Saturday, March 3, 2007

Encadenando párrafos

     Veo el eclipse de luna desde la ventana de la habitación en este preciso momento. A la luna le falta un trozo considerable, aunque las nubes que van pasando engañan a la vista más de la cuenta de vez en cuando. Quiero hacer una foto, pero soy bastante torpe para este asunto, la verdad. Pocas veces tengo buenas instantáneas, pero también, y sea o no presuntuoso, son geniales.

     Por pedir, quisiera hacer una foto similar a una que guardo desde hace tiempo del último eclipse de sol que se vio en España. En aquella ocasión salimos de los laboratorios a la gran explanada delante de la facultad provistos de cristales de soldadura homologados y gafas de óptica para la ocasión. La precaución ante todo. Recuerdo el extraño viento que salió cuando todo se iba cubriendo de un cierto tono anaranjado y una notoria bajada de intensidad lumínica. Me hace gracia recordar las miradas que nos echaban varios viandantes al ver a todo ese conjunto de batas blancas preparados para el eclipse. Recordaré el momento, aunque la fecha ya me baile en la memoria.

     La foto del eclipse solar de esta ocasión está guardada en orden alfabético justo detrás de las últimas fotos que me ha enviado F. desde República Dominicana, donde vive desde hace unos pocos años, y donde se dedica a la fotografía profesional. Estas instantáneas son preciosas. Algunas de ellas saben a poesía retenida en megapíxeles. Otras dan buena cuenta de los contrastes del país. Niños en la calle se alternan con lujo asiático de grandes resorts. Mar Caribe con oleaje en playas no turísticas y jacuzzies gigantes en habitaciones de hotel. Con el permiso de F. y habida cuenta de su autoría vean el ejemplo, la imagen que personalmente más me gusta y que a la vez deja la intimidad de quienes aparecen a salvo. Me parece fascinante.

 

     Siguiendo con este post de ideas enlazadas, al ver la arena recuerdo la película que viera días atrás. Arena en los bolsillos, y la importancia que esta tiene en la vida de los cuatro adolescentes que la protagonizan. Una historia que perfectamente puede ocurrir. Si no la han visto y tienen ocasión, háganlo. Es una gran película que a mi entender, merece la pena ver.  Los actores geniales, precisamente por su espontaneidad y el guión soberbio por su realidad social.

     Mientras veía la película me llamó B. quien me tuvo diecisiete minutos en conversación. Tal dato no tendría la más minima importancia sino fuera porque las cuatro últimas llamadas que me han hecho amigos, han durado exactamente cada una diecisiete minutos y algunos segundos. Sé que no deja de ser una casualidad, pero, precisamente por serlo, me gusta deja aquí constancia de ello.

     La última conversación con esa duración ha sido con S. esta tarde, a quien en escasos días me tocará felicitar de nuevo, por algo distinta a una de las noticias que me quería dar. Va a ser tía. Se le notaba contenta, es más, yo lo estoy porque ella lo vaya a ser. Su hermana tras algunos años casada, ha decidido dar el primer nieto a sus padres. Nieto o nieta, quien sabe. Que venga bien, eso es lo que importa. S. va a ser una gran tía, esto lo sabe uno porque por encima de todas las cosas es una gran persona a quien quiero mucho. No en vano gracias a ella aprendí la diferencia entre apreciar y querer una noche de verano que duró catorce horas. Enhorabuena.

     Y hasta aquí han llegado los eslabones en forma de párrafos de este post asemejado a una cadena. Buenas noches a tod@s. Que les vaya bonito.

Posted by Purga de mente at 22:52:26 | Permalink | No Comments »