Frases que no olvidaré
Esta tarde he pasado, de vuelta a casa, por delante de un cartel indicando el desvío para ir a un pueblo. No puedo evitar recordar una frase dicha en 1993 por el marido de la dueña de una tienda de ropa en la que mi abuela gastaba cifras ingentes. No extraña que tratara de ser amable. Aparte de eso lo era. Era el día que mi hermano, completamente empeñado en comprarse un traje de marinero, estaba probando la ropa para la Primera Comunión. Quizás haya sido también la última. Mi hermano de marinero y encantado era provocado por este señor, quien le dijo que en su pueblo, en lugar de hostias, daban bocadillos de chorizo. El pueblo es precisamente el que señala el cartel a pie de desvío. Y yo sigo sin poder separar ambos conceptos.
Me ocurre algo parecido al ver a una profesora de la Facultad y algunas de las frases que le ha dedicado K., que no es K., sino S. a lo largo de algunos años. Era, supongo que siga siendo, incapaz de decir una frase completa en la que la coordinación de género y número fuera perfecta. Los artrópodos son uno animales que de artro, artro, podo, pie, en latín. Ejemplo evidente como se puede observar. Como estas mil, y a veces peores. Lo más destacable, además de esta falta de concordancia era que no podía hablar y abrir los ojos al mismo tiempo. Boca abierta, ojos cerrados, ojos abiertos, boca cerrada. K. adornó para la posteridad esta peculiaridad diciendo que estaba escasa de pellejo, y que no le daba para toda la cara.
Mítica es también una frase de otra profesora, de diferente asignatura, que permaneció todo un cuatrimestre escrita en mi mesa. Sé que está mal, pero quien no haya personalizado su rincón vital, miente. En cuanto así, muy someramente, así por encima de esto. Yo me quedo sin palabras, que quieren que les diga. Lo mismo ocurrió cuando una tercera profesora casi arranca aplausos en clase ante una de las mayores aberraciones cometidas a lo largo de muchos años. Mol, molécula, que más da, si es lo mismo. Una molécula de glucosa son ciento ochenta gramos. No le servía con tener de coletilla el mas sin embargo. Para sentirse realizada logró que grandes químicos se revolvieran en sus tumbas. Para acabar con patadas en clase remató con dos detalles de una mujer que logró caerme mal desde el primer día que entró por la puerta de clase diciéndonos que quería ser nuestra amiga. Las ballenas son peces y el mar de los Sargazos está en el Pacífico. No me digan que a veces merece la pena tener algún tapón de cera en los oídos. Van llegándome a la mente algunas patadas más, pero de momento es suficiente, otro día igual recopilo otras pocas.
Sin embargo una frase que se me ha quedado grabada a fuego, por lo esperpéntico de la situación tiene que ver con mi abuela. Asegura que está de vuelta de todo y que piensa decir lo que se le pase por la mente sin pensárselo ni un minuto. En esta ocasión estuvo épica. El marido de una de sus primas se había suicidado mientras mi abuela estaba de vacaciones un mes de Julio. Decidió no ir al funeral y posterior entierro, y le prometió a la viuda en llamada telefónica visitarla en cuanto acabara la quincena playera. Al llegar y ver que la viuda estaba un tanto deshecha, no se le ocurre nada mejor que pedirle que no llore, que no le merecía la pena, total, él murió porque quiso. No presencié el momento, y sinceramente, lo prefiero. Los ojos se me hubieran salido de órbita y la mandíbula desencajado del susto. En todo caso, la viuda asintió y dejó de llorar. Eficiencia no se le puede negar.
Y me parece que por el momento está bien de frases para recordar por hoy, me ha gustado y es posible que haga un bis, un poco más elaborado. Por último y por desgracia quiero acabar este post diciendo que, mientras lo tecleaba, han llegado mis vecinas llorosas a decirnos que su perra había muerto. Las noticias no por esperadas son menos duras. Sé lo que se pasa. Adiós Luna.
Buenas noches a tod@s.