Friday, February 16, 2007

Tesis y buena vida

     Tengo la boca espesa y los ojos aún no están del todo abiertos. Para despejar he puesto un aria de ópera contundente, de esas que según Woody Allen, al escucharlas un buen rato, te dan ganas de invadir Polonia. Por cierto he oído que está frase de Misterioso asesinato en Manhattan es originaria de Chaplin. Si alguien lo sabe, que me responda. Gracias de antemano. No son las Walkyrias con sus carnes abundantes y sus cuernos vikingos quienes se encargan de despejarme. Yo con O fortuna, de Carmina Burana o el de Nessun Droma en la voz de Pavarotti me cargo las pilas. Algo que te lleve del todo a la landa en un segundo.

     Se me ha cronificado la vagancia que arrastraba esta semana y no iba precisamente en el último día antes de un estupendo fin de semana de cuatro días a ponerme en marcha. Bendita Enseñanza. He madrugado, como de costumbre más de lo que es sano, y he trabajado tres horas, hasta las once de la mañana. Las temperaturas andan muy locas y en lugar de un caldo para paliar el frío, entran ganas de unas cañas en una terraza. Al menos a mí. Y ya se sabe, hay que permitirse algún momento de sosiego laboral. Ya sé que tengo más que muchos, y hoy ha caído otro.

     A las doce de la mañana E. leía su Tesis Doctoral. Se convertía en Doctora con un trabajo que a pesar de tornárseme en ocasiones un tanto abstracto, por el desconocimiento de la materia, ha sido, bajo mi opinión sinceramente brillante. Lleno de conclusiones verdaderas, algunas sorprendentes, de nuevo bajo mi prisma, y sin elucubraciones típicas y tópicas. Ha merecido sin duda el ciertamente desprestigiado Sobresaliente cum laude que le ha otorgado por unanimidad en Tribunal.  Hago este inciso porque muchas veces parece que se regala semejante galardón. No dudo jamás de los tremendos esfuerzos que hay que hacer para parir una Tesis. Una leve idea tengo. Sin embargo a veces uno se encuentra con un contenido vago adornado con una presentación y posterior defensa tediosa e incomprensible que bien ayudaría a esconder bajo llave las susodichas alabanzas latinas. E. ha estado soberbia. Podría incluso ponerse con mayúsculas, y destaco que el trato que nos une es puramente de cordialidad entre compañeros, no de amistad. No se crean que es todo pasión.

     Pero antes de meterme en la sala en la que se llevó a cabo el acto, tuve, matemática pura, una hora libre que fue llenada con una escapada a uno de los locales más míticos de la capital. A las once y cuarto me encontraba leyendo en la barra del concurrido local ¡Oh, es él! de Maruja Torres mientras un vermouth empujaba un par de gambas a la gabardina, máxima especialidad del conocido lugar. Son gigantes, también se pagan como tales. Cinco minutos antes del mediodía entraba en el Salón de actos recordando andanzas sexuales de un andaluz en Los Ángeles descritas en el libro. También me apetecía otro vermouth. Pero he resistido.

     Hasta que acabó la Tesis. Para celebrarlo fuimos a otro bar en el que, sin gambas a la gabardina cayó otro vermouth. No tenía tiempo para ir a comer a casa, así que telefoneo a mi madre y la pongo al corriente. C. que siempre come fuera y ha ido al acto responde a mi sugerencia para comer en un restaurante de cocina casera de verdad. Con el menú del día empujamos para el cuerpo una botella de tinto con gaseosa y un café con un orujo de miel posterior en una cafetería contigua. Me siento la mar de relajado y vuelvo al tajo para rematar el día tarareando una canción que sonaba mientras comíamos.

     Llego a casa en autobús, el problema estriba en la distancia entre la parada y mi casa. Por el medio la calle peatonal llena de cafeterías, bares y cervecerías en las que paso algunas horas. Miro el reloj, y no tengo plan para salir esta noche. Una cerveza por favor. Otra y con la vista empiezo a comerme un pincho de tortilla de setas y gambas que luego acabo masticando con la boca y deglutiendo. Recibo un mensaje en el móvil de G. preguntándome si me uno al grupo para salir esta noche. A la hora y en el lugar de siempre. Acepto.

     Cuando abro la puerta de mi casa pienso en lo bien que me vendría acostarme un rato para descansar. No tengo pudor alguno en decirle a mi madre que lo haré. Que me encuentro algo cansado, pero que esta noche voy a salir, así que me tumbaré en la cama a prepararme para la noche. Y eso he hecho hasta las nueve menos veinticinco de la noche. Cuando me he levantado como describía al principio de este post, tras una hora de siesta tardía.

     Para acabar de prepararme me queda afeitarme y cenar. Luego escogeré modelo y haré lo que pueda con el pelo. Perfume y listo para un ron en compañía de los amigos de toda la vida. O dos. Bueno, listo para la fiesta. Buenas noches a tod@s. Que ustedes lo pasen bien.

Posted by Purga de mente at 20:42:51 | Permalink | Comments (1) »