El aburrido experimentador
Hace unos cuantos días hablaba de la cocina innovadora, de autor, o como quieran llamarla, en todo caso muy cara y muy escasa, y esta tarde presa de un extraño aburrimiento he plagiado un poco de esta teoría de la alquimia gastronómica. La verdad es que no sé si yo mismo seré capaz de comerme lo que me ha dado por preparar.
Viendo el Canal Cocina me he dado cuenta que esta muy de moda utilizar agar-agar para obtener estructuras más consistentes. Yo que tengo botes del susodicho gelificante me he puesto a hacer ejercicio neuronal para buscarle aplicaciones. De antemano me digo a mi mismo que ese polvo casi blanco procede de un alga cuyo nombre científico es Chondrus crispus. Lo huelo por si las moscas, aunque de sobra conozco algunos de sus usos científicos habituales. Se utiliza mucho en microbiología y farmacología. Aún así lo de comerlo me lo tengo que volver a plantear. Quizás porque este cocinado por mí. Cuando lo han usado otras personas me deglutido tan contento.
Me planteo que puedo espesar, o gelificar. A que sustancia o alimento le puedo dar una consistencia diferente, de gelatina suave. Ya ven lo que hace el aburrimiento a media tarde. Además ya he ido a las rebajas mucho más de lo que debería haber ido. Mejor me quedaba en casa. También he acabado el último libre, y ya se sabe, si el diablo no tiene que hacer, mata moscas con el rabo. A lo que iba.
Abro la nevera en busca de inspiración. No me apetece tampoco complicarme demasiado la vida. Tomar algo, calentarlo, añadir el agar-agar, llevarlo a ebullición y esperar a que enfríe y su aspecto sea gelatinoso. Algunos pensaran que es una asquerosidad. A mí me encantan las gelatinas, la verdad. Cava, zumo y Coca-Cola. Con la leche no me he atrevido, igual para la siguiente. Quito el gas a la Coca-Cola y al cava mediante unos buenos meneos. Echo de menos el agitador eléctrico de tubos de ensayo de los laboratorios. Después a calentar, cada cosa por separado claro. Echo el agar-agar con una precisión exacta, vamos a ojo de buen cubero y gracias. Hierven mientras se mezclan olores peculiares de piña cola y cava calientes. Por último relleno unos pequeños moldes y ahora esperar. Es recomendable que se haga sin forzar, vamos sin frigorífico. Eso también ayuda a que coja menos humedad.
Sigo esperando a que coja la nueva textura una vez que enfríe. Tarda más de lo que a un impaciente le gustaría. Como de costumbre aborrezco recoger el despliegue de medios que hace falta para cocinar. Siempre me parecen demasiados, y sigo sin ser capaz de llenar correctamente el lavavajillas. Yo soy de los que acaba doblando las varillas, lo confieso. Y poco más que contar de esta tarde de Jueves, en cuya noche espero ser premiado con la Primitiva, como tantos Jueves desde hace unos cuantos años.
Buenas noches a tod@s.