Monday, February 5, 2007

Pasión belga

     María me presentó a su homónima belga una tarde de verano en la que las moscas no osaban posarse sobre ninguna superficie por miedo a calcinarse instantáneamente bajo el sol infernal. Esa misma noche la chica del país del chocolate Godiva y yo acabamos sudando hasta empapar las sábanas de su dormitorio. Hasta hoy han pasado quince meses de charla distendida, pasión sin freno y el mejor sexo que haya probado.

     Marie Greta Loonlaan vino desde el Centro Universitario de Limburgs, en la ciudad de Hasselt a darme placer en mayúsculas. Se supone que su acometido no era este, también está la suposición que la pondría de nuevo en su país al acabar los meses de estancia con la beca Erasmus. No es ni remotamente parecido. Ha abandonado su vida universitaria cómoda de hija única de un padre médico y una madre profesora universitaria a la que no le faltaba de nada, por la de canguro ocasional, profesora particular de francés y alemán y camarera de fin de semana. Con eso y no me importa que otras cosas paga su alquiler en un apartamento en pleno centro y sobrevive.

     Se que no se ha quedado por mí. No creo ser el único hombre de su vida, la verdad. Poco, o más bien nada me importa. No conviene enamorarse, y no lo queremos hacer. Yo no tengo a nadie más como ella, pero de su apartamento salen muchos más como yo. Su forma de ver la vida, de sentirla, de vivirla me ha atrapado como a un insecto en una tela de araña. Con la salvedad de que yo si puedo escapar, pero no me da la gana. No nos ata nada que no sea un fuerte instinto animal. Muchas noches, tras el sexo, pienso en que poco sabemos el uno del otro. Profesiones paternas y maternas, algo de los hermanos, otro poco de nuestros estudios y anécdotas de poca índole. Sin embargo conocemos bien nuestros cuerpos, nuestras pieles lamidas, acariciadas, palpadas y olidas mutuamente milímetro a milímetro.

     Al cumplir un año de esta compleja y para muchos incomprensible situación, quise regalarle algo. Algo demasiado material para su gusto un tanto hippie. Durante la cópula de esta noche arañó mi espalda salvajemente. Me hizo daño. Dañada dijo sentirse también porque yo creyera que un reloj era un buen regalo para ella. Al levantarse de la cama lo estampó contra la pared ante mi estupefacción. Recogió lo que quedaba de él mientras me ponía el bóxer y lo lanzó por la ventana. Quiero algo tuyo no tan material. Esmérate.

     Salí del apartamento entre enfadado y contrariado, sin embargo unas ganas extrañas de expresarme hicieron que me plantara ante un lienzo en blanco. Llevaba más de un año sin pintar. Tuve suerte de que las pinturas aún sirvieran. Pinté rabia, pasión, locura, deseo, sentimientos que no se pueden expresar. En cuanto el cuadro estuvo seco se lo llevé. Eres tú, le dije. Me gusto, atinó a contestar un segundo antes de quitarme la camisa. No se me olvidará aquella noche de fuego carnal.

     Ha colocado el cuadro en la pared principal del salón. Me ha dicho que algunas visitas preguntan por él. Dice que es ella después de un año de amor. Lo dice porque le encanta la canción de Luz Casal. A mí me asegura que no me ama, Yo creo que tampoco la amo. Nos deseamos y nos necesitamos. No me planteo nada. Me llena cuando me hace falta, me aporta cuanto necesito y más. No sólo en el sexo, aunque siendo fieles a la verdad es una actividad estupenda en la que invertimos largas horas de placer y uno de nuestros modos de pasarlo realmente bien. Valoro también sus comentarios, sus ideas sobre los españoles universitarios al humo de su cigarrillo francés frente a un chocolate, cuando me regala su presencia en clase sólo para decirme que quiere verme, cuando me dice que cierre los ojos y vuele con ella a su antigua vida. Pide que se la cuente como yo la imagino, sin saber demasiado de ella. Y yo me dejo llevar.

     Mi familia no la conoce, pocos amigos tienen esa suerte, con alguno quizás se divierta y yo hago que no me entero. Me sé especial, ella también lo es para mí. No sé cuanto durará, ni como acabará. Quizás alguno de los dos encuentre a alguien diferente que le haga abandonar al otro. Otras veces nos imagino tal y como estamos ahora dentro de cuarenta años. O quizás seamos amantes ocultos. O puede que nos abandonemos despechados mañana mismo y nunca sepamos más el uno del otro. Si sé que estaremos marcados con el sello del otro. Aunque parezca lo contrario, no pierdo demasiado el tiempo pensando en el futuro desde que la conozco. Vivimos un presente que es un barco que navega libre y sin rumbo en el mar, y somos sus tripulantes merced al destino que no podemos planear, y lo mejor de todo, no nos importa.

     Si me pregutáis si soy feliz, sólo puedo responder que más que muchos de vosotros. Si me llamáis loco, quizás no estéis equivocados. Si me consideráis valiente, os daré la razón. Cuando me critiquéis no os escucharé. Al felicitarme tampoco haré caso. Vivo mi vida sin molestar a nadie, como quiero, porque es lo único que me pertenece. Dejadme hacerlo.

Posted by Purga de mente at 22:13:46 | Permalink | Comments (2)