Personas especiales
En uno de los últimos posts he hablado de J., arquitecto y padre de una chica a la que debo definir como especial. Prometía purgar mi mente explicando algo acerca de personas fuera de lo habitual. Me refiero a paralíticos cerebrales. La hija de J. lo es. Por fortuna, y digo bien, por fortuna, es un tema que conozco. Creo que aceptablemente bien. El trato estas personas me ha aportado, por mucho que a la gente le sorprenda, más de lo que hubiera llegado a imaginar. Permítanme eso sí, no indicar ni una sola inicial en este blog.
Unos amigos de mis padres tuvieron un hijo que por un error médico durante el parto padece parálisis cerebral poco tiempo después de que naciera mi hermano. Era su primer hijo. Han sido muy valientes y han tenido otros tres perfectamente sanos. Digo que han sido valientes, porque como he dicho conozco a un buen número de padres y madres de estas personas tan especiales para mí. Podríamos a groso modo hacer varios grupos. Padres cuyo primer hijo nace con problemas y no tienen más descendientes. Los que se atreven y tienen nuevos descendientes. Para otros es el último de sus descendientes el que tiene la parálisis. Por último el grupo menos habitual por la que es mi experiencia, es un hijo o hija mediano o mediana quien es especial.
No es que me guste llamar especiales a estas personas, lo que no me gusta es llamarlos enfermos. No lo son bajo mi punto de vista. Una enfermedad es algo distinto, incluso las que nos acompañan desde el nacimiento a la muerte. Suena raro e incluso descabellado, pero lo veo más bien como un modo de vida. Por definirlo de alguna forma. Tu vida transcurre con ello. La diabetes por ejemplo es diferente, pueden ser como la mayoría con una inyección, y la gran mayoría de enfermedades acaban desapareciendo. Consabida son las excepciones. Se puede vivir siendo paralítico cerebral toda una vida. Vida especial, pero vida. Ya digo que esta divagación puede ser del todo sorprendente, pero es tal cual yo lo veo, acierte o me equivoque.
Aparte del primer caso que conocí, pocos meses después de que naciera mi hermano. La vida me ha puesto en ruta a estas personas. No hace demasiados años empezamos a interactuar, a colaborar, a trabajar. Al principio fue duro, muy duro e impactante. En una vida corriente no todo el mundo se topa con ellos a diario. Del mismo modo no es ni comparable verlos por separado que en un centro. Puedo describirlo como impactante. Pensé en dejarlo, soy sincero. Pero el orgullo que tanto me caracteriza no me dejó. Hoy pienso que he hecho muy bien. Antes lo decía, me han descubierto mundos paralelos dentro del nuestro, tan desconocidos y maravillosos que sólo puedo estarles agradecido.
Ni que decir tiene que la parálisis cerebral no tiene porqué afectar a las condiciones psicológicas de los y las afectado y afectadas. Por ejemplo con algunos de ellos he tenido conversaciones sumamente interesantes, me han ganado a las damas y hecho trabajos manuales geniales. Uno de ellos tenía un nivel de inglés que aún me sorprende. No me gusta por supuesto que se tenga una idea de que son personas que apenas son capaces de moverse, respirar o deglutir. Haberlos haylos, como de casi todo.
Con ellos me sentí verdaderamente útil por primera vez. En mayor o menor grado dependen de terceros. Cuando ese tercero eres tú, y lo que haces sirve y satisface, se puede hablar de orgullo y utilidad. Y de eso todos queremos trozo. Lo supongo inherente al ser humano. Nunca se me olvidará el día que uno de ellos con un euro en la mano me pidió que empujara su silla de ruedas hacía la máquina de refrescos. El objetivo, sacar un bote de Coca-Cola. La risa y felicidad que sentimos no se puede definir con palabras. Esta persona es mi favorito. Si merece la pena conocer a alguien, no me cabe duda, es él.
No he hablado tampoco mucho de ellos y ellas. Supongo que volveré a hacerlo, o iré contando cosas poco a poco de aquí en adelante. Mientras tanto que les vaya bonito y buenas noches a tod@s.