Wednesday, March 28, 2007

Corre, corre caballito

     Hoy tengo una edad que bien podría ser una condena. Veintisiete años y un día. A saber que habría hecho para que, con todas las reducciones posibles me tirara esa cantidad de años a la sombra. Hoy tampoco hablo más, de mí. Ya fue suficientemente egocéntrico el post de anoche. Bueno unos cuantos posts más.

     Estas letras de hoy van a ser un tanto apuradas. Tengo que ponerme a preparar la maleta para irme mañana una semanita de vacaciones. Es casi fijo que no realice ningún post al menos hasta el próximo Jueves, que además, será Santo para quienes crean.  Voy a relatar el extraño suceso que acontecía esta mañana en plena ciudad. Al lado de los laboratorios, de la Facultad, un par de caballos extraviados armando una buena caravana y asustando a cuantos se arrimaban a ver la escena.

     La escena era digna de ver. Y., como cada día me aproximaba al trabajo en su coche. Cuando vimos a los équidos campar alegremente por medio de un cruce alucinamos. Yo hice poco menos que tirarme en marcha para que ella, temerosa de los mentados animales, saliera pisando el acelerador hasta su casa. Yo que soy bastante más curioso, y que a uno le tiran los animales, me aproximé a la escena. La gente, bastante en ese momento y lugar, miraba asustada y sorprendida. Sobretodo cuando los caballos galoparon un trozo y se pararon en medio de la calle. El colapso de tráfico fue total. Ya se lo pueden imaginar. Dos caballos grandes y pardos, de crines casi negras en medio de una calle en la ciudad. Poco menos que ver para creer.

     No hubo forma de moverlos de allí durante un largo rato, en el que los conductores comenzaron a ponerse un tanto tensos y a tocar el claxon. La Policía Local trataba, con poca mano y menos ganas de devolverlos a saber donde, porque por allí no apareció dueño alguno. De repente los animales se espantaron y corrieron. Galoparon literalmente a mi lado. Reconozco que un poco de susto sí que me llevé. Se instalaron de nuevo en un talud. A pastar tranquilamente. Tranquilamente hasta que de nuevo la presencia y azote humano les hizo asustarse y salir, ahora sí, a verdadero galope por la empinada calle principal del Campus. En ese momento la tensión fue máxima. Entre el tráfico atónito desaparecieron calle arriba. El coche patrulla se puso a perseguirlos, y yo… Yo me fui a trabajar un poco que ya no había nada que ver, y llevaba más de diez minutos atento a la jugada.

     Aquí les dejo mis queridos lectores. Aún tengo la maleta por hacer. La grande, he preparado ya el equipaje de mano, que algo es algo. Si mañana tengo un poco de tiempo por la mañana trataré de escribir, y sino, en lugar del típico Buenas noches a tod@s, diré también eso de Hasta la próxima.

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Tuesday, March 27, 2007

Mi 27 cumpleaños

     Ya ha llegado el día. Bajo la foto de Einstein en este blog ha cambiado algo. Ya tengo 27 años. Hoy 27 de Marzo de 2007 hace 27 años que mi madre decidió empujar con todas sus fuerzas, sin epidural ni nada y a eso de las ocho y media de la mañana era madre por primera vez. La cosa fue rápida, unas tres horitas desde los primeros síntomas hasta que este aqui presente hoy con sus 3 kg y 750 gr y sus 54 cm de longitud vino al mundo al inicio de la Primavera de 1980.

     Hasta ahora no sólo han pasado 27 años, que también, pero con lo que me gusta a mí hablar, y por consiguiente escribir, no es el momento de contar anécdotas. Que hay montones en 27 tartas de cumpleaños, incluida la de chocolate que esta mañana he catado y cuyas velas he soplado. También sepan que como cada uno de mis cumpleaños en los últimos tiempos. Me he puesto manos a la obra y hecho un montón de bombones para invitar a diestro y siniestro a quienes me acompañan día a día.

     A lo que voy. Hoy lo que me gustaría contar es una historia que muchos de ustedes seguro que conocen. La idea me la ha dado otro bloguero que ha cumplido hace unos días años. En cuanto lo vi, supe que yo contaría eso mismo el día de mi cumpleaños. Y aquí lo tienen.

  La historia de mi vida

 

     Les voy a contar a ustedes la historia de mi vida, que es de mucha pena. Así que si algún enfermo del corazón que se tape los oídos.
     Yo tenía que haber nacido en diciembre, pero no me habían terminao el abrigo y me estuve esperando pa’ nacer en agosto, con todo el calor.
     Y nací, no estaba mi mamá en casa, había salido a pedir perejil a una vecina, y yo nací solo. Y bajé a decírselo a la portera. Dije:
     -Señora Julia, que… que soy niño, que he nacido y no está mi mamá en casa, ¡a ver quién me da la merienda!
     Y me dio de merendar la portera. Muy poquito, porque de joven había sido nodriza y había criao once niños y el cajero de un banco, que luego ni se casó con ella ni nada.
     Y subí a mi casa y cuando vino mi mamá salí a abrir la puerta y le dije:
     -¡Mamá, he nacido!
     Dijo mi mamá:
     -¡Que sea la última vez que naces solo!
     Y me preguntó que si me había puesto polvos de talco, dije que sí que los había agarrao de la cocina y dijo:
     -¡Idiota…! Te has puesto el pan rallao.
     Y entonces escribimos una carta a mi papá, que trabajaba de buzo en París, y vino corriendo, dijo “ahora sí que hay que trabajar”, porque ya éramos muchos en mi casa.
     Éramos nueve hermanos, mi papá, mi mamá y un señor de marrón, que no le conocíamos, que estaba siempre en el pasillo y dormía allí la siesta.
     Y mi papá se puso muy contento porque hacía ya mucho tiempo que no nos veía.
     Y como éramos muy pobres y teníamos poco dinero, pues en lugar de gastárnoslo en champán y en tasis y eso, lo echamos en una tómbola y nos tocó una vaca.
     Bueno, nos dieron a elegir: la vaca o dos pastillas de jabón. Dijo mi mamá:
     -La vaca, que es más gorda.
     Y dijo mi papá:
     -¡Tú con tal de no lavarte, lo que sea!
     Y llevamos la vaca a casa y la pusimos de nombre Matilde, igual que una tía mía que se había muerto de una tontería.

     Mi tía se murió porque tenía un padrastro en un dedo, de esos pellejitos, empezó a tirar, a tirar, a tirar y se peló toda.
     Y la vaca la pusimos en el comedor, pero todas las visitas se sentaban con la vaca, y luego ni olían a visitas ni nada.     

     Y dijo mi mamá:
     -¡Pa’ tener visitas y no poder olerlas….!
     Y dijo mi hermana:
     -¡Eso! -que a mi hermana le gustaba decir cosas-.
     Y entonces dijo mi mamá:
     -Ahora eliges entre la vaca o yo.
     Y dijo mi papá:
     -Son amores distintos… -y nos quedamos con la vaca-.
     Y la pusimos en el balcón, pa’ que tuviera fresca la leche. Se conoce que tenía un cuerno flojo, se le cayó a la calle y le dio a señor de luto. Y subió muy enfadao y cuando salió mi papá a abrir dijo:
     -¿Es de usted?
     Y dijo mi papá:
     -Yo qué séee, yo que séee -porque mi papá era muy despreocupao-.
     Y el tío del cuernazo se murió y a mi papá lo metieron preso y se escapó un domingo por la tarde, que no había tasis, y dijo “estoy libre” y se le subió a un señor encima y dijo: “¡Hale, a los toros!” Y lo tuvo que llevar.

     Y allí le volvieron a detener y entonces, como seguíamos siendo pobres, mi mamá me abandonó en la puerta de unos marqueses, que eran ricos y tenían corbatas, y sopa, de todo.
     Y por la mañana salió el marqués, me preguntó cómo me llamaba y dije:
     -Como soy pobre, Pedrito.
     Dijo el marqués:
     -Desde hoy te llamarás Luis Enrique Carlos Jorge Alfredo.
     Y luego me llamaba “Chuchi”, y quería que estudiara, para saber dónde están los ríos y eso, pero yo me escapé y me coloqué de ladrón en una banda. Pero lo tuve que dejar enseguida porque me puse enfermo, y todo lo que robaba lo devolvía.

     Y fui a ver al médico y me dijo que solo podía robar caldo y pescao blanco, y para andar así, pues mejor no.
     Entonces me coloqué con un fotógrafo, ¡que era muy bueno! ¡muy bueno! te sacaba muy favorecido. A lo mejor retrataba a un pordiosero todo canijo, sucio, ahí, todo roto, pequeñijo, y en la foto le salía un ingeniero con los ojos verdes ¡que daba gloria!
     Y un día me equivoqué, puse dinamita en lugar del magnesio, y maté una boda.
     ¡Vamos, quedó un invitao…! pero muy torcido… ni parecía invitado ni nada.
     Y además, como no sabía multiplicar, pues no podía hacer fotos de 6 x 9.
     Así que me echaron, y ahora ya no hago nada. Solo andar despacito, y sentarme… algunas veces.
     Y esta es mi vida.
     Buenas tardes, o, lo que sea.

LA HISTORIA DE MI VIDA - Monólogo
Autor: Miguel Gila (1919-2001)
(Recuperado de una grabación - V. de S.C.)

    

     A mí me parece una historia fabulosa, que quieren que les diga. Muchas gracias a todos aquellos que me habéis felicitado a lo largo del día de hoy, también a quienes además me han regalado alguna cosilla, que siempre, por tonta que sea, me hace una ilusión brutal.

     Hoy, como siempre, buenas noches a tod@s.

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Monday, March 26, 2007

La pérdida

     Anoche no me encontraba de especial buen humor, por eso no purgué mi mente. También tenía un cansancio considerable y me fui a la cama a la hora a la que me acostaba en tiempos de EGB. Yo es que aún pertenezco al viejo sistema educativo español, a bastante honra. Todo esto viene derivado de la noche del Sábado.

     La verdad que todo hubiera pintado muy bien. Bien fue, las cosas como son. Una cena con un grupo de amigos y compañeros de Facultad que hacía algún tiempo que no nos veíamos, y que aprovechamos para reunirnos con el propósito de celebrar tres cumpleaños que acaecen en estas fechas de tres de nosotros. Me preparo, y pienso, presiento que me lo voy a pasar muy bien. La mala pata tarda poco en aparecer.

     El Sábado se me rompió la cadena de plata que solía lucir al cuello, y con ella se fueron para siempre, y a saber donde, dos colgantes que representaban mucho para mí. Tanto que en pleno restaurante en bullicio me puse a rastrear sin tregua. No hubo nada que hacer. Echando la memoria a funcionar, las materias gris y blanca del cerebro acabaron haciéndome saber que todo había empezado un rato antes. Cuando el cierre de la cadena se me enganchó con la etiqueta del polo. Tiré, con el único fin de romper el hilo, pero parece ser que lo que se rompió fue la cadena. Al menos se abrió uno de sus eslabones.

     Lo que perdí no tiene gran valor económico. Escaso escaso, todo se diga. Pero los dos colgantes representaban mucho para mí. Al sentir deslizarse sobre mi abdomen algo medianamente frío, supe, como un relámpago instantaneo que se me había roto la cadena. En cuanto miré al suelo allí estaba el hilo largo de plata roto. Pude rescatarla, pero fue lo único. Entre la ropa no quedó ni rastro de mis dos bienes preciados. Y no sabía si en ese momento me irritaría sumamente o bien me daría algo de depre. La verdad que debo estar haciéndome viejo. Me dio por lo segundo. Sentí una especie de punzada al saber que esas dos piezas de mi puzzle vital se acababan de perder. Busqué por el suelo, pero nada. Sabía ya de antemano de la inutilidad de la búsqueda. Apenas sentí caer la cadena y en el suelo verde sería extraño encontrar los dos colgantes que tango quería. Sobretodo porque hasta llegar al bar había recorrido un buen camino. Con una carrera incluida. Ni que decir tiene que en el coche, que aspiré ayer, había rastro alguno de los ausentes.

     He perdido la cruz de plata que me dio mi abuelo unos pocos días antes de morirse. El otro amuleto me lo trajo S. de Brasil, un puño de ébano y plata para la buena suerte. No me han dejado de acompañar nunca, hasta su pérdida. Ambos objetos representan para mí muchas cosas. La pérdida de la cruz me duele mucho. Sé que no hay posibilidad de recuperarla. No es especial, ni tampoco sé donde la he perdido. No soy precisamente creyente. Pero ese signo representaba a mi abuelo, que se enterró el día de Reyes de 1991. Yo tenía diez años y tengo cada segundo de esos días tatuado en el cerebro. Tampoco quiero hurgarme demasiado, perdonen ustedes.

     El colgante de S., legado desde Brasil también representa muchas cosas, que no me apetece recordar, pero que no pueden ser mejores. Un poco por lo mismo. Me siento mal al haberlos perdido, y a pesar de haber recuperado la cadena, y haberla reparado, dudo que me la vuelva a poner.

     El resto de la noche la pasé como pude. Me escudé en sangría y ron para dejar de pensar en ello. También en una buena compañía, chistes y una gran conversación que se prolongó hasta que sobre las 8 de la mañana del Domingo posé mi cuerpo en la cama para dormir. No muchas horas, soñé con la pérdida y tuve que levantarme a la una del mediodía para ir a comer a casa de mi abuela.

     Por lo demás el resto del día no tiene mucho que destacar. Lo mismo que el de hoy. Sólo que estamos preparados para las jornadas de puertas abiertas que comienzan mañana. Eso y que he preparado “mis bombones”. Algunos y algunas ya saben lo que eso significa. Mañana los comerán.

     Buenas noches a tod@s y cuiden aquello que no quisieran perder.

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Saturday, March 24, 2007

Eso es vida

     Lo admito, soy bastante vago y suelo andar a las carreras. En nada me largo a cenar y a cambiar la hora en directo acompañado de un buen ron. Como siempre que la vagancia o falta de tiempo se apoderan de mí. Una foto.

     Una foto especial diría yo. Una foto que se lee. Es fantástica.

      Buenas noches a tod@s. Me voy de parranda.

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Friday, March 23, 2007

El azaroso día de un ciudadano cualquiera

     El día ha sido de lo más azaroso. Poco menos que una contrarreloj continua hasta este mismo momento, a partir del cual lo único que pienso hacer es cenar, relajarme y acostarme pronto. En general la semana ha sido muy movida, y he llegado a este instante en agotamiento físico y mental. Literalmente me quedaba dormido esta tarde en el autobús.

     Por la mañana, madrugón nuestro de cada día, que ha costado más que otros viernes anteriores, que ya me resulta bastante duro. De la que llegaba al colegio una caravana bestial inundaba de metal de diversos colores la salida de la autopista. Esperar, esperar hasta desesperar. Encima se perdía la emisora en la radio y un camión gigantesco salpicaba delante nuestro por doquier. A pesar de todo he llegado con poco retraso al trabajo.

     Más tarde, ya en el laboratorio de la Facultad, lo que pretendía era resolver un par de asuntos rutinarios y llamar a C. para felicitarla por su veintisiete cumpleaños. Nada más lejano a al realidad. Me encuentro a un trío de profesoras martillo en ristre intentando colgar pósteres de ponencias en diversos congresos y eventos en los que se han presentado las diferentes líneas de investigación en nuestros laboratorios. La estampa cuanto menos resultaba curiosa. Una catedrática subida encima de una escalera de tres peldaños recibía el martillo de otra profesora, mientras una tercera sostenía la escalera y miraba la rectitud y correcta colocación de los enormes carteles. Todo esto es por las jornadas de puertas abiertas que vamos a vivir el próximo Martes. Hay que lucir cuanto se pueda para que la gente observe que todo lo que hacemos, a veces sirve para algo.

     ¿Que ocurre en cuanto las tres mujeres de bata blanca me ven cruzar la puerta de entrada? Efectivamente suponen bien. Me requieren para la colocación de los pósteres. Yo no necesito escalera y parece que tengo más tiento para clavar, colgar y pegar los susodichos. Como no sé tener la boca cerrada ni la lengua quieta, se me ocurre la genial idea de comunicarles la existencia de tablones libres para la disposición de más carteles. Llamada a Secretaría y a buscarlos. Los paneles son grandes. En teoría exigen ser transportaos por dos personas. A poder ser no dos profesoras menudas. Desplazamientos en ascensor y colocación los mismos, por este que les teclea. Me he pasado un rato cojonudo poniendo los paneles granates donde las buenas señoras disponían. Al final se van a tomar el café y yo aprovecho para comunicarles que tengo que irme a pagar en la agencia de viajes lo que me queda pendiente del viaje a Lanzarote.

     Ya no me da tiempo a llamar a C. por la mañana. Voy tirando a pillado de tiempo, he quedado con G. en una hora y tengo que cruzar toda la ciudad en una mañana de lluvia incesante, y pasar por el cajero a retirar una interesante cifra para pagar. Con el viaje que le estoy dando a la tarjeta de crédito este mes, prefiero pago en efectivo, sacado directamente de la cada vez más mermada cuenta. Salgo por la puerta del laboratorio y me encuentro con E. Ha venido a despedirse. Le han concedido el Máster por el que estaba esperando alguna temporada en Portland. Se nos va a Oregón. Naturalmente quiero despedirme de ella. No va a volver por los laboratorios. Yo diría que ya nunca, o muy rara vez, para no sonar negativos. Tengo la extraña sensación de que a partir de ahora, la mujer que se ve a realizar estudios de Fisiología Vegetal de musgos cuya tolerancia a factores adversos es sorprendente, y yo, no vamos a vernos al menos en un buen montón de tiempo. Comunicación por mail imagino que habrá. Como de costumbre más intensa al principio, Yo también, para no variar, le he pedido que me escriba una postal desde Portland.

     Presiento que se va a quedar en EEUU, no sé porqué, pero es así. Su novio es un norteamericano Licenciado por la Portland State University en Sport Bussines que trabaja para Nike en la misma ciudad y que acaba de casarse con una hipoteca seguramente por un buen porrón de años. Confieso que de todo esto me he enterado hoy. Sí sabia que su novio estaba en EEUU, pero no que era ciudadano del país de la bandera de barras y estrellas. También supe unas cuantas cosas más, pero no viene al caso. Se me ha, o se nos ha, pasado por la cabeza la posibilidad de que nos veamos en EEUU si a mí me dan ese trabajo en la Costa Este Norteamericana. Los vuelos entre costas, tengo entendido que no son excesivamente caros. Por imaginar que no quede, ya lo saben. Lo que de verdad importa es que le deseo la mayor suerte del mundo en su nueva vida. Enhorabuena E.

     Mientras estábamos hablando me llamó G. Quería decirme que me llevaría en metálico la mitad del importe del alquiler del C3 en el que nos desplazaremos por la isla. Por si las moscas y aprovechando, le puse al corriente de la falta de tiempo que ya arrastraba. Por E. no me importa, realmente tampoco por las profesoras. Por haber movido tantos paneles y colgado varios pósteres un poco más. Al menos me quedo con que he colocado el cartel colorista que llevé al Congreso de Biología de la Conservación de Matanzas, en Cuba, en el lugar estrella y más visible de toda la exposición. Si nadie me pregunta por él, el Mártes, ya me encargaré yo de contar algo, descuiden. Por cierto, y para que quede aclarado. En español, o castellano, como gusten, el plural de póster, es pósteres.

     Salgo a la carrera después de despedirme de E. con una mezcla extraña de alegría y tristeza. Primero por ella, por su suerte, que bien la merece, y segundo por la sensación de la pérdida de contacto que nos irá separando poco a poco. A pesar de que uno espera que estas cosas no ocurran, ya se sabe que, con más frecuencia de la que queremos, acaba ocurriendo. Cruzar la ciudad a media mañana no es especialmente complicado. El tráfico sigue siendo intenso, pero en condiciones normales, soportable. Pues nada, cuando llueve este hecho común se convierte en pura teoría. Aún así, a pesar de tardar un montón en llegar a la agencia de viajes, después de haber parado en el cajero, no he perdido tanto tiempo como esperaba. G. aún ha llegado un poco después que yo, avisado de mi segura tardanza.

     No sé cuanto rato hemos estado frente a la agente, pero bastante. El ordenador, como no, se puso un poco tontaina y no dejaba cerrar la operación. Tras unos cuantos intentos y habernos colado un seguro de viaje, no muy caro, todo se diga, por fin la informática nos concedió una tregua y acabamos el proceso. Todo parecía por fin haberse estabilizado. Cierto es que casi fue así. El remate final fue el hecho de haber comido lentejas. Pocos alimentos odio más que las lentejas. Ya saben quienes me siguen que si puedo me escabullo vilmente a la hora de comer cuando la noche antes las veo a remojo. Hoy sin embargo no tuve escapatoria. Comí las jodias lentejas.

     La tarde no fue tan ajetreada, pero sí una contrarreloj. Antes que nada, he llamado a C., la he felicitado y hemos quedado en hacer una cena de grupo para mañana. Después la caravana de veinte minutos, de nuevo a la salida de la autopista. Estro trae adjunto que haya llegado tarde a la cita con mi madre para ir a comprar algunos trapos que necesito para el viaje, y que me ha endosado como regalos de cumpleaños. Hábil es un montón, no cabe duda. Contrarreloj puesto que mi hermano requería el coche para ir a una cita importante. Mientras tanto mi padre con el móvil sin batería. Así que por narices tenía que llevar este coche. Todas las compras, la parada en la modita y la farmacia en una hora. No me digan que no hay que darse prisa.

     El remate final ha sido que he llegado a casa medio empapado, No había cogido paraguas al salir por la tarde, porque parecía que había parado de llover. Nada más lejos de la realidad. A la carrera de vuelta a casa. Me he secado, puesto el pijama y tirado en el sofá un pequeño rato, hasta que me han entrado las ganas de teclear. Mientras escribía me he ido a cenar, y ahora estoy aquí, de vuelta, dispuesto a publicar esta nueva purga de mente, y acto seguido dedicarme a algo bien placentero. El Dolce arte del far niente.

     Buenas noches a tod@s.

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Thursday, March 22, 2007

Cosas de la moda

     Quien me conoce sabe de sobra que disto bastante, más bien soy absolutamente antitético de los dictámenes de la moda. No soy precisamente un Fashion Victim ni un Metrosexual u otros sexualismos posteriores. Sin embargo sí creo ser una persona observadora. Me gusta ver, mirar, otear, sin caer en el cotilleo, o sí, pero no siempre. Y con ello poner a funcionar las neuronas y recordar que muchas cosas que vestimos en la actualidad, ya las habíamos llevado antes, y cuales que nos cubrieron antaño nos producen risa y hasta vergüenza al vernos ahora.

     Estamos en un momento bastante retro. No lo digo yo, como mucho lo oigo. Sobretodo lo veo. Me recuerdo con ocho o diez año llevando el mismo modelo de zapatilla deportiva Converse inventada en 1923 para jugar al baloncesto. Recuerden a Emilio Aragón en su época más televisiva, previa a Médico de Familia. Usaba las deportivas negras de bota reconocidas por su goma delantera con el esmoquin. Casi veinte años después he vuelto a comprarlas. En color azul y no sé cuanto más caras, la verdad. De aquella eran mis padres quienes sufragaban mi vestimenta y mis nunca escasos caprichos. Ahora me rasco la cartera. Abrigar por cierto no abrigan nada, se me han quedado los pies fríos. Pero no sé ya sí por la moda o porque de verdad me gustan, vuelvo a calzarlas.

     Algo que espero que no vuelva jamás es el Tactel. Mientras tecleaba estas palabras he vuelto al cajón repleto de álbumes y fotos sueltas que tantas veces me gusta repasar. Al verme con un chándal de Tactel verde, negro y blanco no sé si echarme a reír o romper la foto. De aquella sería el último grito, de hecho así era, y si entre 1992 y 1994 no tenías un chándal de esa tela, no eras literalmente nadie. Los había buenos y malos, de mercadillo y grandes marcas, y de aquella nos veíamos guapísimos. Yo aún no soy capaz de superar la vergüenza que me da verme de semejante guisa. Me queda aún bastante para lograr reírme, lo mismo que hacen mis padres al verse con melena y camisas hippies naranjas. Lo de los pantalones de campana hace ya bastante que Lois lo ha rescatado para las féminas. A precios nada setenteros creo.

     Hablo una vez más de mí. Ya avisaba que no soy el que más sabe de moda y tendencia ni de lejos. Me veo de nuevo en otra foto en la que mi padre luce unas gafas Ray-Ban modelo policía tejano con montura dorada y cristales verdes. El gran clásico vamos. Ese que de aquella te traías de Canarias porque estaban bastante más baratas. Yo soy un bebé de pocos meses y mi progenitor además de sonrisa blanca y orgullosa de padre primerizo viste semejante adorno visual en no sabría decir que lugar muy soleado. Lo más sorprendente es que ya he visto a varias personas luciendo tales gafas. Quizás sea un gran clásico de la moda y no hayan llegado a pasar de moda del todo.

     Lo que me parece que sigue aún sin llevarse es el color verde pistacho fluorescente. Yo llevaba un jersey de semejante color el día de la boda de mi tío J. También llevaba los pelos engominados, de punta. Eso si que ha vuelto, más despeinado, pero ha vuelto. Y por aquel Noviembre tenía yo ocho años. El jersey, no sé de que marca era, pero seguro que a mi madre le habría costado una pasta gansa en la boutique infantil a la que nos llevaba y en la que nos obligaba a callar si nuestro padre nos preguntaba precios, pues eso, que no tenía desperdicio. Se veía hasta con gafas de sol y de noche. Me pensaría mucho, aunque volviera ese color, ponérmelo de nuevo, más con mi envergadura. No lo quiero ni pensar.

     Podría seguramente contar unas cuantas cosas más, pero me he entretenido rebuscando entre las fotos, y además de caer en la cuenta del resurgir de marcas como Puma, casi muertas durante años, me pregunto que habrá sido de otras, como Kelme, donde estarán los vaqueros Bonaventure de mujer con las letras bordadas en la pernera, que será de las peluqueras que se especializaron en rizos ochenteros, cuantas veces las puntas de los zapatos se han afilado y hecho más cuadradas, donde han estado las rayas, otra vez de moda, tantos años, si se llevan o no las gafas de pasta como hace unos años, heredadas de Aquellos maravillosos años, o ya estamos con las monturas al aire, y me pregunto tantas y tantas cosas que nadie va a contestarme, que me retiro a la cama. Es Jueves y ya no puedo con los párpados. Voy haciéndome mayor.

     Buenas noches a tod@s, que les vaya bonito.

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Wednesday, March 21, 2007

Bienvenida Primavera

     Bienvenida Primavera, aunque lluevas.

     Bienvenida Primavera, aunque granices.

     Bienvenida Primavera, aunque seas ventosa.

     Bienvenida Primavera, aunque traigas frío.

     Bienvenida Primavera, aunque nieves.

     Bienvenida Primavera, aunque no seas de sol.

     Bienvenida Primavera, aunque no parezcas tal Estación.

     Bienvenida Primavera, que traerás luz.

     Bienvenida Primavera, que traerás calor.

     Bienvenida Primavera, que la sangre alteras.

     Bienvenida Primavera, que me darás vacaciones.

     Bienvenida Primavera, que llegas cada 21 de Marzo.

     Bienvenida Primavera, que pintaras colores en la Naturaleza.

     Bienvenida Primavera, que entregarás días largos y luminosos.

     Bienvenida Primavera, por haber hecho posible que escriba este post.

     Bienvenida Primavera, porque has llegado al blog casi como una poesía.

     Bienvenida Primavera, me llevarás al Verano.

     Bienvenida Primavera, en veinte frases.

     Bienvenida Primavera, sin duda.

     Bienvenida Primavera.

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Tuesday, March 20, 2007

Tres descubrimientos

     El comienzo felicitando a K, que ya saben, no es K., sino S. que acaba de entrar en el club de los 27. Esto me recuerda que apenas me queda anda para formar parte de semejante agrupación. Por lo demás el día, más bien la mañana, ha dado bastante de sí. Tres descubrimientos, puede que alguno sin relevancia importante, pero aquí los narro.

     Lo primero descubrir que mi olfato, que yo creía bastante atrofiado, al borde de la anosmia, lo mismo que mi abuela, ha tenido un momento de lucidez esta mañana. En la sala de ordenadores de los laboratorios buscábamos la previsión meteorológica para mañana. Hay una salida a la costa, y la verdad que la cosa no parece estar muy apaciguada. Hoy no ha parado de hacer viento, y las precipitaciones, además de abundantes han sido casi siempre en forma de granizo. A final la cosa ha quedado en un ya veremos que pasa, como amanece mañana. A lo que iba, he reconocido una colonia sin dudarlo. Ha entrado P. a la sala en la que nos encontrábamos cuatro individuos visitando páginas meteorológicas. Y mi pituitaria se ha puesto a olfatear y recordar. He preguntado si se trataba de cierta marca. Y sí, he acertado.

     P. lleva más de cuarenta años utilizando la misma fragancia. Claro que el truco estaba en que es la misma que mi padre utiliza desde que tengo memoria. Ambos han recurrido a nuevos aromas, pero vuelven a su clásico de toda la vida. Una colonia muy conocida, y que no es especialmente cara. Algunos en la sala se han quedado un poco extrañados, pero yo no podía fallar.

     El segundo descubrimiento se llama B. Y ha nacido con unos cuantos días de antelación. Es una preciosa niña de tres kilos que debería haber llegado al mundo a partir del siete de Abril, pero que se ha empeñado en nacer en día de San José. La hija de S. tenía prisa por ver el mundo, y aquí esta en su primer día de vida con estas temperaturas tan bajas y temporal de viento y lluvia. Es preciosa, y es hija de una compañera que no podía estar más feliz.

     El tercer descubrimiento, y voy en orden cronológico, ha sido el que menos me hubiera gustado descubrir, valga la redundancia. He conocido una de las habitaciones de aislamiento de neumología del hospital. Con lo que eso conlleva. B. esta ingresada desde hace más de un mes, y le han extraído más de un litro de líquido de un pulmón, pero se le ha vuelto a encharcar el otro. Pruebas y más pruebas y parece que por fin han dado con la causa de los problemas. Tuberculosis ganglionar. No había oído cosa semejante nunca. Pero ahí está.

     Sólo se puede entrar con una mascarilla que no se puede retirar hasta que uno salga de la zona de aislamiento, y habiéndose puesto un extraño atuendo y desinfectando las manos. Allí existe un circuito cerrado de ventilación con una limpieza y desinfección sumamente cuidada. Como experiencia es cuanto menos impactante. Lo que realmente me importa es que B. se recupere del todo y cuanto antes.

     Por lo demás, ya saben, buenas noches a tod@s.

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Monday, March 19, 2007

No tan malos tiempos para la lírica

     En este día del Padre que ya toca a su fin, onomástica de Josés, Josefas y Josefinas, en el que el mío ha recibido un suculento regalo de sus dos hijos, voy a ser breve. Tan sólo una pequeña cuestión acerca de algo que he visto y leído ayer en un periódico regional.

     Cada Domingo la contraportada está ocupada por un personaje de la región conocido y reconocido por su trabajo. Médicos, abogados, cantantes, pintores, escritores y demás gentes más o menos prestigiosas en la Comunidad Autónoma por su labor. Ayer el espacio estaba dedicado a una mujer que conozco. No es la primera vez que así ocurre, pero esta sí me resultó especial y sorprendente.

     B. es cantante de ópera y debutará en el principal teatro de la ciudad. Famoso en el mundo entero por los importantes galardones que en él se entregan, en la temporada de Zarzuela. Lamento no recordar que obra desplegará vocalmente la soprano a quien conociera unos cuantos años atrás en la Facultad. Y es que si por algo me quedé de verdad sorprendido es por eso. Porque yo conozco a B. de la Facultad, a través de unos amigos comunes que vivían muy cerca suyo. Y hemos hablado multitud de veces, y coincidido en un buen número de fiestas y salidas nocturnas. Y yo jamás hubiera encasillado a B. como soprano ganadora de un prestigiosísimo premio de canto lírico. Tampoco me la imagino acudiendo a las clases magistrales que le ha dado Montserrat Caballé. Pero allí ha estado. Y me alegra haberme equivocado.

     Lo he hecho entre otras cosas por esa forma que todos tenemos de prejuzgar y encasillar a las personas por su indumentaria. Una Diva de la ópera, una gran voz de soprano, es una señora mayor que siempre luce trajes imposibles, peinados rocambolescos y joyas, muchas joyas. Es caprichosa y todo el mundo le baila el agua, Y sí por algo me alegra mi falta de vista es precisamente porque la B. que yo conozco es una chica joven, un año menor que yo, jovial, divertida, con una tremenda sonrisa de dientes blancos, pequeña de estatura y menuda de cuerpo. Antes tenía seis piercings, y ahora sólo conserva el umbilical, pero su pelo sigue siendo tan rojo como en la época estudiantil.

     Me queda desearle el mayor éxito posible en su recien estrenada carrera, y espero poder escucharla pronto en algún recital, de zarzuela u ópera, y me gustaría naturalmente felicitarla en persona. Primero por la gran voz que no me cabe duda posee y también por ser esa brisa fresca, esa innovación en un mundo que suele ser tan clásico como la lírica. Y espero que esto ocurra pronto. Haré por verla y escucharla, y ya les comentaré.

     Como siempre, que les vaya bonito, y buenas noches a tod@s.

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Sunday, March 18, 2007

Pequeña novedad

     El Miércoles pasado una llamada telefónica de media hora puso alas a mi corazón viajero y abrió la posibilidad de un año de residencia fuera de España. Se ha entreabierto, después de un proceso un poco tedioso, una puerta para que el próximo curso escolar sea profesor de secundaria en EEUU.

     Todo comenzó a mediados del mes pasado, cuando leí una oferta laboral que me pareció interesante. Ando medianamente harto de mi trabajo actual y al ojear, como suelo hacer con frecuencia, páginas web de ofertas laborales decidí inscribirme en aquella oferta. Al principio fue poco más que un juego, un voy a ver que pasa si me apunto a esta oferta. Requisitos básicos de Licenciatura y CAP y un nivel de inglés oral y escrito muy alto eran a priori las condiciones básicas. Experiencia docente era deseable. Hasta aquí lo cumplía todo, pero tuve una pequeña duda. Me pregunté si me compensaría. Vuelvo a leer la descripción de la oferta y se me despejaron las dudas. En EEUU es poca gente, se supone que la única con verdadera vocación, quien se dedica a la enseñanza. Casi cualquier Licenciado acaba cobrando más en otro tipo de puestos que dedicando su tiempo a la educación. A pesar de eso, a mí, la oferta económica me pareció fascinante. No la voy a decir naturalmente.

     Les gustó mi perfil y por eso quisieron hacerme una serie de tests que de nuevo volví a superar. El lunes de la semana pasada un número larguísimo suena en mi móvil. Suponía que se llamaba de una llamada desde el extranjero, recordando algunas que ya he tenido y visto. Al indicarme que había pasado la criba anterior y que me instaban a una entrevista telefónica previa, deduje que tendría que comentar en casa algo.

     Lo hice, y la primera reacción fue de extrañeza. Naturalmente de apoyo, pero de extrañeza. Saben de mi afán viajero, pero de ahí a largarme a vivir a unas cuantas horas de avión sin conocer a nadie, hay un trecho. Sin embargo, y una vez que expliqué algunos términos de la oferta, entre ellos los económicos, puedo decir que cuento con todo su apoyo. Mi hermano ya piensa en buscarse un billete. Es muy del estilo del cuanto de “La lechera”. Yo, por el momento, y aunque por fin sienta que no está tan lejos, prefiero mantenerme cauto. De hecho habría preferido no contar nada hasta superada la entrevista en persona. No soy supersticioso en absoluto, y por eso lo he tecleado esta noche, porque no creo que no se chafen los proyectos por hablar de ellos. Somos nosotros, quien por no reunir el perfil más adecuado acabamos fuera de los mismos.

     Superé la media hora de conversación telefónica con Estados Unidos y me instaron a una entrevista personal en Madrid. Allí tendré que ir en unos cuantos días. No puedo decir que me han avisado precisamente con poco tiempo, casi un mes. Si supero la última fase entro en el programa de profesores de secundaria. Si no, otra vez será. O no, pero no me puedo quedar a medias. Creo que si se inicia una carrera hay que llegar a la meta, aunque no sea muy constante, llegar, quiero llegar.

     Y aquí me encuentro. Ha sacado los billetes de avión a la capital, por un precio más que interesante y procuraré leer algunas cosas en inglés de aquí al día de la entrevista personal. No estoy nervioso, la verdad. Pero sí tengo ganas de que llegue el momento final. Me apetece tener ya una respuesta. Bueno, quizás sea impaciente, pero cuando uno sabe que está a un paso de algo que considera muy interesante, supongo que mantenerse del todo sereno y cabal no sea precisamente sencillo. No me he planteado sin embargo nada más allá de la entrevista. Tiempo habrá. La incorporación sería en Agosto de este año. Por el momento he empezado a leer algunas cosas más de mi destino vacacional de Semana Santa. Me gusta empaparme en lecturas e imágenes de lugares que visitaré. Este año, como el presupuesto no me permite grandes lujos, me voy con G. una semana a Lanzarote. Ya les contaré.

     Poco más para este post. Si acaso que leo una entrevista a la genial Wislawa Szymborska en su casa de Cracovia. La genial poetisa Premio Nobel de Liteartura comenta a sus ochenta y cuatro años que no le gusta hablar ni de poseía, ni de ella misma ni de política. Pero que tampoco queda mucho más que comentar. Sabe bien para que le han pedido la entrevista y no sólo habla de animales, plantas, amor y amistad. Me quedo con un par de notas de la conversación en la que muestra su extraordinaria lucidez e inteligencia. Me fascina la juventud que hace lo que todo el mundo, son fascinantes y No trabajo todos los días, no son nada disciplinada.

     Buenas noches a tod@s.

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