Tuesday, January 9, 2007

Abandono

     Olía a ginebra y a tabaco. Cerraba sus puños de rabia mientras su cuerpo se apoyaba y tambaleaba contra la mojada barra del bar. En su cabeza se repetían como un incesante e insufrible eco las palabras que escuchara horas atrás. Debemos dejarlo.

     Había oído muchas veces las historias de hombres abandonados que se entregan a la orgía etílica, pero él. Él también. Quizás no se diera cuenta al comenzar la ronda nocturna de bares en los que poco a poco perdía el sentido. Sin embargo una extraña lucidez dentro de la embriaguez, lo mismo que la luna en medio de la noche, había hecho que se diera cuenta de lo que estaba pasando.

     Se encontraba ante los restos de si mismo. Vencido por las palabras de una mujer a la que un día, hace demasiado tiempo ya, dejó de hacer caso. Éxitos profesionales, ascensos económicos, cambios sociales, todo eso y algo más había hecho que se pensara centro del universo. Sólo se prestaba atención a su propia persona.

     En la cabeza pensamientos y sentimientos contradictorios enfrentado. Si se lo ha dado todo porqué le abandonaba. Claro que tal vez no le hubiera dado nada que no fuera soledad. Apuraba entre las primeras lágrimas en sus ojos, frente a aquella barra de madera gastada el enésimo cigarrillo y la enésima ginebra. También se había tomado un par de copas de whisky. No sabía porqué. No le gustaba. Sería tal vez un modo más rápido de autodestruirse.

     Conocía perfectamente el daño que se estaba haciendo. Parecía importarle poco. Escasas cuestiones le preocupaban algo aquella madrugada. El alba anunciaba con aparecer pronto y él se apoyaba y tambaleaba contra el único local que encontró abierto a esas horas en las que hasta los búhos comienzan a dormir. El lugar daba asco. Él mismo también. Que más da. Puedo seguir haciendo lo que no debería de hacer. A pesar de ser consciente de que aquello fuera lo peor. Momentos ates de llegar a perder la total consciencia e incluso el equilibrio.

     El golpe contra el suelo debió ser muy duro. Puede que además del dolor físico de la cabeza el de la resaca aumentara el martilleo que sentía sobre sus sienes. Tapado con una tenue sábana. La cabeza vendada como si se la hubiera abierto entera. Aturdido y dolorido se encontraba en un hospital. En ese momento volvió a recordar la frase de la tarde anterior. Debemos dejarlo. Sintió ganas de morirse. Una mano comenzó a apretar la suya.

     No era su mujer. No era quién él deseaba. Precisamente se trataba de alguien a quien hubiera deseado no ver en esa situación. Su hija. Sintió rabia y asco de si mismo, de sus actos, de las consecuencias de éstos. Nunca pedía perdón. Nunca creyó que tuviera que hacerlo. Sin embargo en otro extraño momento de lucidez mental lo hizo. Imploró a su hija el perdón. Ella asintió. Besó su frente. Le ofreció su ayuda. Ella no quería abandonarle. Él no debería repetir la escena de la noche anterior nunca más.

     Y continúen ustedes la historia como más les plazca. O háganme saber que quieren que siga contando. Yo de momento sólo me excuso por mi falta de ayer. Provocada por fallos técnicos. Mientras tanto, buenas noches a tod@s.

Posted by Purga de mente at 20:18:18 | Permalink | Comments (5)