Wednesday, February 28, 2007

Esos ojos

     Hoy toca una de rarezas. Servidor se fija siempre en las orejas y los ojos de todas las personas que puede. Así que hoy, al no encontrarme especialmente inspirado, les voy a mostrar algunas fotos. Fotos de ojos, que a pesar de fijarme en las orejas, no las considero nada fotogénicas. Miro si tienen o no el lóbulo inferior separado, como la mayoría, o bien pegado al cuello, pro eso de que el mío es intermedio. Manías, ya se sabe.

     Las imágenes son pues de ojos, ojos hipnotizantes y anónimos, sacados de internet. A mí me gustan todos ellos, pero destaco especialmente el de Sharbat Gula, la niña afgana portada del National Geographic de Junio de 1985, encontrada diecisiete años por el propio autor de la foto, Steve McCurry, no sin grandes problemas. Es para mí, sin duda alguna, el ojo más hermoso que existe. La historia me fascina y la conozco bien. Quienes me conocen saben que tengo un montón de esa cara en diversos lugares en los que paso tiempo.

     Aquí están las fotos, espero que les gusten.

  

 

  

     Buenas noches a tod@s.

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Tuesday, February 27, 2007

Infancia lejana

     Mientras caminaba esta mañana por la playa, al igual que cada día desde que mi jubilación, han venido a mí recuerdos de hace mucho tiempo. He recordado el olor de la sal secándose sobre la quemada barandilla de madera en las tardes de verano en casa de mi abuela. He cerrado los ojos y he vuelto sesenta años atrás. Sentí las caricias del aire y cuando de nuevo abrí mis párpados había llegado de nuevo al verano de 1945.

     La dura posguerra se cebaba con la gente de a pie, y sin embargo yo notaba gran abundancia a mi alrededor. Mi abuelo había sido un Catedrático de Derecho de la universidad que dio a la patria un hijo, mi padre, militar de profesión con cuyos grandes hitos el General Franco se sintió muy orgulloso. Iba al más elitista de los colegios y había decidido para mí un futuro militar. Mi madre era la más hermosa de las señoras de la época, hija de los Marqueses de Cerveige, que dejó sus estudios de literatura para casarse con el militar que tanto despuntaba.

     Fui el primero de los siete hijos del matrimonio, y todos y cada uno de nosotros teníamos el futuro marcado por nuestra familia, y lo sabíamos. Algunos lo han seguido y otros somos desheredados de teta materna y repudiados por quienes antaño esbozaban sonrisas a nuestro alrededor. Pero eso no es el tema que ahora me incumbe. Afortunadamente es algo más positivo.

     Abro los ojos y al mirar al frente aparece la gran casa blanca a pie de playa en la que veraneábamos. La había mandado construir mi abuelo paterno con el dinero que su suegro le dejó en herencia. Para que su mujer se sintiera cómoda al levantarse cada día y viera el mar. Con los años y en voz baja confesó que repudiaba al usurero que le dejó tanto dinero, y que si hizo la casa a la vera misma del mar es porque su hermano médico se lo había recomendado para sus problemas de falta de apetito.

     Mi abuela le importaba un pimiento. Era medio ludópata y excesivamente aficionada a ciertas bebidas alcohólicas. Retirada en la playa estaría mejor. Por eso también levantó aquella casa de enormes balcones de madera, con sus flores rebosando por doquier, cayendo en cascada multicolor por la pared blanca impoluta. Es la casa que estoy viendo, en la que pasé los veranos de mi infancia hasta que a los doce años me mandaron al internado militar.

     Yo no quería nada a mi padre, y mi madre hizo lo posible para que sintiera la misma indiferencia por ella. No recuerdo un beso suyo, de mi padre ni siquiera una sonrisa. Sin embargo a veces agarro los recuerdos de infancia en los que fui feliz, con mis hermanos y hermanas, con los que ahora me trato y con los que no. Y Eulalia, nuestra Nani. Eulalia me hizo feliz a escondidas con sus historias. Me dio amor y entrega, aunque de espaldas a mis padres. Frente a ellos era una institutriz severa que cualquiera hubiera odiado.

     Los juegos, las tardes de té entre niños bien de derechas, las reuniones militares veraniegas, mi abuela vomitando a pie de playa, los disfraces a escondidas, la mierda de clases estivales, los besos, los goces, las sombras… Y ese olor de las salpicaduras de la sal secarse sobre la madera de roble. Ese olor que ha aparecido súbitamente esta mañana.

     Mi vida ha dado tantas vueltas, el destino ha girado y girado hasta que hoy, con más de sesenta años de distancia he reconocido ese olor. He pensado en mis hijos, en cuanto nos queremos, cómo de diferente es eso de lo que he vivido en mi infancia y en mi juventud rebelde, cuando hice por primera vez lo que quise en la vida. Casarme con la mujer más maravillosa del mundo. Una maestra de escuela hija de un rojo que murió en la cárcel. He oído, en ese momento en el que recordaba mi primer beso con Carmen, a mi nieta pequeña llamarme. He pensado en que pensará ella de su abuelo cuando tenga mi edad.

     Ha llegado, y me ha dado un millar de besos. Ni que decir tiene que se me ha caído a baba, es mi perdición, mi pequeña Elena. No sé si ha entendido cuando le he pedido que oliera el aire. Ha inspirado fuerte y me dijo que olía raro. Cuando le he dicho que así olía cuando el abuelo tenía su edad ha puesto la mano en la nariz y ha fruncido el ceño. He pensado de nuevo en la casa. Y no he sentido nostalgia.

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Monday, February 26, 2007

Frases que no olvidaré

     Esta tarde he pasado, de vuelta a casa, por delante de un cartel indicando el desvío para ir a un pueblo. No puedo evitar recordar una frase dicha en 1993 por el marido de la dueña de una tienda de ropa en la que mi abuela gastaba cifras ingentes. No extraña que tratara de ser amable. Aparte de eso lo era. Era el día que mi hermano, completamente empeñado en comprarse un traje de marinero, estaba probando la ropa para la Primera Comunión. Quizás haya sido también la última. Mi hermano de marinero y encantado era provocado por este señor, quien le dijo que en su pueblo, en lugar de hostias, daban bocadillos de chorizo. El pueblo es precisamente el que señala el cartel a pie de desvío. Y yo sigo sin poder separar ambos conceptos.

     Me ocurre algo parecido al ver a una profesora de la Facultad y algunas de las frases que le ha dedicado K., que no es K., sino S. a lo largo de algunos años. Era, supongo que siga siendo, incapaz de decir una frase completa en la que la coordinación de género y número fuera perfecta. Los artrópodos son uno animales que de artro, artro, podo, pie, en latín. Ejemplo evidente como se puede observar. Como estas mil, y a veces peores. Lo más destacable, además de esta falta de concordancia era que no podía hablar y abrir los ojos al mismo tiempo. Boca abierta, ojos cerrados, ojos abiertos, boca cerrada. K. adornó para la posteridad esta peculiaridad diciendo que estaba escasa de pellejo, y que no le daba para toda la cara.

    Mítica es también una frase de otra profesora, de diferente asignatura, que permaneció todo un cuatrimestre escrita en mi mesa. Sé que está mal, pero quien no haya personalizado su rincón vital, miente. En cuanto así, muy someramente, así por encima de esto. Yo me quedo sin palabras, que quieren que les diga. Lo mismo ocurrió cuando una tercera profesora casi arranca aplausos en clase ante una de las mayores aberraciones cometidas a lo largo de muchos años. Mol, molécula, que más da, si es lo mismo. Una molécula de glucosa son ciento ochenta gramos. No le servía con tener de coletilla el mas sin embargo. Para sentirse realizada logró que grandes químicos se revolvieran en sus tumbas. Para acabar con patadas en clase remató con dos detalles de una mujer que logró caerme mal desde el primer día que entró por la puerta de clase diciéndonos que quería ser nuestra amiga. Las ballenas son peces y el mar de los Sargazos está en el Pacífico. No me digan que a veces merece la pena tener algún tapón de cera en los oídos. Van llegándome a la mente algunas patadas más, pero de momento es suficiente, otro día igual recopilo otras pocas.

     Sin embargo una frase que se me ha quedado grabada a fuego, por lo esperpéntico de la situación tiene que ver con mi abuela. Asegura que está de vuelta de todo y que piensa decir lo que se le pase por la mente sin pensárselo ni un minuto. En esta ocasión estuvo épica. El marido de una de sus primas se había suicidado mientras mi abuela estaba de vacaciones un mes de Julio. Decidió no ir al funeral y posterior entierro, y le prometió a la viuda en llamada telefónica visitarla en cuanto acabara la quincena playera. Al llegar y ver que la viuda estaba un tanto deshecha, no se le ocurre nada mejor que pedirle que no llore, que no le merecía la pena, total, él murió porque quiso. No presencié el momento, y sinceramente, lo prefiero. Los ojos se me hubieran salido de órbita y la mandíbula desencajado del susto. En todo caso, la viuda asintió y dejó de llorar. Eficiencia no se le puede negar.

     Y me parece que por el momento está bien de frases para recordar por hoy, me ha gustado y es posible que haga un bis, un poco más elaborado. Por último y por desgracia quiero acabar este post diciendo que, mientras lo tecleaba, han llegado mis vecinas llorosas a decirnos que su perra había muerto. Las noticias no por esperadas son menos duras. Sé lo que se pasa. Adiós Luna.

     Buenas noches a tod@s.

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Sunday, February 25, 2007

Ciclo cerrado

     Anoche se cerró un ciclo. Un círculo que mucho tiene que ver con la existencia de este blog. No quiere decir que deje de escribir. Pienso seguir tecleando para purgar mi mente. Sin embargo ha ocurrido algo que me ha alegrado mucho. He coincidido con V. después de dos años sin vernos.

     Es la protagonista del accidente que relataba en mi primer post, allá por el ocho de Noviembre. En aquella ocasión dije que en algún momento posterior hablaría de ello. No voy a explayarme mucho tampoco en esta ocasión. Pero haberme encontrado con V. ha sido genial.

     Tampoco hemos hablado demasiado. A la salida de una tienda de ropa en un centro comercial hemos actualizado en cinco minutos escasos nuestros últimos meses. Es cierto que me ha sabido a poco, pero el hecho de haber visto después de tanto tiempo a una persona a la que profeso una especial admiración por su gran fuerza, por lo que ha luchado en su vida para salir adelante, a pesar de miles de trabas en el camino, me ha dado una gran alegría. Alegría de las pequeñas cosas que M. dice que es mi sentimentalismo. Es posible que tenga razón, pero es cierto que cosas como estas me dan positividad.

     Estaba tan guapa como siempre. Lo mismo que el viernes anterior al accidente. Lo mismo que en el hospital. Sus ojos transmitían siempre felicidad, incluso en el peor momento. No se me puede olvidar el día que volvió al instituto. Nos sentábamos juntos y yo temblé de nervios al verla. Después de lo que le había pasado, sobretodo a su novio de entonces. No quiero entrar en demasiados detalles por respeto. No ha muerto, es lo único que importa. Actualmente y por motivos lógicos no son pareja, pero ella le tiene un gran respeto y visita con cierta frecuencia, pese a los inconvenientes que le pone la que algún día pudo ser su suegra.

     El diez de Enero de 1998 reapareció en clase. Su pelo había crecido de nuevo después de los cortes desafortunados a los que le sometieron a su llegada a Urgencias. Aún cojeaba y tenía algunos dolores en el codo. Yo temblaba, ya lo he dicho. No tenía ni idea de que podía decir o hacer. Cómo actuar. Llegó con su sonrisa de dientes blancos, tocó mi hombro y me preguntó como estaba. No lo olvidaré.

     Hemos hablado en pocas ocasiones del accidente, y de lo que ha habido después. Pero cuando lo hemos hecho, me ha abierto las puertas de su corazón de par en par. Son intimidades que no pienso desvelar, porque las cosas que se hablan así, deben quedar para dentro.

     V., espero que volvamos a vernos pronto, y deseo que todo te vaya bien en la vida, como te está yendo ahora, que bastante has pasado ya. Buenas noches a tod@s.

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Saturday, February 24, 2007

Pijas insufribles

     Perdónenme si alguno o alguna de ustedes, lectores y lectoras, lo son, pero yo no les soporto. Comprendo que a partir de este momento me increpen y vilipendien, y con ello cargaré. Con lo que no pienso cargar es con las ganas de contar cuatro cosillas al respeto.

     Bajaba el Viernes en autobús hacia el centro de la ciudad y me asaltó una duda que me hizo levantar la mirada del libro en el que estaba inmerso. El tiempo no lo cura todo, de Olga Lucas. Me pregunté que hubiera sido de los pijos y las pijas si en el idioma español no se hubiera comenzado a utilizar, hace ya unos pocos años, la palabra tío o tía, para llamar a otras personas que no guardan relación de hermano con alguno de nuestros progenitores.

     Tres pijas, y lo siento, pero no se me ocurre ninguna otra forma de denominarlas que no suene peyorativa o roce el mal gusto, esperaban en la misma parada a la que llegué para tomar el transporte público. Apenas tardó cinco minutos en llegar, pero entre osea, jo tía y aspavientos de la melena yo ya tenía suficiente para este blog. No me hubiera hecho la menor falta treinta minutos más en su compañía. Con lo que me enrollo ya hubiera cubierto una buena Purga de mente.

     Del atuendo ya ni hablo, para qué. Desde que las rayas en el pelo se llevan tres centímetros por encima de la oreja derecha, las cosas no son lo que eran. Si Bobby Charlton llega a saber quien ha recuperado su costumbre, seguramente se hubiera rapado la cabeza… Yo soy el primero al que le gusta la buena ropa, y confío en algunas marcas, es cierto, pero también hay que saber cómo vestirlas. Una vez oí que el gusto estético de esta tribu urbana, que diría Pepe Colubi, consiste en que los demás vean las marcas, para que sepan que, quien las viste, se las puede comprar.

     Imagino que eso incluye el tener que llevar más capas de ropa que una cebolla, todas superpuestas, y con una bufanda. Así se ven marca de la camisa que se intuye, del jersey, de la cazadora que sólo lleva un botón abrochado, y de la pashmina. Este era en look de una de las usuarias del bus. Una chica rubia que hablaba por los codos y a quien se le pudieron contabilizar, sin exagerar, más de cien repeticiones de “tía”. Solía meter baza con otra, que bien necesitaba una ortodoncia. Tanta marca por fuera y no hay un duro para permitir que el labio superior guarezca los dientes que lucen como teclas de piano algo amarilleadas, eso pensaba mientras la tercera en discordia hacía ejercicios con su muñeca, recogiéndose el pelo tras la oreja sin cesar. ¿Conocerá las horquillas?, o ¿es que no las hay de marca?

     No sé bien de que hablaron, con tanta letra ese arrastrada y tanto jo tía no podía seguir el hilo. La verdad que no lo hubiera hecho aunque me hubiera sido posible, de hecho lamento haberme quedado sin batería en el mp3 para ir absorto en alguna canción además de en la lectura.

     Las tres estudiantes de Derecho, que fue lo único que llegué a captar, se posaron unas paradas antes que quien les escribe. Planeando que hacer para ocultar al padre de la rubia de pashmina rosa mítica, que no había aprobado una sola asignatura. Dios, si existe, cosa que dudo, nos libre de una abogada así, y dénos ejemplos de buenos profesionales, que los hay.

     Buenas noches a tod@s.

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Thursday, February 22, 2007

La percepción del cambio climático

     Me parece evidente que todos nos damos cuenta de lo que está cambiando el clima. Algunos dicen que se ha vuelto loco y otros opinamos que poco a poco nos estamos cargando el planeta. No llevamos precisamente mal camino si ese es nuestro propósito, de hecho vamos bien derechos hacia nuestro objetivo.

     No son precisamente lo más normal del mundo estas temperaturas en Febrero, lo mismo que no las fueron las de Enero. Evidencias de que al menos en 2007 hay cosas que cambian, que no son como han sido históricamente, las hay. Abrir la ventana y ver un sol brillante, o estar en la calle con las gafas de sol y sin necesidad alguna de abrigo en esta época no creo que nos haya pasado en muchas ocasiones. Por lo menos para quienes no habitamos las Islas Canarias, más acostumbradas a estas cosas.

     Hace varios días que observo algunas evidencias más de estos cambios. Si nos avisan, que sepan que es por algo. Algo tiene que poner cada uno de su parte para que la cosa no se ponga fea del todo. Entre las evidencias que destaco están la floración invernal de una azalea que tengo en la terraza. Se supone que esto ocurre en Mayo. La mimosa sin embargo va tirando a retrasada. No ha habido época fría verdaderamente dicha, y muchos vegetales requieren de bajas temperaturas invernales para un correcto desarrollo posterior. Las peras rojas acaban de llegar al mercado, al menos por donde yo me he pasado esta mañana a comprar setas para la plancha. En condiciones normales deberían de haber aparecido por los mostradores hace varias semanas.

     Oleadas de pájaros perdidos vagan por las grandes explanadas cercanas a mi ciudad. Tan sorprendidos de encontrarse en el segundo mes del año como se encontraría un pingüino en Playa Bávaro. Las prunaceas, cerezos y similares, para no quedar demasiado científico ya han abierto sus flores. Por algunos sitios se encuentran en pleno cuajado. Apenas ha helado hasta ahora, y cuando lo ha hecho un sol que calentaba más de lo habitual por las fechas en las que andamos nos sorprendía. De nieve ya ni hablo. Un sólo dia de ausencia laboral… Eso y poco disfrute del manto blanco. Las tiendas de ropa han visto mermada su campaña navideña. Leía hace días que se han vendido la menos de la mitad de abrigos de señora que el año pasado.

     Pero lo principal que me gustaría destacar de esta disertación, seguramente aburrida, por ser tan real, es que nosotros somos responsables de lo que ocurre en la Tierra. Sé que han oído este comentario mil veces, y también presagios de agonías venideras. No voy a tomar ese rumbo. Simplemente para acabar, les insto a dejar de mirarnos tanto el ombligo, mirar a nuestro alrededor y apreciar cambios que son tan evidentes como estos aquí resaltados. Que tenemos que hacer ya se sabe, no hay que volver a repetir hasta el hartazgo que pequeñas cosas que no cuestan nada ayudaran a que esto no siga su mal camino.

     Buenas noches a tod@s.

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Tuesday, February 20, 2007

Ana

     Ana es la persona más fabulosa del mundo, tanto que no merece sólo una inicial. No digo que el resto de así mencionados no merezcan su nombre completo, pero Ana especialmente. Ana es mi madrina y hoy le dedico estas líneas por el simple hecho de existir.

     Ha tenido altibajos de suerte en su vida. Ahora toca un momento bajo, salir de dicho momento. Esta superando un cáncer de mama. Tiene 41 años y hace uno que fue mastectomizada. Le extirparon una masa tumoral de tamaño importante en su pecho derecho después de cuatro sesiones de quimioterapia en los que el tumor, de origen no hormonal y perfectamente definido, se redujo considerablemente. Siguieron seis sesiones más de quimioterapia y veinticinco de radioterapia.

     Es muy duro, muy muy duro, a mí que la quiero con pasión me resulta complicado plantarme aquí y soltar estas palabras. Más cuando estas cosas te caen tan cerca y que además tiene una calidad personal insuperable. Hace ya unos cuantos años, leí que el número más grande existente era el número de quarks integrantes de todas las moléculas formadoras de partículas en universo. No recuerdo que calibre tenía semejante cifra. Pero lo que importa es que si ese número fuera elevado a si mismo, y el resultado fuesen adjetivos calificativos positivos, ese numero, representaría apenas el 0.1% de cuan excelente es Ana.

     Pero esta luchando. Lucha y va a vencer. Por ella y por su familia, sobretodo por sus hijas, de casi 9 y 6 años. Por ellas ganará esta dura batalla. Luchará para que su brazo librado de los ganglios axilares por precaución vuelva a drenar bien, a recuperar su movimiento. Vencerá como ha vencido el pelo a la calvicie tras el tratamiento. Conseguirá cosas tan buenas como la jubilación de su puesto de funcionaria, recientemente concedida, que le permite estar siempre con ellas, viéndolas crecer. Según ella lo más positivo de este momento.

     Y yo lo voy a ver, y todos vamos a ver cómo sale adelante. Como gana la batalla. A veces tiene miedo, todos lo tenemos. Recaídas emocionales bastante fuertes de las que recuperarse no siempre es sencillo, pero siempre lo hace. Siempre gana, y ganará la batalla al cáncer. Y lo celebraremos, y contaremos los años que van pasando. Y seguirá aquí. Porque por encima de todas las cosas. Nadie lo merece más que ella. Absolutamente nadie, por buena persona, lo merece más que Ana.

     Buenas noches a tod@s. Y a ti, querida Ana, fuerza.

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Sunday, February 18, 2007

Historia del tugurio sorprendente

     Prometo no extenderme mucho. He cenado fuera y no me revuelvo. En primer lugar decirles a Kriti, M. e inegro que siento pasarme poco por sus blogs estos días. Encima Princess ha abierto uno. Me quiere tanto que me copia. Lo dice ella, no yo. El tiempo no me sobra precisamente. Más bien me falta. Incluyo el ocio y la fiesta en tiempo ocupado, que este fin de semana me ha robado unas cuantas horas. Bueno, no creo que sea robar, más bien lo veo como invertir.

    El mismo viernes por la noche es un claro ejemplo, G., P., C., P., S. y yo anduvimos de rones y vinos por la capital. Logré resucitar después de la siesta en horas tardías, ópera y algo de cenar. Al acabar la jornada festiva y con S. no sé donde, fuimos a comer algo a un antro. Me gustaría calificarlo como bar, o como restaurante, pero soy incapaz.

     Les prometí que lo contaría en estas líneas. Y en eso estoy. Me pareció tan surrealista la escena que es digna de mención. El lugar, de cuyo nomrbe no me acuerdo, y si lo hiciera nunca diría, prepara hamburguesas y perritos calientes a cualquier hora de la noche. Sé que eso no es extraño, hay un buen número de locales por la zona de movida que se dedican precisamente a eso. Pero este es especial. Muy especial. Para empezar parece el bar de Cuéntame, pero en gastado, muy gastado. La barra, las sillas, las baldosas, todo es muy anterior a mi nacimiento. Diría casi que anda por la época de nacimiento de mi padre. Lo ubico el los cincuenta sin forzar. Con pocas o ninguna renovación posterior, salvo la adaptación al euro y pegatinas varias.

    Tras la barra aparece un señor pequeño y muy moreno con una cara de pocos amigos que espanta. No es para menos. Pueblan el local borrachos como cubas con golpes en los ojos, una pareja que se comen las campanillas en sus besos. Una mujer de rasgos orientales y otra de color gritan Oh my God! y nosotros. Algunos otros, pero eso es lo más destacable. Como para tener buena cara. Apunta con desdén lo que le piden, y entona con su acento cubano a voz en grito la orden para la cocina. Al fondo. Ya me doy cuenta de que significa tanta pegatina de Cuba y de bandera republicana. El dueño, según confiesa otro usuario es cubano. Cuando veo un mapa al final del tugurio de la isla no pedo más que recordar mi estancia en la isla, pero eso no es el tema.

     Lo más sorprendente, al menos para mí, por encima de los mojitos que nadie pide en un bar para abuelos acostumbrados al vino, abierto toda la noche, es el gesto que hace el chico que nos informa. Un camastro, nos señala un mal camastro. Un colchón tras la barra y unos cojines. Si me dicen que tiene piojos, me lo creo. En ese lugar duerme el dueño del local. Ver para creer. Me paso un buen rato observándolo sin quitarle ojo. La cara de mala leche del cubano tendrá que ver con los dolores de espalda que le causa semejante lugar de descanso. No me cabe mucha duda.

     Mientras tanto dos de mis compañeros de noche, sin decir iniciales, se van a dar palique con la chica oriental y la de color. Conversación surrealista del todo, los tres que quedamos al otro lado de la barra no damos demasiado crédito. Sobretodo yo, que no engullo una hamburguesa gigantesca con un huevo entero que se deshace. Se me ha grapado el estómago. Quiero irme en el siguiente tren porque literalmente ya me caigo de cansancio y lo que he visto al final de la noche me deja de una pieza. Me voy para casa y sueño que vuelvo al local. Pero eso lo dejaré para otra purga de mente.

     Y aunque este post no tenga muchos pies y menos cabeza, se asemeja a la situación vivida cuando el sábado amenazaba con amanecer. Difícil de olvidar. He sido aceptablemente breve y he cumplido lo que les prometí. Buenas noches a tod@s.

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Friday, February 16, 2007

Tesis y buena vida

     Tengo la boca espesa y los ojos aún no están del todo abiertos. Para despejar he puesto un aria de ópera contundente, de esas que según Woody Allen, al escucharlas un buen rato, te dan ganas de invadir Polonia. Por cierto he oído que está frase de Misterioso asesinato en Manhattan es originaria de Chaplin. Si alguien lo sabe, que me responda. Gracias de antemano. No son las Walkyrias con sus carnes abundantes y sus cuernos vikingos quienes se encargan de despejarme. Yo con O fortuna, de Carmina Burana o el de Nessun Droma en la voz de Pavarotti me cargo las pilas. Algo que te lleve del todo a la landa en un segundo.

     Se me ha cronificado la vagancia que arrastraba esta semana y no iba precisamente en el último día antes de un estupendo fin de semana de cuatro días a ponerme en marcha. Bendita Enseñanza. He madrugado, como de costumbre más de lo que es sano, y he trabajado tres horas, hasta las once de la mañana. Las temperaturas andan muy locas y en lugar de un caldo para paliar el frío, entran ganas de unas cañas en una terraza. Al menos a mí. Y ya se sabe, hay que permitirse algún momento de sosiego laboral. Ya sé que tengo más que muchos, y hoy ha caído otro.

     A las doce de la mañana E. leía su Tesis Doctoral. Se convertía en Doctora con un trabajo que a pesar de tornárseme en ocasiones un tanto abstracto, por el desconocimiento de la materia, ha sido, bajo mi opinión sinceramente brillante. Lleno de conclusiones verdaderas, algunas sorprendentes, de nuevo bajo mi prisma, y sin elucubraciones típicas y tópicas. Ha merecido sin duda el ciertamente desprestigiado Sobresaliente cum laude que le ha otorgado por unanimidad en Tribunal.  Hago este inciso porque muchas veces parece que se regala semejante galardón. No dudo jamás de los tremendos esfuerzos que hay que hacer para parir una Tesis. Una leve idea tengo. Sin embargo a veces uno se encuentra con un contenido vago adornado con una presentación y posterior defensa tediosa e incomprensible que bien ayudaría a esconder bajo llave las susodichas alabanzas latinas. E. ha estado soberbia. Podría incluso ponerse con mayúsculas, y destaco que el trato que nos une es puramente de cordialidad entre compañeros, no de amistad. No se crean que es todo pasión.

     Pero antes de meterme en la sala en la que se llevó a cabo el acto, tuve, matemática pura, una hora libre que fue llenada con una escapada a uno de los locales más míticos de la capital. A las once y cuarto me encontraba leyendo en la barra del concurrido local ¡Oh, es él! de Maruja Torres mientras un vermouth empujaba un par de gambas a la gabardina, máxima especialidad del conocido lugar. Son gigantes, también se pagan como tales. Cinco minutos antes del mediodía entraba en el Salón de actos recordando andanzas sexuales de un andaluz en Los Ángeles descritas en el libro. También me apetecía otro vermouth. Pero he resistido.

     Hasta que acabó la Tesis. Para celebrarlo fuimos a otro bar en el que, sin gambas a la gabardina cayó otro vermouth. No tenía tiempo para ir a comer a casa, así que telefoneo a mi madre y la pongo al corriente. C. que siempre come fuera y ha ido al acto responde a mi sugerencia para comer en un restaurante de cocina casera de verdad. Con el menú del día empujamos para el cuerpo una botella de tinto con gaseosa y un café con un orujo de miel posterior en una cafetería contigua. Me siento la mar de relajado y vuelvo al tajo para rematar el día tarareando una canción que sonaba mientras comíamos.

     Llego a casa en autobús, el problema estriba en la distancia entre la parada y mi casa. Por el medio la calle peatonal llena de cafeterías, bares y cervecerías en las que paso algunas horas. Miro el reloj, y no tengo plan para salir esta noche. Una cerveza por favor. Otra y con la vista empiezo a comerme un pincho de tortilla de setas y gambas que luego acabo masticando con la boca y deglutiendo. Recibo un mensaje en el móvil de G. preguntándome si me uno al grupo para salir esta noche. A la hora y en el lugar de siempre. Acepto.

     Cuando abro la puerta de mi casa pienso en lo bien que me vendría acostarme un rato para descansar. No tengo pudor alguno en decirle a mi madre que lo haré. Que me encuentro algo cansado, pero que esta noche voy a salir, así que me tumbaré en la cama a prepararme para la noche. Y eso he hecho hasta las nueve menos veinticinco de la noche. Cuando me he levantado como describía al principio de este post, tras una hora de siesta tardía.

     Para acabar de prepararme me queda afeitarme y cenar. Luego escogeré modelo y haré lo que pueda con el pelo. Perfume y listo para un ron en compañía de los amigos de toda la vida. O dos. Bueno, listo para la fiesta. Buenas noches a tod@s. Que ustedes lo pasen bien.

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Thursday, February 15, 2007

Reencuentros

     Creo que existen días en los que las casualidades se condensan de una forma que si no fuera por mi escepticismo, podría considerar extraño, superior a la normal. Lo mismo es eso que algunos llaman destino. Llevas sin ver a algunas personas mucho tiempo y te encuentras con varios el mismo día, incluso al mismo tiempo. Llevas tiempo sin hacer algunas cosas, o sin comer algo, y en una sola jornada todo surge. Algo así me ha pasado hoy.

     La mañana se presentaba laboralmente relajada, así que accedí a la petición de mi madre. Tenemos una boda y hay que comprar ropa nueva. La excusa es que miraríamos algo para los dos. Yo sin embargo sabía de sobra que me iba a pasar un buen rato, por no decir que imaginaba que comeríamos fuera, de tienda en tienda y de modelo en modelo. Acepto a cambio de un café y pincho a media mañana, pensando que también caerá la comida sin que haya comprado nada, ni yo haya siquiera pasado por delante de algún comercio en el que vendan trajes de caballero.

     Salgo caminando del laboratorio para reunirme con mi madre en una de las principales calles de la ciudad. Las tiendas de ropa brotan por doquier y algo me dice que visitaremos unas cuantas en las que las amabilísimas dependientas van a echar el resto para colocarle ropa de firma con precios ingentes. Me va a tocar caminar, por eso ya llevo calzado cómodo.

     Bajo tranquilamente y a la altura del hospital me encuentro con B. y M., padres de I. Hace unos dos años que no los veo, quizás más. Siguen como siempre. Si a mí se me considera extrovertido lo de B. es alucinante. Profesional de la vida social. A B. acaban de operarle. Cirugía ambulatoria. Anestesiar, rajar, sacar, coser y para casa. En eso andaban. En eso y en una riña, como siempre. Le acababan de extraer un bulto generado por uno o varios pelos de la barba, que tozudos ellos decidieron creer hacia dentro y enquistarse. B. lleva barba y la discusión, de la que me hicieron partícipe tras los besos y abrazos. M. insiste en que se la quite, y él dice que ni hablar. Hoy mismo salía de operarse solamente con un rectángulo de barba afeitada, sobre la que extirparon y cosieron dos pequeños puntos. Les dejé dilucidando sobre el tema, tenía que dar el visto bueno a un montón de ropa.

     En una plaza céntrica me tropiezo literalmente con P., otra a la que llevo sin ver desde el verano. Preguntas rutinarias acerca de la familia y hasta luego.  Cien metros más abajo, llegando a destino encuentro a M. Es a quien menos llevo sin ver de los tres, una especie de cronómetro de encuentros, de lo más lejano a lo más cercano. Nos hemos visto por última vez en una cena homenaje de la que escribí un post allá por Noviembre. Alucino de lo moreno que está. La razón se me aclara en cuanto pregunto por semejante color.

     Veinte días haciendo un reportaje en el Caribe. Una envidia no sé cómo se sana o insana se me instala en la mirada. Quiero volver al Caribe, puta mierda de sueldo. M. es bastante conocido en la ciudad por su profesión, de hecho me enteré de su segunda separación matrimonial hace unas semanas en una exposición fotográfica con ágape en la que coincidí con su ex-mujer. Quien por su tono excesivamente suave y meloso nunca me ha convencido del todo. No fue ella quien me puso al corriente. Otras lenguas ponzoñosas lo cuchicheaban mientras empinaban un tinto y sonreían. Crónica social local.

     Por supuesto no le he preguntado nada al respecto. Tampoco le pude preguntar mucho más. Ese móvil que no deja nunca de sonar hizo lo propio, y yo que iba un poco apretado de tiempo le he llamado después para tomar un café mañana por la mañana. Puede. Que es lo que más me sorprende.

     Llego a la vez que mi madre al lugar acordado. Suspiro pensando lo que me espera, y sin embargo me llevo una sorpresa increíble. Compra en la primera tienda, el primer modelo que le ofrecen. Mientras se lo prueba y la dependienta se deshace en comentarios complacientes, doy vuelta a algunas etiquetas. Estamos en la tienda de un conocido diseñador y las rebajas a pesar de ser muy buenas siguen dejando unas cifras en las etiquetas que me espantan soberanamente. Faldas al 50% de su precio original a 250€. Cojines de autor rebajadísimos a 50€. Todo así. 

     Me gusta lo que se ha comprado. El precio no tanto. No tengo que pagarlo, lo sé, pero me parece alucinante lo que hay que pagar por un tres piezas de fiesta en tonos azul petróleo y cobre de organza que sólo se va a utilizar una vez. Esta descripción es la exacta de la dependienta con sonrisa enorme al comprobar que se va a llevar comisión. Y he pedido ayuda a la dueña para transcribirla. Me niego a escribir lo que ha pagado. Educación, amor y que uno tiene que tratar de ser caballero en algunas ocasiones.

     Salimos de la tienda y encontramos a J. Le presento a mi madre y mira las enormes bolsas con extraña curiosidad. Nos hemos visto en Navidades y nos ponemos laboralmente al día. Destripamos a O. que se nos da de miedo y nos despedimos. Mi madre y yo al café y pincho en un local de lo más variopinto. Acabamos y nos vamos para casa. Como no, encontramos a la última persona conocida.

     B., madre de alguien especial, ya me entienden quienes me leen. Pregunta y ve la compra. Hace un comentario acerca de lo que debe costar todo eso y compara mi madre con la suya. Mi abuela, quien siempre ha vivido la mar de bien, gastando lo que le apetece y haciendo lo que le da la gana. Las dos se parten de risa en medio de la calle. Por fin, para casa.

     Y ya no me pongo a hablar de la tarde, que no ha dado de sí más reencuentros, que bastante tiene que leer el respetable. Sólo indico que las geniales obras que se están llevando a cabo cerca de mi casa generan caídas de red que no me han permitido publicar este post el día quince, que sería lo deseado. Buenas noches a tod@s y encuentren sin buscar.

Posted by Purga de mente at 23:08:15 | Permalink | No Comments »