Día de Reyes
Me he debido portar muy bien a lo largo del año. Eso pensaba cuando siendo un niño llegaba la mañana de Reyes y veía bajo el árbol, o a pie de Portal de Belén, un nutrido grupo de cajas. Cada una envuelta en un papel diferente. Esta mañana he vuelto a tener esa sensación. Si no soy del todo bueno, disimulo que da gusto.
No me cohíbe decir que a pesar del paso de los años, la noche de Reyes siento una extraña sensación. Duermo bien, no como antaño. Sin embargo despertarme la mañana del seis de Enero y ponerme a desempaquetar es algo que me sigue gustando mucho. Es cierto que cualquier detalle por mínimo que sea me deja como unas castañuelas. Encantado de descubrir cualquier cosilla aparte de las pedidas para las fechas.
Yo sigo pidiendo algo, lo reconozco. Si veo que me hace falta alguna cosa, lo dejo caer. Suele caer. Casi siempre, son consabidas las excepciones, como el coche o que me toque la Primitiva. De lo primero tengo, y regalado, lo confieso, pero no por Reyes. De lo segundo hasta la fecha poco. Escasos reintegros.
Con la misma ilusión que hace veinte años luzco todo lo que se pueda lucir y muestro cuanto pueda mostrar de lo que ha aparecido envuelto en casa y que ponía mi nombre. Hoy he tenido que dejar la bufanda. Este invierno tan tenue no me ha dado la posibilidad. Tampoco he mostrado el sobre con dinero que reparte mi abuela con paciencia infinita año a año a cada uno de los veintitrés destinatarios. Es casi un ritual familiar. Y cada uno conoce lo que le toca al resto.
El lunes toca la vuelta al trabajo. Me lo digo a mi mismo para ir mentalizándome. El despertador vuelve a sonar y otra vez más a madrugar. Para mí la enfermedad crónica más extendida en el país. Yo espero curarme algún día. De momento esta noche soy formal y me quedo en casa de relax. Veré una película que ya he visto un montón de veces, como casi todas las que echan por estas fechas. Quizás coma un bombón o dos, o tres… O los que me de la gana. En fin, me retiro al sofá. Que ustedes lo pasen bien. Buenas noches a tod@s.