Friday, January 19, 2007

Consideraciones gastronómicas

     Antes de comenzar, una apreciación. El contador de visitas de barras de mi espacio no funciona. Me consta que alguien me ha visitado, porque me ha dejado un comentario. Ahora metámonos en harina.

     Harina de tempura. Pétalos de rosa fritos en harina de tempura. Eso he visto cocinar en un canal de televisión hace un rato. Con lo escaso de la ración eso debe ser como comerse una almendra, pero con menos calorías. Días atrás leía en el periódico la nueva innovación de Ferrán Adrià. Caviar de aceite de oliva. Alquimia pura. Utiliza según la información escrita para tal receta, agua con cloruro cálcico, alginato como gelificante y una máquina encapsuladora. Para llegar a esto, muchos químicos deben haber sido consultados. Aseguran que el resultado es sorprendente. Seguro que escasa la cantidad, pero sorprendente. Por cierto, aseguran que a lo único que sabían las perlas doradas era precisamente a aceite. No sé que esperaban, la verdad.

     Después de leer esta noticia e imbuido en la cultura gastronómica me doy un paseo por la web del Restaurante El Bulli, del susodicho Ferrán Adrià. Alucino, podría incluso ponerlo en mayúscula. Un verdadero espectáculo de luz, color, seguramente sabor. Arquitectura sofisticada, decoración estrambótica y alimentos de los que yo, en mi tremenda ignorancia, no había oído hablar en la vida. Escaso no, escasísimo. Yo veo esos platos tan grandes con tan poco dentro que me entra un bajón. El subidón llega al pagar la factura. Otra cuestión es el nombre de los platos. Me pregunto si el camarero escribe Espuma semifría de mango con confitura de cereza, textura de mandarina y polvo de nuez de macadamia sobre ajedrez de chocolates blanco y negro en texturas y coulis frío de grosellas, o por el contrario pone Mango. Por cierto, todo ese nombre que cogería en cuanto a cantidad en una cuchara sopera me lo he inventado sobre la marcha. Si alguien se atreve a cocinarlo, que no dude en avisarme. Gracias.

     No me meto mucho más con este tipo de comida que apenas he probado, que no me apetece volver a comer, y que es sin duda una obra de arte, y como tal, cara, muy cara, ofensivamente cara para mi economía. Caro e insuficiente. Con un pincho de tortilla queda uno más satisfecho. No secundo para nada a un crítico gastronómico al que oí afirmar hace algún tiempo que con esta comida se llena el alma. A mí, que me llene el estómago y no me vacíe la cartera, gracias. He hablado de Ferrán Adrià en concreto, pero podría referirme a muchos muy grandes, famosos y artistas, esto dicho con total sinceridad, para contar lo mismo. Genios es una buena definición, nadie lo duda. Yo sin embargo me quedo con a comida de mi madre o mis abuelas. El amor es un gran ingrediente que usan con sabiduría. No hay tecnología y sofistificación que lo iguale.

     Rememorando el clásico pincho de tortilla, por cierto la de mi madre es la mejor del mundo y no acepto ni una sola crítica al respecto, recuerdo los cafés acompañados por dicho pincho en la facultad. Una cafetería atendida antaño por S. una fabulosa y bella camarera con una sonrisa perfecta y memoria prodigiosa. Eso si son pinchos de tortilla de verdad. Gigantes. Tortilla sabrosa, jugosa, poco hecha, como más me gusta. Notábamos hasta amor en ella. El café siempre acompañado de bizcocho artesano servido por S. con sus ojos vivos. Me gustaba esa cafetería. Por la compañía, el servicio, la comida y los buenos ratos de relax que pasábamos en ella.

     Viene a mi mente la cafetería en la que acostumbro a tomar el café y pincho matutinos actualmente. También genial. J., el amable camarero, tiene una memoria digna de buen hostelero. Siempre pido un café con sus peculiaridades, que J. ya conoce perfectamente. Con lo que me muestro más puñetero es con la elección del bocado de la mañana. La culpa es suya. Ante los ojos de los clientes se muestran más de veinte variedades diferentes de pinchos, bollería y pastas aparte. Los he probado casi todos. Geniales. Con panes de diversas clases y rellenos bien abundantes acompañamos los diversos y cuantiosos clientes de la mañana el espumoso café. El detalle del minibombón de chocolate acompañando es también de lo mejor. Por toda esta sencilla calidad la cafetería está llena casi a cualquier hora del día. Poblada de moradores de cualquier índole. Banqueros con traje y corbata, estudiantes  de pantalones caídos, gorras y piercings diversos, maestros, profesores, amas de casa, albañiles, jardineros, funcionarios, pintores, jubilados, jóvenes y mayores. Un sitio muy recomendable.

     Tenemos, bien claro queda en mi divagación de hoy, desde lo más novedoso y sofisticado a lo más tradicional y sencillo. Cada cual escoge donde pasar un rato. A mí permítanme decir que me encuentro soberanamente bien en el último par de sitios normales y corrientes que les he comentado. No me veo tan ubicado en alguno de los restaurantes estrellas, que quieren que les diga.

     Buenas noches a tod@s. Me voy de parranda.

Posted by Purga de mente in 22:44:31 | Permalink | Comments (3)