Friday, February 9, 2007

Pequeño homenaje

     He estado comiendo con F. Hacía bastante tiempo que no nos veíamos. Así que he hecho lo posible por escaquearme y no comer en casa. Anoche vi lentejas a remojo y la neurona se puso a trabajar rápidamente. Habíamos quedado en llamarnos para comer un día de estos, y ha sido hoy. Una llamada después de cenar y quedamos para hoy a las dos de la tarde. No voy a contar nada de lo que hemos comido o comentado en la sobremesa. Me apetece más hablar de F.

     Es una de las personas que conozco con peor suerte, y no sabe el respetable lo que eso me fastidia. Acumula un buen montón de desgracias, y sin embargo tiene una fuerza digna de admiración. Nos conocemos desde hace unos cuantos años, y a lo largo de este tiempo he vivido varios contratiempos que le han hecho a él y a los suyos cambiar unas cuantas cosas en su rumbo vital. Caer y levantarse. Por eso sólo y siempre tengo que desearle lo mejor, vamos, lo que bien merece, ya verán.

     Todo comenzó con la muerte de su padre, hace diez años. El padre de F. era un eminente y prestigioso médico especialista con una clínica siempre repleta. Esto les permitía a él, su mujer, suegra y cinco hijos vivir en un precioso chalet en una buena urbanización. Piscina cubierta, otra al aire libre, sauna, gimnasio y cancha de tenis eran algunas de las comodidades que uno encontraba en aquella casa de piedra blanca y enormes ventanales. Una vida económicamente más que holgada. No sólo no faltaba de nada sino que había de sobra. Hasta ese momento.

     Un cáncer fulminante se lo llevó en menos de tres meses sin remedio. A partir de ese momento todo cambió. F., con diecisiete años es el mayor de los hermanos, todos estudiantes en uno de los colegios más caros de la ciudad. Su madre trabajaba únicamente en casa. Había un buen dinero ahorrado, pero mucho por pagar. Por desgracia demasiado. La hipoteca de la casa y de otro piso que habían comprado hace poco tiempo, letras de un coche de lujo y una reforma muy importante en la clínica estaban por abonar. La situación sigue sosteniéndose poco tiempo, los ahorros van bajando a gran velocidad. Los bancos no sólo niegan ayudas a pesar del patrimonio existente sino que encima se ponen cabrones.

     La madre de F. vende el piso nuevo y el coche viejo. Tienen para una temporada, pero decide buscarse un trabajo. Se sabe falta de experiencia laboral, así que monta una tienda de ropa haciendo acopio de un gran valor y arriesgándose al meter parte del dinero de las ventas. Alquila un buen local, en un buen sitio, y se anima. Siempre ha visto cómo en las tiendas que ella solía frecuentar las ventas eran al menos interesantes. Es fuerte como un roble y por eso sus hijos la adoran, son también de las pocas personas que la apoyan en la medida de sus posibilidades. Ellos dejan de acudir, por iniciativa propia, al colegio privado y van al a escuela pública. La tienda no va bien, realmente va mal. Tiene aún muchas cosas por pagar y sienta a F. y al resto de sus hermanos a la mesa una mañana de verano. Se plantea tocar lo que hasta ahora permanecía intocable. La clínica.

     Esto les resulta muy duro, sin embargo los cinco hermanos la apoyan como siempre han echo, incondicionalmente. A todos les duele hondo, aunque saben de sobra que las instalaciones valen mucho dinero. Había sido un tema casi tabú, pero parece que no hay otra solución. F. me ha confesado que justo antes de venderla se vieron bastante apretados. No fue precisamente fácil vender la clínica, que ya no contaba con las últimas tecnologías. No en vano se vendió casi tres años después del fallecimiento de F. padre. Tras mucho pensárselo, un antiguo amigo de su padre se hizo con todo, por un precio que a pesar de parecer ingente se alejaba algo del inicial de la venta.

     Un pequeño respiro económico llega por fin a sus vidas, sin embargo el dinero se marcha como agua de las manos si no entra por otro lugar.  Tan sólo mantienen su casa estupenda y un coche. F. ya ha sacado el carné de conducir y empezado a la Facultad. El menor de los cinco hermanos tiene por estas fechas sólo siete años. Tenía cuatro al morir su padre. La madre, a la que si podríamos añadir lo de coraje, sigue pensando en algo que introduzca dinero en casa. La cosa no se presenta precisamente sencilla. Me gustaría decir aquí que ni ella ni su marido tenían hermanos, y de los cuatro abuelos sólo vive la materna, que fallece por esas fechas. Otro golpe duro. Siempre había vivido con ellos.

     Siempre me ha llamado poderosamente la atención la fortaleza psicológica de toda la familia de F., sobreponiéndose a los golpes de la vida. La mayoría, entre los que me incluyo, desistiríamos y nos abandonaríamos en brazos de la depresión, del destino. No creo que haya demasiada gente con este nivel de valentía. La madre de F. comenzó a trabajar, cosas de la vida en la que había sido la clínica de su marido. Por primera vez en una temporada muy larga vuelve a entrar dinero procedente del trabajo. F. da clases particulares a domicilio por las tardes y su hermana, que ha decidido no ir a la Universidad, entra en el mundo laboral. Es dependiente de una tienda de ropa. Entre todos y con el dinero que aún hay el la recámara van emergiendo. Las cosas fluyen, y de nuevo otra muerte.

     El cuarto de los hermanos muere atropellado por un conductor que se da a la fuga y que hasta la fecha no ha aparecido, el día de su decimotercer cumpleaños, tres días antes de la comunión de la más pequeña. Hoy tendría diecisiete años, en Junio hubiera alcanzado la mayoría de edad. Al recordar este nuevo infortunio no puedo evitar volver a preguntarme por enésima vez porqué la mala suerte se ceba con quien menos lo merece. Luego aún hay quien es capaz de preguntarme porqué he dejado de ser creyente. De nuevo a reponerse, a luchar a sobrevivir como valientes, que es lo que siempre han sido, muy valientes.

      F. conoció en la Facultad a D., única descendiente de un matrimonio de abogados con buffet propio. Son novios desde entonces. Los dos trabajan con los padres de ella. F. por fin merece tener algo de suerte en la vida. Gana un dinero más que interesante que dedica con orgullo a mantener la estupenda casa. Ha asumido el rol de padre y mantiene un gran peso de la casa sobre sus hombros. Él, su madre y su hermana. Los otros dos hermanos siguen estudiando. Viven como millones de personas, de sus trabajos y pagando una hipoteca, y los cinco forman una unión familiar fabulosa. Y yo me alegro sobremanera.

     Me alegro porque F. es una persona maravillosa y merece que todo le vaya bien de una vez por todas, porque es mi amigo y aunque parezca extraño es una de las personas más capaces de animar a quienes le rodean. Lamento haberme explayado tanto con este post. Pero los homenajes, por pequeños que sean, han de dar idea de porqué y a quién se les realiza. Este es para F.

Posted by Purga de mente at 21:49:01 | Permalink | No Comments »