Saturday, April 7, 2007

Padre e hijo

     Ocurre siempre que me voy unos días de vacaciones. Al menos una semana. Siempre hasta la fecha desde hace ya unos cuantos años. Mientras estoy fuera de casa tiene lugar algún acontecimiento llamativo. Lo cierto es que en la mayor parte de las ocasiones es una muerte de alguien cercano o cercana o bien una separación. De hecho han sido alternativos. Muerte, separación, muerte separación… Esta vez ha tocado la muerte de A. Tenía 94 años y era la mujer más combativa que haya conocido jamás. La amistad con la familia comenzó antes incluso de la Guerra Civil Española. A. estuvo escondida en el tejado de casa de mis bisabuelos por su ideología comunista, lo mismo que mi bisabuelo, quien murió en una cárcel salmantina victima de tuberculosis. Esto la verdad que no tiene nada que ver con lo que quiero contar esta noche, pero ya saben como suelo irme por las ramas.

     Hasta ahora, como he dicho antes se sucedían muerte o separación cercana, pero en esta ocasión, mientras me encontraba en Lanzarote, además de la consabida muerte de la mujer que habitaba el molino de agua del pueblo y cuya voz bien pareciera la de un minero silicoso y fumador, ha sucedido un hecho alucinante. Algo que no se me va a olvidar nunca. Algo que es impactante y que el simple hecho de relatarlo me produce curiosidad.

     B. es un vecino del pueblo de mis abuelos de 89 años. Es una persona fabulosa, con una mente muy despierta que ha vivido muchas experiencias en su vida. Ha vivido más de treinta años en Bruselas y domina a la perfección el francés y se defiende más que ien en alemán. Tiene una colección personal de relojes de pared que ha hecho y reparado él mismo que muchos museos la desearían. Yo soy de los pocos elegidos que ha entrado en el enorme bajo de su casa dedicado a esta afición suya en la que ha invertido miles de horas desde que quedara viudo cuatro veranos atrás. Su mujer era la dueña de los ojos más tristes y la conversación más moderna que he conocido jamás. Fan del Real Madrid, amante del tenis y la lectura histórica A. murió en día de la fiesta del pueblo. El contrate de alegría reinante en el prado donde se realiza la fiesta, justo al frente, a escasos cinco metros de la portilla de la finca, y el dolor de aquella casa una noche de Nuestra Señora del Carmen es también uno de los momentos de sabor mas agridulce que recuerdo.

     A lo que voy, B. a sus 89 años ha conocido a su hijo. No su hijo tenido en el matrimonio con A. ese hijo vive a mil kilómetros de distancia donde posee un verdadero imperio económico y es el hombre a quien yo he visto más decorado con oro en mi vida. Ha conocido a su hijo de 72 años. B. sabía de su existencia, de hecho ha dicho a mi abuela que lo vio cuando este tenía 3 años y él 20. B. fue padre a los 17 años. La madre de su, llamémosle nuevo hijo, era una señora casada del pueblo con la que tuvo una historia mientras el marido de esta estaba en la guerra. Tenía treinta y tantos años y cuatro hijos previos. En cuanto su marido volvió de luchar por la Patria reconoció como propio a este quinto y último hijo. B. no supo nunca más nada. Lo vió tres años después, cuando volvió al pueblo, de donde acabó yéndose, suponemos bien porqué aunque no nos lo haya aclarado como el resto de las cuestiones de esta, para mí, hermosa historia. Ya verán el fondo hermoso y tierno.

     La que fuera su mujer durante más de 50 años nunca supo la historia. A. se fue del mundo sin saber que B. era ya padre antes de que ellos dos se conocieran. B. dice que ella debía sospechar algo, pero que no sabe si su abnegado amor, si el hecho de que él nunca le dijera nada, ella no mentó palabra alguna en toda la vida.

     Para mí de lo más destacable de la historia es el hecho de como el hijo encontró al padre. Su madre nunca quiso desvelarle el nombre de B. Le dijo que ese sería un secreto que se llevaría con ella a la tumba. Sí le dio el nombre del pueblo en el que vivía. A la muerte de su madre se puso a investigar. Dejó pasar un tiempo prudencial y comenzó la búsqueda. Dio con el pueblo y fue hasta allí a preguntar si alguien conocía la historia. Los más viejos del lugar parecieron recordar algo, pero la cosa quedó en el olvido. Hace sin embargo cosa de un año volvió de nuevo a retomar la búsqueda, suponiendo que quizás su padre ya hubiera muerto, pero esta vez la cosa fue diferente. Dejó su teléfono a los más ancianos, por si alguna vez recordaban algo. Uno de ellos creía recordar que B. era su padre, pero no lo podía asegurar. Sin embargo el destino quiso que hace poco más de un mes esta misma persona leyera la esquela en el periódico de la cuñada de B. Una chispa se le encendió en la mente y llamó al hijo.

     Le dijo, que si bien no se equivocaba B. podría ser su padre. Le citó la esquela y compró la prensa para leerla. B. G. A., quizás estuviera cerca de su padre. Se armó de valor y fue al entierro de la señora en cuestión. B. acompañado, por sus dificultades para andar de la hermana de mi abuela y su marido se llevó una gran sorpresa. Alguien se le acercó y le dio una nota con un nombre completo y un teléfono en la mano mientras le daba el pésame. B, pidió a la hermana de mi abuela que le leyera lo que ponía la nota que acababan de darle, no se había llevado las gafas de leer. En cuanto C. leyó el nombre completo del señor que había dado la nota a B., este lo dijo claramente sin duda ninguna. Es mi hijo.

    C. y su marido casi se caen del mismo susto al oír semejante declaración. B. sin embargo estaba calmado y mantenía gran aplomo. Sabía que era su hijo por el nombre. Lo primero que hizo en cuanto llegó a su casa fue llamar a su otro hijo, el habido con A., su difunta mujer y narrarle toda la historia. B. hijo se llevó una gran alegría. Bien pasada la cincuentena se encuentra con un hermano de 72 años casado, con cuatro hijos y no sé cuantos nietos, jubilado de la hostelería y que vive a escasos diez Km. de su padre. B. hijo llamó de inmediato a su hermano y empezaron a comunicarse, también le indico en que lugar vivía su padre.

     Y desde hace algunos días el nuevo hijo de B. acude cada día a ver a su padre biológico. No tiene ningún ánimo de lucro, fue reconocido por el marido de su madre y lo único que le mueve es el deseo de conocer a quien le diera vida. Y eso a mí me parece fascinante. Fascinante y tierno, porque en el punto final de esta historia, que bien pudiera parecer rocambolesca, me queda decir que B. esta muy enfermo. No me equivoco si digo que en poco tiempo se va a morir. Y a mí me parece un acto hermoso ir cada día a pasar la tarde con tu padre, aunque hayas estado 72 años sin él, aunque sepas que sólo te ha visto hace 69 años y a escondidas.

     Es el momento de conocerse, ahora que se acerca el final, ahora que se han reencontrado, de sus vidas, sin darse explicaciones, que tampoco se piden. El momento de estar juntos y compartirse. Y esto es lo que a mí me parece genial, hermoso y admirable. Por todo eso he querido contar esta noche la historia nueva que ha sucedido mientras me encontraba fuera. Ojala sean cosas como esta, por raras que puedan llegar a ser, las que ocurren en mi ausencia, y no muertes o separaciones cercanas.

     Por lo demás ya lo saben. Buenas noches a tod@s.

Posted by Purga de mente at 22:52:50 | Permalink | No Comments »