¿Dónde nieva?
Por fin nieva. Es la noticia con la que nos bombardean a cada rato todos los medios de comunicación. A mí me pone de mala leche. La nieve no, precisamente que no aparezca por mi ciudad es lo que me fastidia. Aquí llueve y llueve y hasta graniza, pero copos de nieve han caído cuatro ayer por la tarde y esta mañana. Han caído y se han desecho en el acto. Hoy para mayor INRI incluso ha brillado el sol alegremente.
Me gusta la nieve, mucho. Reconocer uno de los principales motivos es incluso poco ético. Me gusta la nieve sobremanera porque su presencia permite mi ausencia al trabajo. El bonito paisaje que genera también tiene su cosa, lo reconozco. Pero uno es vago, que le vamos a hacer. Al menos lo reconozco. Disfruto del frío invernal, y cada temporada espero ese o esos días cualquiera en los que la nieve te deja en casa la mar de contento. Tampoco me quedo en casa. Armado de todo el equipamiento polar, que tanto tiempo pasa guardado, voy a pasear. Mientras siento mezcla de frío y extraño bienestar. Mejor aún si nieva en el mismo momento en el que ando por ahí. Puedo apartar el paraguas tranquilamente para sentir los copos caer.
Sin embargo parece que no voy a tener suerte. El grajo vuela bajo, porque el frío, para acabar la rima, es de carajo. Pero manto blanco nada. Nada en esta ciudad. A montones en los alrededores. Mire por donde mire el horizonte, desde las ventanas de casa veo montañas nevadas. Miro el jardín y el muy cabrón sigue empecinado en mantenerse verde. Soy consciente de que estamos a poca altitud. Apenas 170 metros. Pero la ilusión siempre está ahí. Supongo que confío más de lo común en las predicciones climatológicas, sobretodo cuando me interesa. Tengo, como mucha gente con la que he comentado este tema, una teoría que asegura que cuanto más nos avisan de un temporal, menor es su impacto. Al menos sobre estas tierras. Sin embargo, el anuncio de posibles chubascos se convierte en lluvia en abundante escorrentía.
Mañana sé que volveré a levantar la persiana del dormitorio en cuanto el despertador castre mi sueño. Supongo, y al hacerlo me irrito levemente, que el magnolio no aparecerá teñido de blanco, y la hierba húmeda seguirá con su verde oscuro. El grajo volará bajo, porque calor ya se sabe que no es precisamente lo que vamos a tener mañana. Volveré a levantarme y seguir con la rutina laboral de cada día. Ansiaré el siguiente temporal, que esperemos llegue sin tardar demasiado. No un temporal crudo. Un poco de frío y nieve, por favor, tampoco es pedir tanto, ¿no? Además, por esta zona suele caer algo de nieve cada año por estas fechas. Aunque haga ya más años de los que a mí me gustaría, que la cosa no pasa a mayores.
En fin, por esta noche casi que lo dejamos. El transcurrir de la semana va haciendo mella en mi sueño, cada vez más abundante. Hasta mañana y buenas noches a tod@s.