Monday, February 12, 2007

Perdonen que no escriba…

     Tengo la garganta dolorida y roja, parece tapizada de lija. Al levantarme mi campanilla tenía el doble de su tamaña y casi ocluía todo el espacio. Se me ha roto el labio inferior de puro seco, y ni kilos de lápiz hidratante hacen que se recupere. La boca seca y áspera como si estuviera tapizada de cartón piedra. Encima el despertador martillea con insistencia una noche en la que no he dormido nada, he sudado como un pollo y tenido sueños de lo más desagradable. Genial, ¿verdad?

     En el trabajo E. esta jodido, muy jodido. Si no está teniendo una depresión, va camino de ella, y yo me siento tan impotente que me han entrado por igual ganas de tomarme un ron triple y acostarme hasta mañana. He visto estos casos demasiado de cerca. Pienso en M. que está en plena etapa depresiva. Enlazando ideas negativas voy y me acuerdo de un suicidio inesperado. En este caso anónimo y de verdad respetado. Negativo cual ánodo voy a tomarme un café. Se me cae por encima de la mano y mancho la manga de la camisa al oír en la radio una canción que me trae malos recuerdos. Pienso en pedir el ron, pero resisto. Vuelvo a la rutina matinal.

     No soporto lo que me está pasando esta mañana. Decido pasar de todo y evadirme frente al ordenador escuchando un poco de música. No puedo ponerla muy alta porque molesto, y el mp3 se ha quedado sin pilas. La cosa va de mal en peor. Me conecto a internet. La conexión se cae más que los bolos en la bolera. El estrés se acumula, se mezcla con mala leche y a la cabrona de la melancolía le da por aparecer. Cuando estaba S. a mi lado en una situación de estas, incluso mucho menos fuerte nos pirábamos a dar una vuelta por el centro de la ciudad.

     Unas veces era sólo un paseo con charla relajante y terapeútica, como el día en que casi se carga una muestra antártica única. Otras veces eran unas cañas distendidas con horas de palabras. Una vez, un día muy señalado en nuestras vidas,  llegamos a pasar veintitrés horas juntos y al día siguiente el nick de mi messenger eran las puertas de mi alma abiertas de par en par. Sigo enlazando ideas e ideas y me veo quitando una garrapata de madrugada después de una paliza al dominó. Definitivamente me quiero ir a mi casa. Encima empiezo a tener mocos.

     Ni soñarlo. Me reclaman vía telefónica para hacer un favor que sólo puedo hacer yo, y encima es tan urgente que si no lo hago ya mismo se avecina una catástrofe. Llego al lugar en el que se supone que cual Jesucristo para creyentes obraré el milagro. Ni lejanamente. Voy y encima fastidio el trabajo de un pobre chaval. Lo tenía todo mal hecho, es cierto, pero hoy me siento culpable. Cobra una mierda y me parece que lo van a echar a la calle. Le digo a su supervisor que le faltan medios y que no me extraña que le haya pasado eso. Algo tenía que hacer. No se lo ha tomado bien y me ha contado que había perdido la oportunidad de colaborar en algo que me interesaba económicamente. Me voy a mi casa definitivamente. Empiezo a sonarme.

     Y desde hace unas cuantas horas aquí estoy. Sin intención alguna de escribir nada, la verdad, porque ya me dirán ustedes con este día aciago, por no decir asqueroso, que es lo que les voy a contar… Buenas noches para tod@s, y si me lo permiten, mejor día de mañana para mí.

Posted by Purga de mente at 22:52:19 | Permalink | Comments (1) »