Saturday, February 3, 2007

El tango y mi abuelo

     Hace no poco tiempo recibí un encargo de mi abuelo paterno. Preguntaba si existía alguna forma de encontrar por Internet una canción. Silencio, de Carlos Gardel. No recuerdo si se trata de una canción de su infancia o juventud. Me quedo con un dato. Asegura que lleva más de cincuenta años sin oírla, sin embargo recuerda cada una de las palabras, los gestos, las comas e incluso las notas del tango. La entona, muy bien, por cierto, no vean que portento de voz sigue teniendo mi abuelo rondando los ochenta. No es pasión de nieto, bueno un poco también, pero es perfectamente comprobable semejante capacidad vocal.

     De su memoria sólo cabe decir que es absolutamente increíble, gigantesca. Muchas veces le han comparado con el difunto Matías Prats. Él se enorgullece. Destaco un detalle que vieron mis ojos y oyeron mis oídos. Hace unos cuantos años paseábamos por el mercado dominical de la capital. Un hombre mayor pasa por delante. Mi abuelo detiene el paso y en el acto asegura conocerle. Nada demasiado extraño. Su puesto de trabajo sumado a su extroversión extrema y gusto por la vida social (Me encanta parecerme a él en este sentido), le ha permitido conocer a miles, digo bien, miles de personas y casi con total seguridad, recordarlas a todas. Prosigo con lo que estaba contando, perdonen este ramaje del post. Conocía al señor de abrigo color marrón de la mili.

     Lo leen bien, del servicio militar. De Sidi-Ifni, el grupo de paracaidistas que aterrizó provenientes de Alcantarilla en medio del Sahara. Muchos, como mi abuelo no se habían tirado jamás en paracaídas. Sin embargo y más de cincuenta años después, fue capaz de reconocerlo. Mi abuelo picó por la espalda al señor en cuestión, que puso cara de no tener ni la más remota idea de quien le requería. Una serie de datos, imagino que militares y anécdotas varias que no recuerdo. Yo con alucinar ante la escena tenía más que suficiente. Se reconocieron, se fundieron en un abrazo intenso lleno de emoción y extraña nostalgia. Se me escapa el nombre del reconocido. Pero no la cara que puso, mezcla de incredulidad y satisfacción.

     Hablaron no demasiado tiempo. Yo mientras tanto permanecí alucinado. Al relatarle a mi abuela lo sucedido apenas se inmutó. No le pareció tan extraño. Se había visto en otras ocasiones en tesituras similares. Volvieron a despedirse con gran efusividad. A mi abuelo, quien de por sí viste una sonrisa en la cara de continuo, no se le borró aquella en bastantes días.

     Lo cierto es que la intención de este post era comentar otra historia, pero mi abuelo es uno de los pilares fundamentales en mi vida. Lo digo sin dudarlo y a corazón abierto. Nos peleamos con cierta frecuencia, la verdad. Más bien le increpo por seguir haciendo cosas que no debería hacer. El me manda a la mierda y no me hace ni puñetero caso. Alguna vez si que ha obedecido, pero podría contarlas con los dedos de una mano. Sólo le hace caso a mi padre, a quien le tiene un respeto digno de admiración. Si mi padre abre la boca acata que es una maravilla. Al resto lo dicho, a la mierda como poco.

     Que conste que las pequeñas riñas son por su afición a la buena vida. Ha tenido una vida que llenaría más páginas que la Enciclopedia Británica. Apasionante e increíble. Tampoco voy a destriparla aquí y ahora. Le increpamos por fumar, comer y beber. A su favor diré que ha abandonado la pipa que tanto le caracterizaba y los Cohiba Espléndidos traídos de La Habana. Sin embargo y cuando puede sigue metiéndose para el cuerpo un buen whisky, un coñac estupendo o una comida copiosa. Aún así se cuida un poco, menos de lo que debería, pero va abandonado las costumbres, bueno va reduciendo la frecuencia de excesos. Ha tenido achaques pulmonares y coronarios más que serios. Pero ahí sigue, yo, por supuesto, deseo que por los máximos años posibles, con una buena calidad de vida. A estas alturas de la vida lo que hay que desear es calidad de vida. El amor, o la evolución de este tras más de cincuenta años de matrimonio y gracias a que económicamente siempre ha estado francamente bien y ahora lo está seguramente mejor, sólo hay que desear salud.

     Acabo aquí indicando la verdadera intención de estas palabras de hoy. Conseguí la canción, no con poco esfuerzo. Reuní otros cuantos tangos que le gustan y grabé un disco de Carlos Gardel. Que conste que esta piratería se produce porque no fui capaz de encontrar ni un solo cd en el que apareciera el tango de 1933 Silencio, y no fue porque buscara largo tiempo en muchos lugares. Después de eso me ha pedido unas cuantas canciones más, de diversos autores. María Dolores Pradera, Lucho Gatica, Armando Manzanero, Manolo Escobar, algo de copla de Concha Piquer y Lola Flores para mi abuela. Vamos que tiene el radio cd todo el día funcionando con aquellos sones de su juventud. Le veo escucharlos, sonreir, cantarlos y a veces hasta bailarlos y me siento feliz.

     Buenas noches a tod@s.

Posted by Purga de mente at 21:30:21 | Permalink | Comments (3)