Otra vez por aquí
Después de un par de días ausente de este rincón lleno de mis palabras, buenas noches. Ni que decir tiene que están ustedes en lo cierto si achacan la falta a la fiesta. En parte. Es cierto que el Sábado, que al igual que los nombres propios de los meses, me gusta escribir con mayúsculas, los diversos acontecimientos fuera de casa me tuvieron apartado de este lugar. No así anoche, que la cosa fue un poco más movida.
El Sábado básicamente me pasé todo el día fuera. No madrugué. eso en dicho día de la semana debería constituir delito. Vagueé cuanto pude hasta la hora de comer. Invitaba mi padre. Buena comida y estupenda bebida. Por la tarde más vida social. Con los colegas de siempre sobre temas miles al frente de unas cuantas cervezas y algún que otro fruto seco y encurtido para ir engañando al estómago, llegó la noche. Mi hermano invitaba a cenar. Así se imaginan que en el momento, ya Domingo, en el que entré por la puerta, ni tenía muchas ganas ni estaba en las mejores condiciones para ponerme delante del ordenador. Lo comido tan bueno como lo bebido.
Anoche sin embargo mi intención era escribir algo. Nada que ver con estas palabras, la verdad. Mi plan era ver la entrega de los Goya tranquilamente después de una cena medianamente frugal y dejarme caer en brazos de Morfeo. No pudo ser. Sobre las nueve y media de la noche mi padre tuvo la genial idea de estrenar la nueva escalera que comprara días atrás a fin de jubilar la anterior. Despliega la escalera a fin de subirse al altillo del garaje y al subirse a susodicha pierde una de sus sujeciones plásticas. Batacazo. Cierto es que no ha sido mucho para lo que pudo ser. Los dos coches reposaban en el garaje, y sin embargo el golpe de espaldas se produjo contra el suelo. A las dos de la mañana y de vuelta a casa tras varias horas en Urgencias el diagnóstico es contracciones varias y una contusión lumbo-sacra. Diez días de collarín y baja. A pesar de todo se encuentra bien, y para lo que pudo ser, no fue nada.
De hoy no tengo demasiadas cosas reseñables que contar. Una que no me deja demasiado bien y otra anécdota. Esta mañana de camino al trabajo oía un anuncio indicando que en unos grandes almacenes de todos conocidos, sobre el descuento previo había un 20% adicional en primeras marcas de ropa. No tenía yo nada que hacer más que volver a ser un manirroto. A media mañana me encontraba revolviendo entre jerseys, polos, pantalones y demás artículos de marcas muy conocidas. No había gran cosa, eso y que si compro otro sweater, polo, bufanda, pantalón, o a decir verdad casi cualquier prenda de ropa, me echan de casa. Aún así, mi carne es débil para las compras. Sé que luego me quejo de estar bajo mínimos económicos. Pero me hice con unos calcetines de la marca del jugador de polo con un 40% de descuento. Al menos eso ha colado, con cara de resignación materna, todo se diga.
Comentando la jugada con E., a quien hace más de dos meses que no veo, pero cuyo coche me encuentro aparcado a cada paso, volvemos a llegar a la conclusión de que nos parecemos demasiado. Sólo nos diferencian sexo y que ella está a punto de independizarse. Me pregunta quien me ha atendido, le contesto que un chico del que no he sabido dar demasiados datos más. A E. no le ha hecho falta. El que te ha atendido a ti es el novio del dependiente de CH (abreviando) que me ha atendido a mí esta mañana, me espeta sin ni siquiera respirar. Me importa bien poco, de hecho no creo que sea digno de mostrar sorpresa alguna. La condición sexual de las personas es un complemento de la vida individual que respeto, porque francamente me da igual. Lo que destaco es precisamente lo manirrotos que somos en ciertas tiendas en las que pagamos mucho más de lo que cuestan ciertas cosas. Brotes de snob-consumista. Un tanto patético, pero jodidamente real. No soy el único que los tiene, ni E. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.
Como no me da tiempo a meter este post en el lunes me acabo explayando con la curiosidad. A media tarde, de vuelta del trabajo me encuentro con J., arquitecto jubilado padre de alguien a quien hay que definir como especial. Pronto soltaré algo de personas especiales. Estoy leyendo Budapest, de Chico Buarque. Al cogerlo me atrajo el hecho de que la novela fuera escrita sin que el polifacético brasileño pisara jamás dicha ciudad. Lo que he leído me gusta. J. abre los ojos al ver el libro y demuestra una extraña satisfacción. Asegura que puede contarme perfectamente la vida del icono cultural brasileño, así lo define el propio libro. Y rememora su enorme suerte al haberlo conocido en persona muchos años atrás cuando vivía en Brasil y acudía a verlo a algunos de sus conciertos. La verdad que me ha sorprendido la casualidad. Muchas veces estas pequeñas cosas rescatan sensaciones bonitas. J. se ha quedado encantado y le he prometido una buena crítica del libro en cuanto lo acabe.
Ya es Martes, tres días sin post. De nuevo perdón. Posiblemente antes de 24 horas vuelva por aquí. Buenas noches a tod@s.
Hola. Bueno, bueno, menudo brote consumista pijo que te entró, eh? Ya sabía yo de ti que eras capaz de comprar unos calcetines de Polo Ralph Lauren, tú no dices la marca, pero la digo yo. Bien que te gusta, eh pijillo? jeje, Que ya sé que tienes polos, camisas y sweater del polito… Te faltaban unos calcetines, jaja! Que te gusta la ropa buena, eh? Aunque veo que no eres el único, que te tratas con consumidoras de Carolina Herrera orginal! Yo que ni siquiera tengo el bolso del mercadillo…
Bueno, por lo demás tan bien como de costumbre. Me tienes que contar la anécdota de Chico Buarque con más detalle, que para algo ya sé de quien es padre el arquitecto!!!
UN BESO!