletas mirones de obras que recorren las calles y pueblan los bares. No me importa demasiado. Son muchos los momentos que hemos compartido, muchas las cosas hechas, mucho el camino andado. Veinte años de amistad con G. y catorce con P. Lo cierto es que ocurra lo que ocurra, me siento bien en su compañía, y por más que podamos quejarnos los unos de los otros y escupírnoslo a la cara disparando a bocajarro, hemos formado un pequeño grupo muy bien avenido que se reúne con menos asiduidad de la que nos gustaría, pero cada vez con más ganas.

     Tres licenciados al menos empleados. Bonita rima, extraña realidad. Tenemos ideas políticas dispares, G. y yo contra P. De familias diferentes, me ganan con mucho en nivel económico. Un par de negativos y pesimistas contra mí. Dos muy altos y uno que no llega al metro setenta. Obvio las iniciales por decoro. Los ojos azul intenso de G. y el pardo oscuro de P. y mío. La zurdez de G. y nuestras diestras firmando servilletas. Tantas cosas, tantos momentos. G., P. y yo.  A fin de cuentas, tres buenos amigos.

     Hoy por fin llega la brevedad a mis palabras. Que les vaya bonito.

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Saturday, November 18, 2006

La cena de anoche

     Ayer salí a cenar. Poca novedad, suelo hacerlo con la máxima frecuencia que deja mi economía. Esta vez sin embargo, no me iba a costar nada. Como en el anuncio del supermercado. No me cuesta nada de nada. Nada de verdad. A las siete de la tarde salgo corriendo del bar donde tomaba algo tranquilamente para recomponerme en los cuarenta y cinco minutos de los que disponía hasta que J. viniera a buscarme.

     Afortunadamente todo mi atuendo de anoche se encontraba en perfecto estado de limpieza y planchado, algo que agradecí verdaderamente. No se que hubiera podido hacer en una cena que se me antojaba de mucho postín de no haber sido así. El pelo. Mierda, debería de haberlo cortado. Voy con el tiempo pisándome los talones, no estoy para esas cosas. Me miro al espejo y hago lo que puedo con ayuda de la gomina, el peine y un secador. Mi nivel de convicción es escaso, pero J. toca la bocina y tengo que salir pitando. He dejado cargando la batería de la cámara un rato, la cojo. Los kleenex y un peine por si las moscas. Me perfumo, llevo conmigo un dosificador de colonia y salgo. J. ya está esperándome en su coche nuevo. Nos vamos. Comienza la noche.

     Aparcar en esa zona de la ciudad es una verdadera odisea. Solución, parking. Queda a una buena distancia del hotelazo en el que se celebra el homenaje. En el coche hemos comentado lo bien que nos sientan nuestras vestimentas y cuan bien olemos. Si llega a subirse una tercera persona supongo que hubiéramos acabado devolviendo ante tanta conjugación de esencias. Éramos dos. J. y pareja según las invitaciones. Subimos caminando el no tan corto trayecto entre algunas miradas disimuladas y otras de intenso cotilleo desde el parking al lugar de la cena. Destaco que fueron varias las personas conocidas que nos vieron a J. y a mí caminar por las calles de la ciudad y nos preguntaron a donde nos dirigíamos con semejantes atuendos. Están faltos de costumbre de vernos elegantes. La entrada al hall previa petición de invitaciones fue la primera impresión de lujo de la noche.

     Un paseo de trajeados y serviciales camareros portando copas de cócteles, vinos, champanes y aperitivos serpenteaba entre los grupillos de personas que se reunían en la salita previa al salón en el que después cenaríamos. La persona homenajeada no me es en absoluto extraña, si bien no me había invitado directamente deslizándome una de las invitaciones a la cena, sí lo había hecho previa llegada a casa de un enorme tarjetón anunciado tal evento. Pasando por caja, claro. No estaba la economía para grandes displicencias. El homenajeado es un amigo de la familia de los que podemos definir “de toda la vida”. Se le dedicaba el acto por su retirada de la carrera deportiva profesional.

      Nada más entrar en el hotel nos unimos a un grupo de conocidos que ya habían llegado. me hizo ilusión que estuvieran allí esos amigos y amigas. Cayó el primer cóctel de la noche. No tengo ni idea de cuales eran sus ingredientes. No me importó, tomé otro par más mientras esperábamos la llegada de los demás. Llegar en primer lugar e irse en último es de lo que mejor se me da. Sobretodo en actos en los que la entrada supone un desembolso de un buen montón de euros por una cena. No me costaba nada, pero los demás no tienen que saberlo, además, así no pierdo la costumbre de amortizar el gasto.

     Saludamos al homenajeado, a su familia y al resto de amigos. Por la escena deambulaban señoras con sus mejores galas y caballeros con corbatas acertadas o no, algún fashion victim y personajes populares regionales e incluso famosos nacionales. Famoso de verdad, por su profesión bien hecha. Después de una espera distendida de charla con unas cuantas personas del casi par de centenares que nos encontrábamos en aquella sala beige de ricos mármoles y granitos, fuimos entrando al salón propiamente dicho. A cenar, que iba siendo hora. Los canapés previos me habían abierto el apetito.

     Nos colocamos en mesas redondas, buscando el cartelito que ponía nuestros nombres. Mi cartel decía “Pareja de J.” Me resultó simpático. No sé si a su verdadera pareja le hubiera gustado tanto. No que yo fuera su pareja de esa noche, eso aseguro que le da igual, lo sabía, me propuso a mi para sustituirle. El hecho de que fuera solo “Pareja de J.”, sin su nombre en el cartelito. Compartimos mesa con otras ocho personas, cinco de ellas amigos y amigas, los otros tres no tardaron ni un segundo en abrirse al grupo. Un famoso empresario local, su esposa de risa fácil y conversación agradable, y un intelectual de familia bien.

     La cena fue simplemente genial, un menú verdaderamente genial, de gran lujo que no desgloso por educación. Se disiparon nuestros miedos a una cena tremendamente frugal de cocina de autor que nos hiciera salir con cara de hambre del evento. No hecho por tierra la labor de los grandes cocineros, jamás dudaré de su valía. Lo único que destaco es la pequeñez de sus estómagos y lo abultado de sus precios. Pero no fue así. La cena regada con unos vinos carísimos y estupendos según los conocimientos enológicos de uno de nuestros amigos, fue sobradamente abundante. La localización genial, un salón amplio, luminoso, perfumado, con música ambiental y rezumando lujo por cada rincón.

     Al acabar la velada se emite un video recordando desde los inicios hasta el fin, pasando por los momentos estrella, de la carrera deportiva del homenajeado. Después entrega de un buen montón de condecoraciones varias. Más de veinte. Aplauso va, aplauso viene. Champán va, champán viene, para tomar energías para tanto palmeo de manos. Por último los discursos de las autoridades locales políticas y deportivas. Yo más aplausos, y más champán, claro. Por último el discurso del homenajeado. Precioso, con su punto justo de emotividad y la que para mi fue la sorpresa de la noche.

     Hizo levantarse a J. de mi lado y subir al estrado para darle unos regalos personales, por su amistad y la ayuda en ciertos momentos de su carrera profesional. J. con su sangre de horchata puso cara de alucine. Sin embargo subió al escenario y mantuvo una sonrisa perfecta delante de las cámaras que grababan el acto y los flashes de prensa que lo inmortalizaban. A mi, culpa quizás de los cócteles, los vinos, el chupito y los champanes se me depositó una cantidad de agua sobre los ojos por encima de lo normal, pero que no salieron de los mismos pómulos abajo, al ver a J. en el escenario. Yo que me creo valiente había sido transfundido por la horchata sanguínea de J. sin haberlo notado. J. me había robado parte de mi sangre fría para ese momento y tampoco me había dado cuenta.

     La velada, como no podía ser menos acabó a eso de la una y media de la mañana con todo el mundo en pie aplaudiendo con toda la fuerza posible al protagonista de la noche, y la despedida, previo abrazo y fotos finales, para irnos al bar de copas en el que la noche se prolongó para muchos de los allí presentes, como J. y yo, un buen trozo más.

     Fue a fin de cuentas el de ayer un buen día que acabó en este evento de gala, lujoso y emotivo que describo con todo este montón de palabras (Hoy me he pasado), que quien quiera puede leer. Saludos y gracias a tod@s.

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Café y bizcocho

     Ayer he conocido a Gonzalo Suárez. En persona claro. Es un señor estupendo, de lo mejor, de charla afable y paciente. Estos días está rodando escenas de su nueva película en la ciudad. Yo casualmente estoy leyendo su libro El hombre que soñaba demasiado. Digo casualmente porque estoy leyéndolo no porque él se encuentre por estos lares. Quizás el subconsciente haya jugado un papel importante a la hora de que escogiera de los miles de volúmenes de la biblioteca pública este libro autobiográfico. Eso no lo pongo en duda. Ya había leído antes, y visto en el periódico que filmaría parte, no se si toda, su nueva película por aquí. El libro está bien, me gusta, aunque a veces cueste seguir ciertos pasajes un tanto retorizados.

      Bajaba caminando por las calles del centro, libro en mano, cuando me pareció ver un grupo de gente reunido un tanto abundante para la hora y el lugar. Pronto tomé cuenta de que en aquel cruce había un camión con un nombre pintado el los laterales de la caja con alusiones cinéfilas. Los carritos de catering portátil, con leche y café en enormes aparatos, y las mesas sobre las que se depositaban pastas, bizcocho y algunos alimentos más de un tentempié típico. El semáforo estaba en rojo y por eso pude ir apreciando poco a poco todo. La policía presente controlando, unas cámaras, cables, muchos cables, y la famosa joyería de la esquina con las puertas abiertas de par en par. el semáforo se pone en verde y frunzo en ceño al cruzar. Creo haber visto a Gonzalo Suárez entre la muchedumbre al otro lado del paso de cebra, pegado a la entrada de la joyería. Al llegar al otro lado me topo con la realidad. Allí estaba el director y escritor con su barba blanca y su expresión bonachona.    

     La gente que me conoce sabe perfectamente que la timidez no es una característica definitoria de mi personalidad. Zigzagueo entre todos y llego directamente al lado de Don Gonzalo. Lo he llamado así al darle la mano y decirle que estaba leyendo su libro. He dicho que me gustaba porque es cierto. Se lo muestro, mientras aprieta mi mano con gesto de sorpresa y creo que agrado. Me agradece que lo esté leyendo y esboza una sonrisa entre su prominente barba blanca mientras creo que se siente un poco asombrado. A mi me pasa lo mismo, la casualidad es mucha. y en este caso gustosa.

     Me comenta que es un libro difícil, hablar de uno mismo no es precisamente sencillo. Me imagino que eso es cierto. Abrirse en canal ante la opinión publica sin ser un famoso egocéntrico, tiene cuanto menos que dar repelus. Propone firmarme el libro. Dudo. Es de la biblioteca. Sigo dudando cuando le digo que precisamente es de la biblioteca. Me dice que no lo devuelva con media sonrisa. Me lo estoy pensando. Al final firma. Firma y dedica. Le hablo del pasaje de la Marquesa, Severina, el que leo en estos mismos momentos. Curioso personaje puntualiza, mientras pasa la mano por mi espalda ofreciéndome un café y un bizcocho, como el resto de los figurantes a la hora del descanso. No lo dudo y acepto. Me tomo el café con leche y bizcocho entre sonrisas extrañadas y cómplices de figurantes y pululantes que miran tanto o más al libro que a mismo.

     Acabo y respondo con sonrisas a las que recibo de tantas otras personas. Desconozco si alguna se encuentra en la misma casualidad que yo. Vuelvo a acercarme a Gonzalo Suárez. Me da las gracias. No veo porqué y se lo digo. Las gracias se las doy yo a él. Le ofrezco la mano para despedirme y me la aprieta, fuerte, sereno, con gesto amable. Me pone su otra mano sobre el codo y me ofrece una sonrisa boachona a la que respondo con otra de igual calibre. Me voy, y sigo bajando por las calles del centro de la ciudad. Pienso en lo que son las casualidades de la vida.

     Este post debería de haberlo colgado anoche. Fue totalmente imposible. A las siete de la tarde estaba tomando algo en un bar. Recibo una llamada de J. Se ha quedado sin pareja para la cena de gala homenaje a una persona conocida. Fiebre y gripe incipiente con reposo en la cama son los motivos. Ponte un traje y unos zapatos de vestir. Hago caso sin dudar y huyo en espantada del bar para recomponerme en los cuarenta y cinco minutos que me quedan. A J. no puedo fallarle. Además ya tengo algo que contar para el nuevo post. Saludos a tod@s.

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Thursday, November 16, 2006

Postales

     Hoy he recibido una postal. Colecciono postales. Postales escritas a poder ser. Pido sin ningún tipo de pudor a cualquier amigo, amiga, familiar, e incluso conocido si llega el caso una postal desde el lugar al que vayan. Algunas personas ya saben de sobra de esta afición mía, y sin que yo lo espere un buen día aparece una postal por casa. La de hoy es un buen ejemplo.

     Me han escrito D. desde Nueva York, a donde acudió a un congreso en el Hilton. Casi nada. D. tiene celiaquia y dedica sus investigaciones doctorales a la genética de la enfermedad. Era su ilusión, la meta que ansiaba. Lo ha logrado. Lo merece. Felicidades, eres una persona de lo mejor. No es la primera postal que tengo de la ciudad, Y. me envió una con la imagen del Empire State Building. La de hoy es súmamente original. Una exposición en el MOMA, que parece ser genial. No pone New York por ningún lado. Diferente, me gusta.

     Tengo un buen montón de postales. Supero el centenar, de más de una veintena de paises de cuatro contienentes. Si alguien va a Oceanía, que no se olvide de mí. No es una colección de Guinness, pero está muy bien. Tampoco llevo demasiado tiempo coleccionandolas. Unos pocos años. España es el país de procedencia de muchas de ellas. Destaco una enviada por V. desde Ibiza, de curiosa forma redonda. Del Reino Unido tengo un buen puñado. Más de una también de Francia, Italia, Grecia, Finlandia, México, República Domincana, Cuba y Canadá, desde donde C. me envió la más grande de todas. Una foto en formato paisaje, enorme, muy bonita. C. tiene afición al trópico y me envió también varias postales desde diversos destinos caribeños. La más lejana de todas llegó desde Kyoto, Japón. Otra que recorrió una buena distancia vino de Punta Arenas, en Chile. Éxótica es la de las Islas Caimán y la de la Laponia finesa. Eróticas las de Benidorm, de parte de I. Sentimentales las que llegan por mi cumpleaños desde diversos paises.

     Cuando viajo también compro postales. Prefiero las que me envían, las escritas, pero a falta de pan buenas son tortas. Alguna vez he pensado en autoescribirme… No lo he hecho. No lo descarto. Yo mismo he traido de Grecia, de Cuba, de Italia y de algunos otros paises de los que me imagino que hablaré en otros posts, sin ánimo de hacer saber al personal que lugares conozco y cuales desonozco. Sólo comentando cuales han sido esos lugares.

     Por hoy ya es suficiente, podría escribir muchas más palabras, purgar mucho más mi mente, pero creo que va siendo hora de un post ligero y de rápida lectura. Buenas noches a tod@s

    

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Wednesday, November 15, 2006

El bus sin blues

     Hoy ha sido un día de mucho transporte público. De bus urbano concretamente. He visto a una mujer que me ha impactado mucho, y ello me ha hecho pensar en todas las personas, unas anónimas para mí, y otras no tanto, que he visto y sigo viendo en tantos años, tantos viajes y tantos kilómetros subiendo y bajando la ciudad. Por eso desgloso en estas líneas parte de lo que he visto y recuerdo de esos momentos de vaivén, unas veces en soledad, deseada u obligada y otras en compañía de personas cercacanas o de música, libros o simples cabezadas de cansancio.

     La mujer que me impactó esta mañana lo hizo por su labio inferior y su lengua. Muy hichados, morados, tumefactos. Dificil no mirar, al menos de reojo. No es una imagen agradable. La señora rondaría los cuarenta y tantos. Unos la miraban con descaro, otros más inmersos en su mundo interior ni siquiera abrian los ojos, otros al descubrirla cambiaban el gesto y miraban con más atención o desviaban sus ojos con gesto desagradable. Primero intuí y luego supe feacientemente que la pobre mujer padecía un cancer. Lo abultado, prominente, desbordado de la zona. Hablaba con una dificultad que resultaba angustiosa ante las preguntas de su acompañante casual, una mujer mayor, de pelo blanco violáceo y supongo conocida o vecina. Le preguntó si venía de darse la radio o quimiterapia, no puse la oreja tanto, y que tal estaba. Me sorprendió que la mujer no llevara vendada la zona. Le deseo una pronta y total recuperación.

     No todas las personas que uno se encuentra en estos lares son peculiares por desgracias. En esta misma línea de autobus vi los ojos mas bellos que haya visto jamás en persona. Incluso superiores a los verde puro y claro de mi madre. Eran unos ojos azules, azul increible, garzo que diría Clarín. Brillaban como nunca he visto brillar unos ojos. Miraban vívamente a todos lados. Eran grandes, muy grandes para la cara que ocupaban. Una mujer joven, muy joven, quizás 18 o 20 años. No más.  Estuve a punto de posarme en su misma parada, hipnotizado por semejante azul, para evitar el síndrome de abstiencia que me provocaría su ausencia. Guapa era un montón. Pero sus ojos… sus ojos son los ojos…

     A partir de estas fechas los autobuses se llenarán de señoronas cubiertas de pieles y olor a naftalina y perfume mareante. Viajaré más en coche, o en tren. Sentadas a tu lado sientes que te ataca una manada de visones, zorros astracanes y hasta conejos que han pasado en el armario demasiado tiempo, y que para su salida se han bañado en un perfume dulce y rancio que sólo es capaz de hacerte fruncir la nariz. Con gran desgana recuerdo a una señora de quien llegué a pensar que se sentaba a mi lado a posta. Aunque el bus estuviera medio vacio, o vacio del todo, ella y su visón marrón alcanforado se sentaban a mi lado, arrinconándome contra el cristal mientras mis pituitarias gritaban aguerridas por semejante atentado en forma de colonia indescriptible.

     Los borrachos son otros personajes no tan extraños en ese lugar al que la cación le dedicó un blues. Los he visto entrar a escondidas por las puertas de salida, cartón de vino en mano y zarandeandose con un equilibrio apenas existente pero eficaz. La uva mal tomada puede ser muy pero que muy mala. Un caso que puedo narrar es el de joven ebrio que habiéndose pasado de parada, al despertar se puso a gritar como un loco preguntándose donde estaba. El chofer paró casi de inmediato y le ubicó de momento. Estas en la calle, bajate ya, apostilló. Se bajó, y se quedó observado por montones de ojos en la acera, gruñendo y vilipendiando ya sabemos a quien.

     Uno de los grupos con los que más me divierto, por su desparpajo y capacidad de escandalizar al personal son los chavales. Término un tanto ambiguo con el que pretendo describir a los actuales estudiantes de ESO, ese rango de edad aproximado es un chaval. Recuerdo en este momento a dos alumnas de un colegio concertado muy conocido de la ciudad, comentando su jugada de fin de semana. Iban a decir en casa que la una que se iba a casa de la otra y viceversa. Que mentira de libro. La realidad bien sabida era una fuga a la disco de moda, el estreno de un tanga y la puesta de la raya en el ojo. Medio bus escandalizaba y el otro medio sosteníamos la risa como podíamos.  - Tía es que mi madre es una antigua, me tuve que comprar el tanga a escondidas y robarle el rimmel a mi hermana. Por cierto, vaya bueno que está el camarero de… Si me pillo el punto le entro -. No usaré frase tópicas en este punto.

     Por último y para no alargar como de costumbre, demasiado estas palabras hablar de los ausentes. Son los y las que van con su libro, su mp3, i-pod o cd ensimismados en su mundo. Algunos como el chico de melena que siempre estaba en el bus cuando yo entraba, llevan a tal volumen lo que escuchan que eclipsan las conversaciones de los demas entre nota y nota de su chunda-chunda musical.

     Aqui aparecen algunas de las personas cuya presencia en un autobus urbano han hecho que me fijara en ellos, no conozco si ha habido reciprociad, y que han dado vida al post de hoy. Seguro que la gente que lea estas palabras conoce a muchos más. Recuerdenlos. Buenas noches.

     Saludos a tod@s.

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Tuesday, November 14, 2006

Una historia no tan extraña

     Su nombre sabe a yerba, no necesita bañarse en agua bendita, mi niñez sigue jugando en su playa,  y está sentada en el andén meneando el abanico, esperando para subir la cuesta, que arriba mi calle se vistió de fiesta, allí, oirá sencillas y tiernas palabras de amor… Gracias Serrat por dejarme describirla.

     Al caminar el viento mece su pelo negro, leves latigazos de sus mechones color carbón golpean su cuello. El vestido juega vaporoso. Los ojos verde mar, hipnóticos. Las piernas suaves caminan por las pedregosas callejuelas que pisa con armónica cadencia. El cuerpo entero evoca la perfección de la carne. Se gusta. Se quiere. Al resto de hombres les pasa lo mismo al verla. Además la desean. Sus dedos largos y finos acarician las perlas del collar, deslizándose entre ellos cual cuentas de un rosario que impúdico resbala entre el canal de sus pechos. Juega a desaparecer escote abajo.

     Odiada y querida por igual. Lo más parecido a la mujer perfecta. Cuerpo perfecto. Vida tapada. No la voy a descubrir. No la conozco, aunque como tanta gente en el pueblo mataría por un segundo de su atención. Llega a su trabajo con los cinco minutos de retraso que necesita para que las calles la vean, sientan su presencia, se impregnen de su aroma natural a fruta fresca, a jazmines y claveles, a perfume de hombre de una noche según las envidias.

     La mujer diez ha dejado de ser Bo Derek, al menos en el pueblo. La mujer que sale del mar cual Ursula Andrews o  Halle Berry y posa mojada a lo Anita Ekberg, vive al final de la calle, cerca de la Plaza Mayor, y camina al trabajo. Abre su negocio. Los ojos de los viandantes se clavan como afilados e hiriéntes cuchillos sobre su cuerpo al agacharse para subir la persiana metálica. Un hombre mira con especial brillo en los ojos. La mujer para la que siempre es verano no lo nota, no lo sabe, pero hoy la contemplan unos ojos pardos que reflejan malos sentimientos.

     Los dientes blancos y grandes como teclas de piano aparecen tras el mostrador, rodeados de unos labios carmín metálico, gruesos, seductores, de puro pecado, de eterno deseo. El hombre de los ojos encendidos con el color de la ira irrumpe con brusquedad en el comercio. Grita la palabra por excelencia del vilipendio a la mujer. Puta. Saca la pistola y dispara a bocajarro sobre su pecho. El collar se rompe, el vestido se quema, el cuerpo se perfora por el metal. Retrocede, se estampa contra la pared. Brota la sangre, los ojos se giran al cielo. La boca expele la última bocanada de vida. Cae muerta deslizándose pared abajo. Y él, él se queda allí, contemplando la escena con un jadeo nervioso por respiración. Y ella yace muerta.

     Hágan mil cábalas sobre lo sucecido. Un desamor, una traición, una venganza, un abandono… Lo que sea, no importa. Importa que una mujer ha muerto sin saber porqué. Importa una barbarie cometida con o sin motivo. Motivo para una riña, una charla. Nunca hay motivo para una muerte. Para ella la vida se acabó injustamente. No pensemos más en motivos. No nos lamentemos tontamente. Sólo hagamos algo para que estas cosas dejen de pasar.

     Para todas las mujeres que sufren malos tratos.

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Monday, November 13, 2006

Algunas iniciales…

     Ayer hablé por primera vez con iniciales. Solía detestar, o al menos no me gustaba nada la gente que las utilizaba en sus crónicas. Sigue sin gustarme. Visto desde el otro lado, sin embargo tiene su punto. Yo sé quien se esconde detras de cada letra mayúscula acompañada de un punto, y eso como he dicho da un gusto especial. Espero no volver a nadie que me conozca loco o loca descifando la inicial. Además, ellos y ellas, mis familiares, mis amigos y mis amigas, seguramente se reconozcan en estas letras, y quizás les haga ilusión. Seré fiel a la amistad y aseguro que no voy a tener ninguna maldad. No podria tenerla con la gente de la que hablaré en estos párrafos, porque compartimos amistad.

     S. la primera incial. Acerca de S. hablé ayer, domingo de nostalgia. Hoy lunes sigue faltandome geográficamente hablando, sin embargo vernos en unas fotos de una fiesta me ha arrancado una risa y destapado momentos buenos. Tirando del hilo que compone la madeja de los buenos momentos con amigos y amigas, apareció una foto de A. Estabamos juntos en el pueblo, en una silla de madera pintada de negro. A. es una mujer triunfadora. Todo un ejemplo. A. va a llegar lejos, muy lejos. Es la persona, y digo persona, que no mujer, más inteligente que conozco, y lo mismo que yo adora la buena fiesta. De A. seguro q hablaré en muchas más ocasiones. Nuestra amistad lo merece.

     Rememorando la vida sentimental de A. aparece C. No hace mucho que conozco a C. y sin embargo esa mujer y yo hemos compartido muchas horas de diálogo. Un montón de horas acompañadas de buenas cervezas en el mismo lugar. Un buen montón de horas a través del MSN, que aporta una desinhibición importante a la hora de abordar ciertos temas. Me gusta hablar con C. se sentimientos, es tan joven y dependiente que me hace sentir bien cuando me pide que le abra los ojos. Lo hago, y muchas veces disparando a bocajarro sobre su mundo afectivo. C. tiene historias sentimentales con O, A y J. Sólamente conozco a O. en persona, pero tengo bastante información de los tres. J. está enamorado de C. de una forma no recíproca. Fin de la historia al minuto de haber empezado. Con O. no lo tengo muy claro, pero le he dicho a C. que no mendigue su cariño, no le merece la pena. Apostaria algo porque no llegará nada. Y O., pues es su gran y verdadero amor. Lo sabe ella y lo sabe él, pese a las confabulaciones judeomasónicas que hay en las mentes de uno y otra. Si no acaban juntos, que es verdaderamente posible, no será porque no se quieran ni esten hechos la una para el otro. Dichosa confabulación…

     G. es mi amigo desde Septiembre de 1986. Amistad sin el más mínimo resquebrajamiento. Amistad buena. A los 6 años jugábamos con M. en el recreo del colegio. Éramos tres personajes intercambiables, el constructor de un coche mágico y estupendo, el propio coche y el ladrón de las piezas del susodicho automovil. Menudas carreras por el patio. Sudando en el gélido Diciembre de 1986. Ahora G. y yo hacemos viajes de placer a Londres, a gastar dinero a manos llenas y quejarme después de lo que mengua mi cuenta bancaria. G. y yo somos radicalmente diferentes, la extroversión y la introversión básicamente, y sin embargo me parece que componemos el yin y el yang perfecto de la amistad. P. es tremendamente peculiar. Muy inteligente y tan amante de la juerga como yo. Quejica y pesadumbroso, angustiado por las notas en tiempos de estudiante, tiene hoy una vida que incluye una temporada en un país europeo, una carrera que todo padre desea para su hijo varón y un trabajo verdaderamente interesante y bien pagado de verdad.

     B. me llama cielo, amor, vida… y todas esas cosas maravillosas que simplemente me derriten. Asegura que me adora y el día que yo deje de hacerlo mereceré algo malo, muy malo. I. es hasta ahora la única persona que conoce la existencia de este blog dicho por mi boca. Mi pequeña gran amiga. B. es la primera persona que conocí al llegar a la facultad. Cinco minutos tarde. A ella le dediqué mi primer e inédito libro. Lo merecía y lo sigue mereciendo. En la M. me cogen varias personas, incluso dentro de este grupo. Una que me llama por un diminutivo que me encanta. Otra que comparte mi efervesfencia emocional. L. ha madurado tanto que parece otra, a pasado de flor a fruta, pero conserva sus esencias en sus frases míticas y amores lejanos.

     Ahora mismo estoy chateando con L. Una mujer con una risa estupenda y contagiosa repleta de incertidumbres vitales tan similares a las mías. Cosas de la profesión. Bueno de los estudios, porque lo que es profesión… Suerte L. En este conjunto de iniciales de amigos y amigas tocan ahora los comentarios de I. a quien puedo calificar de incalificable. Amigo fiel, loco, impactante, odiado y adorado por igual, irrepetible, un amigo. P. la inteligencia, la constancia y el trabajo bien hecho. C. la mujer de caracter cuatro días mayor que yo. K. que no es K, sino S. pero para todo el mundo K., la tranquilidad, la falta de prisa, y las frases que hacen subir el pan.

     Hay muchas iniciales más a las que nombrar. hoy han sido algunos amigos y amigas, otro día serán otros y otras. Posts posteriores para la familia, a quien tanto les debo. Quizás haya alguno de los amorios, o no… Hoy dejo de escribir aqui, para no alargar demasiado lo escrito, y para que quienes puedan leer esto y no encontrarse me repirman por ello. Así sabré que son mis amigos, y veré que puedo hacer para que protagonicen un relato.

     Buenas noches a tod@s.

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Sunday, November 12, 2006

Domingo de nostalgias

     Hoy he echado de menos a S. He pensado en los días que llevábamos sin hablar. Demasiados. Antes, cuando estábamos menos diastanciados geográficamente podíamos estar más días sin hablar, sin saber el uno del otro. Conocer que estabamos cerca físicamente era casi suficiente, y ante una necesidad de charlar, de vernos, quedabamos, purgábamos nuestras mentes. En una terraza, en un café, frente a unas cañas, o unos copazos una noche cualquiera por semana, con algo que celebrar, o no. En cualquier lugar en cualquier momento, siempre estaba S. Estaba ahi, podiamos vernos, compartirnos. No ha dejado de estar, pero…

     Pero hace un buen puñado de semanas S. se fue. Un trabajo, un buen trabajo. Yo estoy feliz por ello, muy feliz, pero noto que me falta. No me falta exactamente, hace un rato que hemos pasado un montón de minutos al teléfono. Sin embargo nos separan demasiados kilómetros como para poder quedar en el momento que nos aptezca. Podemos quedar, podemos vernos, de hecho seguimos viéndonos, charlando, tomando algo, pero hoy he sentido que echaba de menos a S. Hoy sin saber porqué, ha sido más fuerte. Me falta por la distancia geográfica. Algunas veces he sentido lo mismo con otros amigos y amigas o familiares que viven incluso más lejos que S. pero no es igual. S. es S. y a pesar de que los kilómetros entre ambos son bastantes menos que los que me alejan de otras personas, hecho de menos a S. más que a otros y otras. Les pido perdón. Pero soy sincero. Con algunas personas el teléfono y el correo electrónico me da más de sí que con S. Esto que cuento es algo que siento yo, no se si S. lo siente, y creo que ni siquiera me importa. Lo siento yo, y lo cuento. Aclaro que S. ni es ni ha sido, ni creo que sea mi pareja. S. es compañía, una amistad pura, verdadera y maravillosa.

     Hoy he echado de menos a Don C. Tuvo la mala idea de morirse de golpe y porrazo un lunes de verano, de acostarse a la siesta y no despertar. Todo el mundo dice que es la mejor forma de morirse. Yo a veces pienso que también. He dado un paseo con mi perro por el pueblo y he dado vueltas por su desconchada casa, mirado los helechos campar libremente por la finca, palpado los árboles de pardas hojas y frutas secas sobre las retorcidas ramas, contemplado las destartaladas colmenas casi ocultas. He sentido por primera vez que Don C. no estaba. Ha sido extraño. Ahora mismo sigo pensando que lo volveré a ver.

     Don C. era una persona especial, muy especial, con una profesión especial. Yo no sirvo. Don C. ante todo era una persona excelente. Tenía mil rarezas, otras tantas excentricidades, pero ya no podemos hablar de ellas, además, han quedado eclipsadas por su falta. Son tonterías que no representan ni una brizna negra en su historia blanca. La gota de miel diluida en el océano, que no le confiere dulzor. Nunca vi un entierro con más gente. Todo completamente desbordado más de hora y media antes de la misa. Desde mi agnosticismo-ateismo punteado con demasiadas dudas, ocupé un sitio dentro de la iglesia. Controlé el llanto hasta el final. No pude resistir. No me importa haber llorado por Don C. Estaba allí, en su ataud, dormido. Y mis ojos aun brillan más de lo habitual tecleando estas letras.

     Hecho de menos a algunas personas más, pero hoy han sido estas dos las que han salido del corazón al cerebro, y desde éste hasta este blog a traves de los movimientos orquestados de mis manos. Hoy ha sido un domingo de nostalgias, aunque también ha sido un día muy bueno, de sol de noviembre, buena comida, risas y fin de fiesta frente al ordenador.

     Antes de dar las buenas noches pedir disculpas a quienes lean mis palabras por las patadas al diccionario y demás fallos ortográficos del blog, pero hasta este mismo post he tenido la mala costumbre de no leer lo que escribo hasta que lo he colgado…

     Ahora si, buenas noches a tod@s, y gracias.

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Saturday, November 11, 2006

Peripecias en la compra

     El cumpleaños de mi hermano se acerca vertiginosamente. Como de costumbre llevo unos cuantos días pensando en un regalo que le guste. Se me ocurren miles que detestaría, pero pocos, o más bien ninguno, que le gusten y no le haya regalado con anterioridad. Busco ideas, en internet, en los escaparates, mirandole a los ojos, a ver si me suelta de una vez que quiere, pero nada, nada de nada, no encuentro la inspiración. Ya me veo yendo a las carreras la tarde antes o la misma mañana del día de su cumpleaños a por el frasco de colonia, el boxer o cualquier otra cosa de la que disponga El Corte Inglés y que pueda comprar rápidamente sin ser un atentado para mi economía. Algo que suele pasarme. Pero esta vez no, por fin esta vez no. He decidido que comprarle. No voy a ser original, ya le he regalado esto unas cuantas veces más, pero aún así, no me he decidido en el último instante ni corro a El Corte Inglés. Creo que voy progresando.

     Voy a comprarle una camiseta. Parece fácil. Nada más lejos de la realidad. Le he regalado algunas que ha puesto hasta que han quedado raidas y otras que lucen el color del primer día cogiendo polvo dentro del armario. A ver que ocurre con ésta. ¿Que es lo primero que se me ocurre? E-Bay. Hace tiempo que recurro a las subastas de internet para comprar algunas cosas, en general cosas sin importancia, sin demasiado valor. Por si las moscas. Fiar me fio, nunca me han fallado, claro que yo tampoco, tengo el 100% de votos positivos. Miro y miro camisetas. Hay miles, y cuando digo miles, son miles de verdad. Pueden mirarlo ustedes mismos. Tengo que ir pensando en una marca… D&G es mi primer objetivo. No sé muy bien porqué. Se lo achaco a las ganas de derroche que me han entrado de modo repentino y gracias a las cuales mi hermano tiene unas cuantas prendas de algunas de las más prestigiosas marcas, destacando por encima de ellas Armani.

     Muchas de las camisetas son falsas. Falsas y hasta falsisimas. Estoy en ataque consumista y no me da la gana de comprarle una imitación. Con lo increiblemente tacaño que soy para otras cosas, y sin ser en absoluto presumido ni Fashion Victim, hoy estoy derrochador. luego me quejo de que no tengo un duro. Otras cuantas no traen las medidas, y cuando descubro las medidas de hombros, axilas y longitud de las camisetas de la talla L alucino. Minusculas. Vergonzosamente minúsculas. Insultantemente minúsculas. No estoy buscando una camiseta ceñida, sini una camiseta normal, aunque con semejantes medidas para ponersela deberá de perder peso o embadurmarse en vaselina para entrar dentro. Repito, una vergüenza.  Hasta me cabreo y huyo de la marca en busqueda de otras más socorridas y hasta conocidas. Armani. De nuevo alucino. En colores. Mi hermano no coge ni en una XXL falsa… Que esa es otra, más copias que de D&G. Desisto y me lanzo a marcas mucho más juveniles, más de su estilo. Gurú, falsas y no le gustarían. a mi si. Versace, tan llamativas, falsas y enanas que me desesperan. Dsquared, demasiado llamativas, muchas imitaciones y las que no lo son, caras y de nuevo sometidas a la tiranía de las tallas. Tommy Hilfiger. Alucino en positivo. Después de haber tenido que medir a escondidas una de sus camisetas de hombros, axilas y largo descubro que al fin una talla L se asemeja en algo a una talla L de verdad. Esta le quedaría grande. No hay más modelos. Nike, Puma, Quicksilver… de esas ya tiene, quiero ser más original. Ralph Lauren. Al fin acierto. Original, traida de EEUU y a un buen precio, eso si, talla XL. Refunfuño, pero me gusta. No la compro aún, pero ya le he echado el ojo. La indecisión vive conmigo.

     En este punto quisiera dedicar unas palabras acerca de la pena que produce ver las medidas de las tallas L y XL actuales, esas que en marcas menos lujosas le sirven a mi hermano, de quien puedo decir es muy alto y también muy delgado. Repito, delgado, con 47 cm de hombro a hombro, una cosa que no es muy desproporcionada, creo yo. Eso es más de lo que tallan algunas XXL, aquí dejo mi queja en el aire.

     Hoy por la mañana me he ido a ver tiendas, a ver si me gustaba alguna cosa que no se me desorbitara de precio (trato de contenerme), o si finalmente compraba la camiseta de Ralph Lauren, con la que ahorraría un dinerillo, aparte de darle un modelo sólo en venta en EEUU. Puntazo snob. Fui a una de las tiendas donde existen más marcas de lujo que marcas de coches en el mercado. Ante mi cientos de camisetas con las etiquetas bien escondidas para no asustarme. He ido viendo Versace, D&G, Armani y Polo girando la etiqueta para ver el precio mientras miraba de reojo al dependiente. En cuanto vi 108€ para una camiseta que mi hermano no se pondría jamás lo he tenido claro. Hoy compro por internet. He visto precios más asequibles, que hubiera pagado aunque puedan parecer y sean desorbitados para lo que es. Estaba derrochón. Aunque luego me queje de pobre, lo estaba. Pero la camiseta de internet estaba sentenciada. Destino, mi hermano.

     Llegué a casa y de una maniobra rápida comrpé la camiseta, que traerá un servicio de paquetería posiblemente el lunes o el martes. Veré la mercancía y si quedo contento emitiré un voto positivo al vendedor, que de mano me ha parecido bueno. Esperaré unos días y veré la cara d emi hermano al encontrarse con la camiseta. Intuyo que le gustará.  Más le vale, porque sinó, para Reyes me veré obligado a regalar la colonia comprada el dia 5 en El Corte Inglés. Quebraderos de cabeza. Después un año por delante hasta que vuelva a tener que romperme la cabeza con su regalo.

     Saludos a tod@s.

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