Lo que el viento se llevó…
Lo que puedo ver desde las ventanas de mi casa incluye varios paraguas, hojas y ramas de árboles, porquerías varias de papeleras repletas esparcidas en el asfalto, un luminoso navideño y el cartel de una tienda, también han volcado algunos contenedores. Menos mal que no vivo muy cerca de la costa, no sé que hubiera podido pasar.
Encima llueve. Llueve y apenas tienes con que taparte. Los paraguas se doblan, rompen y vuelan por la potencia del vierto. Envueltos en chubasqueros andamos agazapados, mirando al suelo y apenas sin ver tropezando con lo que el viento haya depositado a sus pies. Para más inri los diversos centros comerciales que hay en los alrededores de mi ciudad abren. Coches y más coches en caravanas kilométricas que atascan todo. Salir de aquí en coche, según en que dirección, puede suponer una ardua tarea. Sólo eres capaz de ver una hilera de faros delanteros que se pierden en el horizonte de una larga recta, bajo un puente. No te ceden el paso ni a tiros, para introducirte, de mala leche, en la caravana tienes que jugar al despiste. Genial.
Con todo esto había pensado quedarme en casa, ponerme un DVD de National Geographic que he sacado de la biblioteca y tumbarme en el sofá hasta que se acabe. Había pensado escribir con más paciencia el blog de hoy, cenar con tranquilidad, en fin, mi plan era bien sencillo, un poco de ocio cultural y a dormir cuanto pueda. Ha llamado G. y, ¿que es lo que voy a hacer? Pues si señores y señoras, salir. Salir un rato, no mucho, hasta que cierren la cervecería cercana a mi casa, como si lo viera. Ya he dicho que últimamente estoy hasta el cierre con una frecuencia que ni Barney Gamble en el bar de Moe. Mi carne es débil, y mis ganas de charla distendida infinitas.
Dudo que el viento sea capaz de llevarme. Sé que me quejaré como estoy quejándome ahora de la lluvia que llora el cielo, del viento que sopla, y de algunas otras cosas más. Entre ellas que hoy había reservado la tarde para S. de quien espero aún la llamada. Llegará mañana, imagino. Ahora me voy a cenar, que tengo que tomar fuerzas para comentar todo aquello que surja en la mesa de madera del fondo.
Buenas noches a tod@s, y que el viento no les lleve.