Echando el resto
Tengo los regalos de Reyes solucionados. Es lo primero que me apetece contar. Con lo que me ha costado bien merece ser primera noticia. Me ha costado mucho tiempo, mucha ruptura de cabeza y no tanto dinero. Benditos Outlets. Ya conocía una tienda Outlet de la ciudad desde hacía unos cuantos años, y su traslado me fastidió un poco. Lucir ropas buenas y de marcas de prestigio se había vuelto más caro, y por mi economía menos habitual. San Google tuvo la solución.
He comprado unas cuantas veces a través de Ebay, sin embargo en esta ocasión no encontraba nada, por raro que parezca, que me resultara idóneo para los afortunados. Esta vez el buscador principal de la red me sirvió para encontrar una tienda de descuento, la llamo así para que no me acusen de emular a Fernandisco y sus anglicismos exagerados, relativamente cerca de mi casa. Me asalta una duda… ¿Que habrá sido de Fernandisco? realmente me importa poco, máxime después de haber oído lo que le oí decir años atrás. El que quiera saberlo, que me pregunte. A lo que iba; Google me llevó a un centro anunciado como más de 2400 metros cuadrados con descuentos alucinantes. Al cocer mengua, ya lo dice el refrán. Cierto es que me ha servido para solucionar definitivamente las compras navideñas, e igualmente cierto es que en una de las tiendas, anunciada como moda italiana, encontré un lugar al que volver. La próxima visita en rebajas. Anuncio que he visto un jersey de 890€ que estaba rebajado a la mitad. Es lo que tiene ser pobre y de pueblo, uno alucina con estas cosas. Similar al sentimiento de descubrir Canary Wharf, pero con susto por el precio. Estuve por probármelo, pero me venía pequeño. Puro snobismo, lo sé. No me importa.
Ya no vuelvo a justificar más las faltas de mis posts diarios. Asuman que se deben a una vida social de tarde y noche un tanto apurada. No trato ni de presumir ni de generar envidias. Es la pura verdad, aunque esto haga que la paga extra haya volado antes de haber hecho siquiera planes con ella. Ya me he vuelto a quejar por el dinero, lo siento, sé que lo hago con mucha frecuencia. Haré propósito de enmienda para el año que viene. A fin de cuentas es cierto que no vivo tan mal. Pues eso, si se trata de otra cosa que no sea una jornada en compañía de amistades ya lo comunicaré.
Hablando de los propósitos del Año Nuevo, yo aclaro que este año no he hecho ninguno. Para qué. Luego tendré remordimientos por no haberlos cumplido, así que para este año más que propósitos, deseos. No los confieso. No porque crea que al hacerlo no se cumplan, sino, porque no quiero. Me quito el sombrero ante quienes además de hacerlos, los cumplen. Me ablando y confieso un deseo, un poco más de fuerza de voluntad. Fuerza para quienes quieran dejar de fumar, adelgazar, beber o quieran hacer algún cambio en sus vidas.
Mañana por la noche, puesto que ya estamos en el día de Nochevieja, cuando sea 2007, volveré a ver a algunos de mis amigos y amigas con quienes hace bastante tiempo que no coincido. Me apetece, mucho. No porque sean estas fechas, para muchos entrañables, para otros odiosas. Porque va siendo hora, porque me apetece, por eso y porque nos vamos a pegar unas cuantas risas. Haremos como dice una de mis fieles lectoras, quemar las calles mas gastadas y oscuras, sean o no de Madrid. Es la canción que estoy escuchando en este mismo momento.
Me ocurre con cierta frecuencia. Escucho una canción y de repente no me sale de la cabeza. La tarareo sin cesar, la busco, le oigo muchas veces, en ocasiones hasta que acabo hartándome de ella. Esta temporada toca Mañana, de Mikel Erentxun, y también algunos viejos éxitos de Duncan Dhu. Escucho bastante Let me out de Dover, Serenade de la Steve Miller Band y John Wayne Gacy Jr. de Sufjan Stevens. Hoy he bajado una canción un tanto peculiar. The twelve days of Christmas, un villancico inglés que canturreábamos en la academia en la que pasaba tres tardes por semana durante mi infancia. La oí un montón de años después cantada por un coro infantil en el aeropuerto de Gatwick. Me he acordado de la dichosa canción en la ducha y hoy la he escuchado varias veces. A parte de este villancico por gusto propio, no he oído más que los que suenan en las calles más decoradas de la ciudad, normalmente a mi pesar.
Llevo un buen rato tecleando, a sabiendas de que mañana causaré ausencia por estos lares. La cena de Nochevieja en casa de mi abuela comienza a media tarde. Hay mucho que preparar, y realmente no me disgusta. A pesar de que mi abuelo se enterrara el día de Reyes, hará pronto dieciséis años, no soy alguien a quien le disgusten estas fechas. Sí lo recuerdo, mucho, por eso hoy hago lo que no he hecho nunca antes. Le dedico este post.
Momento sentimental aparte, para que sigan diciéndome que lo soy, y a mucha honra, como casi todas las cosas que reconozco ser, buenas o malas, pongo en este punto las últimas palabras del post, y a la vez del año. Palabras que llegan de la purga de mi mente y que esta noche se han prolongado bastante. Podría hacer balance, y como en cada uno de los años de mi vida desde que tengo memoria ha habido cosas buenas y cosas malas, y en general podemos decir que 2006, sin haber sido excelente, ha sido un buen año. Esperemos que 2007 sea al menos igual, si no puede ser mejor. En el último día del año les deseo que sean muy felices y les vaya todo muy bien hoy y por supuesto durante todo 2007.
Buenas noches a tod@s.