Wednesday, April 25, 2007

Para M. y F.

     Ya estoy aquí de nuevo. Me siento como en un damero, moviéndome sólo por casillas determinadas, o lo que es lo mismo, escribiendo un día si y otro no. Anoche con corregir las pruebas finales de un artículo científico que vamos a publicar, a partir de una ponencia en un Congreso, tuve más que suficiente. A eso de las doce de la noche hubiera llamado a los de la imprenta para decirles cuatro cosas. Hasta ocho si me lanzo. Suerte que precisamente era la hora que era y no las cinco de la tarde, porque lo hubiera hecho.

     Y hoy por fin voy a poder contar algo de lo que quería hablar ya días atrás. De M. y F., que si me siguen ya saben que son R. y A. Para empezar, dar un dato que puede parecer sorprendente. Este matrimonio de intelectuales progresistas forrados hasta los dientes y que considero verdaderamente fascinante, tienen 70 y 75 años respectivamente. Pero es su vitalidad, su halo de atracción lo que les hace verdaderamente increíbles. Transmiten mucho más que el común de los mortales con su simple presencia. Destilan sabiduría escrita y popular a chorros por cada poro de su piel, son buenas personas y encima con ellos uno se siente lo más cercano al paraíso. Para mí Varadero, la verdad…

     No es que sean verdaderos amigos míos. Son un par de personas sumamente interesantes con las que, por circunstancias he compartido y departido bastante. Nos conocemos por la relación laboral y personal de M. con mi madre, acaecida muchos años atrás. Lo cierto es que no sé ni por donde empezar a contar. me veo con ganas y hasta tiempo.

     Hace ya casi treinta años mi madre se topó con M., dueña de uno de los negocios más prósperos de toda la ciudad. Cuando digo próspero, quiero decir claramente que daba dinero para parar un tren. Número uno indiscutible en su campo, y premiado en más de una ocasión con galardones de carácter nacional, que le reconocían como mejor empresa del año en su campo, y hasta internacionales, por algunas de sus vanguardistas y pioneras técnicas de trabajo. Sé que va a despistar que diga que gentes del más alto nivel socio-económico y cultural regional, y alguno, mejor dicho, alguna nacional, han pasado por la tutela y mano de M. y los suyos. No es el Opus-Dei, no. En ese caso yo no podría lanzar tantas alabanzas sinceras. Más bien lo contrario, eso sí, del todo sincero.

     Ella se ha hecho a si misma a base de esfuerzos laborales, muy bien recompensados, todo se diga. Viene de una familia humilde. Todo lo contrario que F., cuyos antepasados fueron personas de mucho prestigio social, cultural y de nuevo económico en la capital. Su apellido es bastante conocido en todos los círculos, y sus hermanos, hermanas y sobrinos, ocupan puestos de renombre y hasta fama en sus respectivos empleos. Me consta que no se casaron precisamente jóvenes, y quizás por eso no hayan tenido hijos. Nunca he visto tampoco, mayores regalos efectuados a unos sobrinos y sobrinas.

     Manejan con una soltura sorprendente los idiomas. F. es prácticamente bilingüe con el francés e italiano, y ha tomado tantas clases de inglés que lo habla mejor que muchas personas que yo he visto que vivían en Londres. M. es más modesta en este caso, habla bien varios idiomas, pero no es tan erudita como su marido. Este hecho le podría llegar de sus conocimientos, por afición, que no profesión, de historia. Sorprende hablar con ellos de muchos temas en los que son verdaderos genios. Alguno más comentaré luego, pero lo que sabe M. de historia estoy seguro que lo desconocen el grueso de Licenciados en dicha carrera. Especialmente sabe de arte, y sobremanera de pintura. Lo más llamativo es que poco importa que hablemos de Picasso, frescos rupestres prehistóricos o el menos conocido de los pintores barrocos italianos. De todos conoce mucho.

     Uno y otra devoran cualquier cosa escrita que caiga en sus manos. También afición compartida por ambos, es la jardinería. Diría que la segunda, la primera, los viajes. Eso en el siguiente párrafo. En el jardín de su gigantesca e increíblemente bien situada mansión, hay una de las mejores colecciones de rosales y orquídeas que uno pueda imaginar. Por cierto, digo bien mansión y no chalet, ni siquiera inmenso chalet. Aquello, no sólo por la cantidad de metros cuadrados que les corresponden a cada uno, es más que un chalet enorme. Un dato que puede dar una pequeña idea. El baño del dormitorio principal tiene quince metros cuadrados. No se imaginen ya el vestidor, que tiene una superficie tan llena de ropa como una planta de El Corte Inglés. Del área del dormitorio en sí ni hablamos, sólo imaginamos. Uno de los salones de la planta baja, y no el mayor, tiene 150 metros cuadrados. Impresiona lo mire uno por donde lo mire. A lo que iba, las flores. Las plantas en general y las flores en particular. Dedican tiempo infinito al cuidado de las mismas. No sé cuanto dinero tiene invertido en orquídeas de todos los colores tamaños y especies. Algunas traídas de destinos lejanos y exóticos.. También tienen a ayuda de un jardinero que les ayuda cuando llevan a cabo su principal afición. Por cierto, el servicio de la casa consta de sólo dos señoras, que no sé cuanto tendran que trabajar para mantener toda esa casa limpia. M. es la que cocina.

     La segunda afición es viajar. Han estado en más de 70 países diferentes en todos los Continentes, y en algunos de ellos, como Australia, en más de una decena de ocasiones. Con frecuencia que puede resultar insultante viajan al Caribe o a esquiar donde haya nieve. Por estar han estado hasta en la Antártida. Aquí confieso mi envidia, sana, todo se diga. Viajar me puede. Los destinos más turísticos, y los menos sospechados han sido pisados por sus pies y fotografiados por sus cámaras. A veces incluso pintados por M., quien por cierto le hizo a mi madre un retrato que parece una foto. Quien o tiene todo, es que lo tiene todo… De cada lugar que han visitado traen algún recuerdo que distribuyen por la casa. Decorada con mil cosas de mil países y culturas. Ya se imaginan que pasada.

     Pero lo más importante y último que quiero comentar de M. y F., es su capacidad de conversación y su simpatía. Forrados hasta los dientes, son personas de lo más llano y tratable, que se amoldan a lo que se les ponga por delante. Estan completamente actualizados, metidos de lleno en la sociedad actual. No se han quedado atrás. Bailes estrambóticos  o recurrir al cancionero popular en bodas o conversaciones de arte con Premios Príncipe de Asturias son ejemplos muy divergentes del abanico de posibilidades en el que se mueven. Y es por esto sobretodo, porque son dos extraordinarias personas, por lo que tenía tantas ganas de dedicarles unas líneas.

     Por cierto, he quedado para ir a verles a su mansión. Cuando era niño casi me caigo en una de las fuentes de los jardines delanteros. Esta vez tendré más cuidado. No olvidaré esta anécdota. Me han invitado a chocolate traído de su viaje a Suiza en Semana Santa. Agradable conversación y chocolate, no me puedo resistir. Buenas noches a tod@s.

Posted by Purga de mente at 21:10:45
Comments

2 Responses to “Para M. y F.”

  1. Edelweiss says:

    Lo dicho, por menudas esferas te mueves, querido. También digo que eres capaz de bajar al nivel del común d elos mortales, como es mi caso.
    Interesantes M. y F.
    Saludos.

  2. M. says:

    A mí me encantaría compartir ese chocolate y esa charla…

    Se debe aprender mucho. Y la compañía es prometedora. Como tú dices ¿qué más se puede pedir?

    (En mi caso, ganar algún premio literario por humilde que sea… pero bueno, ese es otro tema).

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