En los últimos días hay algo de inestabilidad en este blog. Ando un tanto apurado. Mañana por la noche salgo rumbo a una capital europea en la que quizás mi vida dé un cambio. Quizás no, quizás sea sólo un viaje de ida y vuelta. Un viaje que me dé a conocer un poco más una gran ciudad. El caso es que ayer no tecleé nada, y hoy debería hacer dos entradas para igualar el número de días que llevo tecleando mis cosas con el de posts. No estoy seguro de que lo haga.
Ayer, para quienes me acusan de crapulilla, noctámbulo y amante de los actos sociales y festeros, acudí a un Festival en mi ciudad. Un Festival Navideño nada al uso. Vuelven a tener razón los que me tildan de lo que he comentado antes. Sí, me gustan estas cosas, y me lo paso pipa. Decía que no se parecía en nada a una fiesta de actuaciones ñoñas y sentimentales tan al uso en estas fechas.
Por el escenario desfilaron pianistas, cantantes con voces sorprendentes, un guitarrista uruguayo cuyas manos sobre el instrumento eran arte. Nunca he visto nada igual, ni lejanamente parecido. Bailes de salón, partes de grandes musicales, monologuistas, bandas de instrumentos y sobretodo allí estuvo C., dominando la escena, metiéndose al público en el bolsillo. No tenía ni la menor idea de que su voz y su guitarra fueran así. Capaces de transmitirme, de emocionarme, de hacerme levitar frente a su actuación. LOs bravos y aplausos fueron grandiosos, y sobretodo bien merecidos, Alucinante, hazle caso al uruguayo, que seguro que te va mejor que con la profesión que hemos escogido. Increíble, sorprendente, fascinante. El Festival merece un diez. C. un once.
Si el espectáculo de dos horas y media fuera poco, al finalizar se produjo un singular sorteo. Colaboradores regalaron a la sociedad que lo organizaba diversos obsequios, bastante buenos, por cierto, que se sortearon entre los aproximadamente doscientos cincuenta asistentes. La suerte me sonrió. El tercero de los números extraídos de la bolsa en la que estaban depositados fue el sesenta. Yo tenía el sesenta. Salí al escenario y me traje para casa un sobre con un vale de compra de una cantidad importante, en una tienda local. Como unas castañuelas de contento.
Al acabar la noche el estómago protestaba. Nos fuimos a cenar, y ya se sabe. La cena pedía un poco de fiesta posterior, para celebrar mi premio. Siendo sinceros si no me hubiera tocado nada, hubiera salido igualmente. Por eso falta mi post de ayer. A las siete y media de la tarde salí de mi casa. A que hora llegué prefiero no decirlo. Ya era hoy.
Y hoy he tenido un día movido. El cumpleaños de J. para empezar. Salimos a comer fuera y la sobremesa se alargó hasta bien entrada la tarde en posteriores cafés e idas y venidas en coche. Al llegar me he puesto a organizar algunas cosillas. Pocas, soy de los que cierra la maleta in-extremis. Se me suelen olvidar diversos objetos, la verdad. Y aquí estoy, por última noche hasta al menos el miércoles. Pongo mis palabras, purgo mi mente hasta la próxima entrada.
Deséenme suerte, y mientras tanto, tengan buenas noches y buenos días hasta mi vuelta tod@s.