Sunday, March 11, 2007

Mi 11-M

     Esta mañana, cuando me levantaba y encendía la televisión para ir desenredándome del sueño, he visto el acto de inauguración de la nueva escultura o monumento, o como se quiera llamar, en honor a las víctimas en el atentado del 11-M en Madrid. He pensado, he visto, he reflexionado, y lo último que he hecho es recordar que estaba haciendo yo la mañana el la que los trenes volaron por las bombas y España cambió un poco.

     De antemano decir que no pretendo hacer ninguna consideración ni política ni personal del atentado ni de los actos conmemorativos posteriores. Claro está que tengo mis opiniones y pienso algo al respecto, pero no me merece, ni en este caso me apetece explayarme letras y letras en ese tema. Quiero simple y llanamente recordar que hice yo aquel día hoy hace tres años. Es un poco egocéntrico, lo sé. Pero al rememorarlo caigo en la cuenta de lo esgrimido, creo que por un psicólogo, mucho tiempo atrás en un programa televisivo. Las personas solemos recordar lo que hemos hecho en días en los que han ocurrido grandes desgracias, o grandes hechos.

     Y me parece muy cierto. Recuerdo que hacía el once de Septiembre de 2001 con gran claridad. La mañana en la que nació mi hermano y eso que aún no había cumplido los cinco años. La noche en la que murió mi abuelo con pelos y señales. Hasta la comida del día que acabé la carrera. Todo lo que hice esos días y algunos otros más importantes hasta ahora en mi vida.

     Creo que eran las ocho de la mañana cuando me enteré. Estaba desayunando y en unos minutos saldría a trabajar. Al principio las causas se desconocían. Explosión en varios vagones de tren en estaciones de Madrid hacía pocos minutos. Mi compañero de trabajo escuchaba a Luís del Olmo en la radio, quien daba alrededor de las ocho y cuarto, quizás y media las primeras informaciones sobre los fallecidos. Creo recordar siete personas en Atocha y tres en El pozo o Santa Eugenia, no sabría decir ahora cual. De hecho me parece que las primeras noticias que me llegaron hablaban de dos explosiones, no de tres.

     Pronto fueron nueve víctimas, enseguida once. Con el paso del tiempo, los minutos de radio y nuestros kilómetros las informaciones eran cada vez más desesperantes. Más y más muertos. Enseguida creo que se superaba la veintena. Luís del Olmo decía sin cesar, ¡Que barbaridad! Nosotros estábamos ávidos de saber y saber más, lo mismo que ocurre siempre en estas situaciones. Mi nerviosismo se descontroló cuando caí en la cuenta de que A. solía bajar a sus clases en la Universidad en tren. Pregunté al chofer. Gran conocedor de Madrid, y me dijo que las estaciones estaban muy lejos de la línea en la que se desplazaba A.

     No me sirvió de mucho. Me quise calmar pero no fui capaz. En cuanto llegué al Laboratorio, antes de las diez de la mañana me puse a llamar. La primera vez comunicaba, la segunda tuve más suerte y mis nervios se relajaron al oír su voz. Aún estaba en casa. Respiré con alivio. Se había enterado de la noticia por una llamada de su madre. Preocupada como yo, y desde ese momento no había dejado de recibir llamadas para preocuparse por ella. No había bajado a clase porque precisamente ese día tenían una huelga de alumnos en la Universidad Complutense, al menos en su Facultad. A. siempre ha dicho que eso ha ayudado a que el número de víctimas no fuera aún superior.

     Enseguida buscamos una televisión. Allí vimos las primeras imágenes. Sobrecogedoras. Recuerdo especialmente la de un joven apoyado contra un árbol con la cara y la camiseta ensangrentadas llamando por su móvil. El tren volado. Carreras y más carreras. Miedo y angustia. A partir de ese momento imágenes e imágenes y muchos datos, mucha información, pero también mucha incertidumbre y más miedo. Todos sabemos cosas acerca del 11-M.

     No se habló de nada más, o de muy pocas cosas esa jornada. Tampoco en los días posteriores. Al menos yo así lo hice. En mi mente se quedaron clavadas escenas que quisiera no haber visto jamás, y eso que no me encontraba en la zona. Que recuerde haber comido macarrones gratinados y pechuga de pollo empanada y haber pasado la tarde pegado a la televisión es un dato más, por darle razón al psicólogo antes mentado. Lo importante no es precisamente eso.

     Hoy se cumplen tres años de aquella fatídica tragedia, que quizás haya hecho mover algo en este país. Algo en las conciencias, que es donde más afectan las desgracias, y en la sociedad. Y cada uno puede pensar lo que quiera. Yo sólo he querido plasmar mis recuerdos de aquella mañana en la que ojala nadie hubiera despertado y fuera un día en blanco en el calendario.

     Buenas noches a tod@s.

Posted by Purga de mente at 20:53:20 | Permalink | Comments (1) »