Tuesday, December 26, 2006

No he tenido tiempo…

     Lo juro. Al menos no he tenido el suficiente cómo para actualizar este espacio desde el jueves. Mucha vida social. Mucho reencuentro. Mucho buen momento. Mucho gasto, también es cierto. Bendita paga extra. He tenido unos días, Nochebuena y Navidad aparte de lo más movido. Aprovecho las vacaciones que me brinda la Educación para hacer cuantas cosas puedo. Aunque hay tantas pendientes que seguro que me queda algo sin hacer.

     El viernes se presentaba tranquilo, víspera de una importante y largamente planificada quedada. Llamada a media tarde de K, que no es K sino S. Propuesta de café, caña, refresco o lo que apeteciere. Acepto. Llevamos unos días sin vernos, sin pegarnos unas buenas risas. Como ha sucedido últimamente además de diversas cervezas que van entrando cada una mejor que la anterior, decidimos salir a cenar. No nos ha tocado la lotería, seguimos siendo pobres. Pero para una cena aún da. Cenamos hasta que apenas somos capaces de revolvernos de la silla, al menos yo. Sigo con ganas de más marcha. Acabamos en un pub con más cerveza de por medio. Retiramos pronto, mañana tengo más fiesta.

     Sábado de tarde. Y. pasa a recogerme en coche. Es mi chofer para ciertas quedadas. Se lo agradezco y agradeceré siempre. Todo un lujo. Nos vemos poco, menos de lo que merece su compañía, pero la distancia geográfica es lo que tiene. En general todos los de la quedada nos vemos menos de los que nos gustaría. Muchos han emigrado por trabajo. Quedamos en una plaza en una ciudad que apenas conocemos. Siempre nos pasa igual. Preguntamos y llegamos. Llevan un rato esperando, pero ya conocen nuestra suma torpeza y falta de previsión. Un café hasta que van llegando poco a poco el resto de comensales para la cena que tenemos reservada. Anécdotas, actualizaciones de nuestras vidas y una camarera de la que podríamos deducir su sexualidad la mar de extrovertida y un tanto alocada. Estamos todos y todas los que debemos estar, nos vamos al restaurante. Cena. Muy buena. Cada vez estoy más pobre, y no me importa nada si me arruino con estas situaciones, la verdad. Fotos y más fotos del encuentro. Después las copas. Para mí ron, por supuesto. Frío abundante al lado del mar. Despedida y vuelta a casa, de nuevo con Y. como chofer. Tiene una premonición, nos va a parar tráfico para un control de alcoholemia. Así es, a dos grados bajo cero y en un dispositivo bien grande sopla y salimos. Me deja en casa. Hasta otra y gracias de nuevo, a Y. y al resto de iniciales por mantener una amistad a pesar del tiempo y la distancia. B., B., L., L., M., I. y R. GRACIAS.

     Domingo. Amanece tarde, después de acabar la mañana. Poco antes de comer. Comemos en casa y después ronda de visitas previa a la llegada a casa de mi abuela. Nos reunimos una buena tropa, como de costumbre. Yo reparo la bandeja de postres. Mi abuela dice que cada año es mayor. Razón no le falta. Aunque se quede bien mermada al acabar la panzada. Se empujan con champán que da gusto. También hago los langostinos braseados al ron. Se los comen aunque se quemen los dedos. La Nochebuena bulliciosa es estupenda. Al menos yo la echaría de menos. Por más que pueda protestar por la falta de silencio y un poco de tranquilidad, me gusta. Cada año nos acostamos más tarde sin necesidad de salir de copas después. Hay licores suficientes en casa al principio de la velada. Al final no tantos.

     Lunes. Día de Navidad. Como en miles, diría millones de hogares, comemos restos transformados en mayor o menor grado de la cena anterior. Bien ricos que están, y bien que volvemos a ponernos las botas. Mi tío hace entonces su típica protesta por la excesiva ingesta calórica. A la vez come unos trozos de turrón duro artesano gigantes. Los demás escuchamos y reímos. Forma parte de la comida navideña. La tarde va perdiéndose entre conversaciones nimias y recuerdos acompañados por café, turrón y sidra achamapanada mientras visualizamos los miles, y digo bien, miles de fotos que tiene mi abuela clasificadas en su casa. Siempre salen recuerdos que nos asoman un ápice de tristeza y otros que nos hacen saltar lágrimas de risa. Al final la cena dietética. Ayer he cenado un simple puré de verduras y un yogur natural que han sentado la mar de bien a mi organismo. Era bastante tarde y no me conecté.

     Hoy, bueno, ya ayer. He tecleado mucho y me he pasado de día. He dormido bien la mañana, hasta el justo momento en el que se acaba, para ser exactos. He cambiado el décimo de lotería en el que tenia lo jugado por uno para el sorteo del Niño, hecho unos encargos de mi padre, limpiado mi dormitorio a fondo y comido. Por la tarde más acto social. Reunión con un grupo de compañeros y compañeras de mis andanzas opositoras conquenses. Un montón de risas y puestas al día ante tres cañas que acabaron con la despedida en el punto de encuentro, la estación de tren.

     He llegado a casa cenado un poco de pescado que repare tanta caloría pasada y me he puesto a teclear. Iba siendo hora, lo sé. Por eso me ha quedado esta parrafada tan larga que como siempre espero que les guste. Mientras tanto sigo pensando y pensando que puedo comprar para Reyes a quienes aún no tienen asignado regalo. Le voy a pedir un préstamo a C. si sigo a este paso, que para algo a ella si le ha tocado el Gordo de Navidad.

     Buenas noches a tod@s, y con cierto retraso ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

Posted by Purga de mente at 23:37:59
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