Esta noche opino yo
Hace una buena temporada que se observa a gente en televisión, prensa y radio despotricando a diestro y siniestro de terceras personas. Suelen ser personas, que bajo mi opinión, no se miran las pelusas de su propio ombligo, pero indagan en las entrañas de quienes les rodean. Con esto no quiero en absoluto coartar la libertad de expresión, sólo faltaría. Lo que trato de decir es que algo tan normal como escuchar opiniones fundadas de personas con ciertos conocimientos en temas diversos se ha convertido en deporte nacional para amateurs. Y pasa lo que pasa.
Las opiniones se vuelven insultos y vilipendios diversos en la mayoría de ocasiones. Si a un personaje conocido no le aparecen detractores y defensores que se peleen de algún modo, que se dé por muerto. También es importante destacar la calidad profesional de la mayoría de “opinadores”. El periodismo bajo mi punto de vista se ha “emputecido”. Una gran lástima, con la de buenos profesionales que existen. Don nadies de una noche, un polvo o un concurso se agarran al carro del dinero con todas sus fuerzas, y para ello articulan sus lenguas pérfidas y viperinas contra quien esté en la cresta de la ola en ese determinado momento. Hay, por cierto, muy buenos surfistas que llevan navegando en dicha ola un tiempo eterno, y que con ello sacan a veces provecho a veces despecho. Siempre que no estén muertos los comentados, claro. Moda patética, a mi parecer. Por otro lado indicar de quienes sueltan sapos y culebras por la boca, que no debe ser sencillo permanecer íntegro frente a según que cantidades de euros y de fama. Cada cual se vende si quiere o si puede.
Toda esta reflexión, seguramente un tanto pesada y llena de filosofía de andar por casa, no tiene pretensión alguna. Es simplemente una opinión. Sin más vueltas. Creo que resulta evidente que he escrito lo que pienso sin recurrir a los métodos actuales basados en insultos gratuitos. No he sido el más correcto, pero hoy en día eso ya ni se nota. Tampoco pretendo que nadie me secunde, si bien, al menos de palabra parece haber unas cuantas personas a mi alrededor que opinan lo mismo. Yo en una purga de mente, voy y lo suelto.
Hay para mí tres personajes de los que todo el mundo dice cosas. Y no son políticos. En eso, por esta noche no me meto. La primera ha saltado a la palestra a través de la portada de Interviú. Hablo de la peluquera que en su viaje de novios a Cancún las pasó canutas. Ana María Ríos. La cuestión es opinar. A favor o en contra, y si de paso se grita más que el resto, mejor. Sin pretender ser correcto yo considero que su top-less estrella a mi me da igual. Hacerlo o no entra dentro de su libertad personal, y debe respetarse. Sacar algo de provecho en una situación en la que a uno se lo ponen en bandeja ni es ni deja de ser ético, es, para mí, lógico. Que lo que propongan interese o no es harina de otro costal.
A los otros dos los meto en el mismo párrafo. Risto Mejide y Federico Jiménez Losantos. Individuos distantes de ser personas a los que me referiré por su nombre, lo mismo que al estiércol se le llama estiércol y a la basura, basura. El que quiera leer entre líneas que no lo intente. No me gustan nada, y si por mí fuera volverían al anonimato. Pero no les insulto, indico que les llamo por su nombre, como se deben llamar a las cosas. Se supone que deben respetarse. Queda genial respetar a quienes no poseen capacidad de hacerlo. Sin embargo yo opto por una tercera vía. La de la ignorancia. El gran matarife de tantos personajes antaño en el candelero. El propio Risto ha dicho en declaraciones radiofónicas que el simple hecho de que opinen de él es suficiente. Le hacen su trabajo. Publicidad. Buena o mala. Ya lo han dicho varias personas en sendas ocasiones. “Que hablen de mí aunque sea bien”. De Jiménez Losantos todos sabemos que tiene unos cuantos oyentes que sólo le escuchan para odiarle más. Ponerse al tanto de sus opiniones para repudiarlas a posteriori. Yo opto por la difícil vía de la indiferencia. Es bien complicado que Risto y Federico dejen indiferentes, casi imposible es ignorarlos. Pero con ganas se logra. Y se siente uno la mar de bien. Aunque luego le mire raro el resto del mundo por no definirse al lado de los odios o los amores que despiertan en mil conversaciones. Aún así, créanme, a mí me compensa.
Espero que sean capaces de leer esta divagación que no pretende más que poner aquí algunas de mis opiniones. Que descansen. Buenas noches a tod@s.