La historia marroquí
Marruecos, Septiembre de 2004. Estamos en Agadir y hemos decidido ir hasta Tiznit. Depósito lleno y jeep a punto. Madrugamos mucho y sin embargo hace un calor cercano a lo insoportable para un amante del frío como yo. Comienza la aventura. Preparamos una buena cantidad de agua y fruta por si las moscas. Llevamos comida por lo que pueda venir.
Vamos cruzando el desierto, adentrándonos en un Marruecos más desconocido, menos turístico. Cruzamos mientras el sol va comenzando a achicharrarnos varios pueblos. Paramos, por si las moscas, desde lejos a hacer algunas fotografías. Pueblos como Sidi-Bibi, Adouar Sidi Ali o Had Belfa. Aparecen camellos, tuaregs y restos bereberes a lo largo de la N1 mientras bebemos casi tanto como sudamos. El viaje se me hace bastante largo, entre paradas, calor, arena y lo poco que corre el jeep. Pero llegamos.
Tiznit no es precisamente una ciudad turística. Guarda la esencia de Marruecos, con un grado militar muy evidente. Es Jueves, hay mercado. Plata, mucha plata, y sinceramente me deja muy impresionado. Damos un paseo inicial en el todoterreno. Algunos notan que la piel no está del todo curtida y comienza a enrojecer. Yo me embadurno con crema protectora constantemente. Uno que es de piel más que blanca y tiene precaución.
Seguimos paseando a pie. Olemos de lejos a turista. Tampoco hay muchos más. veo una piscina y siento unas ganas terribles de tirarme dentro, para refrescar y para quitar la mezcla de arena parda y sudor que me reboza. En Marruecos logré sentirme como una croqueta. Hacemos fotos y hay gente que nos mira con cara extraña. Nos ofrecen multitud de objetos de plata. Compramos algunos, se nota el nivel económico realmente inferior.
A las afueras de la ciudad ocurre el echo más destacable de toda esta historia. Sin gente por las calles intentamos ver la forma de vida de la ciudad. Aparece una anciana, verdaderamente anciana. Vestida con colores un tanto pintorescos. Nos sorprende lo curvada que está, y sobremanera su pequeña estatura. Podría jurar que no medía más de metro cuarenta. Seguramente menos. No se me ocurre otra cosa, aparte de comentar la jugada con la compañía que sacar la cámara de fotos e inmortalizar el momento. Un bigote enorme pegado a un hombre comienza a decir cosas que no suenan muy bien mientras levanta el puño. La cara de mala leche es más que evidente. A decir verdad parece que todo el mundo te riñe cuando habla en ese país. Sin embargo este individuo es seguro que nos está riñendo.
Da la vuelta y coge un madero enorme que levanta con un enfado considerable. Sigue lanzando improperios ininteligibles y agita la madera. Echamos a correr hacia el Jeep, que afortunadamente estaba a escasos metros. El señor nos persigue pero no logra darnos alcance. En un instante llegamos a creer que no arrancará, como en las películas. Afortunadamente nos equivocamos. Arranca y salimos de Tiznit a toda velocidad con un apurón tan grande que no percibimos ni el calor. Menudo susto.
Llegamos de nuevo a Agadir aún azotados. Todo regresa a la normalidad, aunque seguimos con dudas, y más cuidado hasta la vuelta a casa. Que conste que a pesar de todo Marruecos merece la pena. Mucho. Conózcanlo, pero sepan respetar ciertas cuestiones que aquí nos parecerían normales. Más les vale. Buenas noches a tod@s, y gracias a A. por el primer comentario, que ha parido esta historia.