Atisbos de bienestar
Ayer tenía malestares diversos. Unas cuantas horas de buen sueño tranquilo y se han disipado. Hoy ha sido un día de bienestar. No me he vuelto loco de repente y le he cogido afición a madrugar. Eso es un mal que padecemos la inmensa mayoría de españoles, y lo peor es que tiene difícil cura. Sí se me ha quitado el dolor de espalda, a pesar de haberme tirado casi una hora en un atasco monumental, sentado en el coche meneándome lo poco que puedo. El dolor de cabeza, como bien suponía por el sueño también ha desaparecido solo. Y el sueño, soñando se fue.
El bienestar comienza con una noticia poco después del mediodía. Impactante, trastocadora de planes, pero excelente. Por si se gafa no voy a comentar nada más al respecto, sólo añado que la semana que viene puede que deje el blanco algunos días de este blog. Un viaje. Un viaje que espero y deseo traiga buenos augurios. Tan rápido he podido he comprado el billete de avión, sorprendentemente económico, confieso.
Me conozco, la euforia y unos nervios tenues van a acompañarme hasta entonces. Noticias de este estilo dan para ello. En el momento justo y necesario espero que la tranquilidad que me caracteriza haga su presencia, la extrorvesión salga fuera y todo marche tal cual debe marchar.
Tanta incógnita puede molestar, lo sé. También lo siento, pero prefiero comentar lo que pueda pasar a posteriori que hacerme mi propio cuento de La Lechera, máxime cuando creo que esta vaca aún no da leche. Y tengo dudas de si sabré ordeñarla…
Este post de hoy se queda aquí. Se atisba bienestar, pero para eso también debo dormir unas buenas horas. He descubierto lo sano que es. No soy adicto a lo sano, a ver lo que aguanto. De todos modos ahora mismo me entrego a la horizontalidad de la cama para reposar hasta mañana. Sigo buscando bienestar, aunque para llegar a él tenga que dormir más y volar…
Buenas noches a tod@s, y descansen.