El fin de Berlín
De acuerdo, a la tercera va la vencida. Tengo pensado rematar lo que me queda por decir de Berlín en este post. He estado cargando las pilas escuchando música animada. Grace Kelly de Mika, Chup Chup de Australian Blonde y Flowers on the window de Travis concretamente. Energizado comienzo la descripción que, alguien que sigue sin comentar, aseguraba le hubiera pasado por extraída de guía turística o reportaje televisivo. Nada más lejos de la realidad. Uno a pesar de ser un verano que no lo parece, tiene recursos mentales para poner lo que pone, piradas de pinza conscientes incluidas. Al grano.
Había dejado resuelta la parte más central de la capital germana, por lo que me desplazo al otro lado de Tiergarten. El occidente cercano. Allá donde se levanta la estatua de Siegessäule. La dorada Diosa Victoria de áureo teñida en sus 62 metros de altura. En la gran plaza del parque. Destaca sobre la extensión verde como ninguna otra cosa podría hacerlo. Verdosas son también las aguas, a veces con un olor excesivamente peculiar, de Neuer See, la laguna de contorno más que irregular del parque. Muy cerca se encuentra uno de los lugares en los que mejor me lo pasé de la ciudad. Salidas por Hackescher Markt Berliner Weisser Grüns en abundancia aparte. El Zoo.
Para empezar la fascinación de descubrir un lugar en medio de una ciudad tan integrado en el entorno y en la cultura berlinesa. Destaco el carácter peculiar del recinto por alejarse del concepto habitual que por estas latitudes europeas, supuestamente más cálidas tenemos de semejantes lugares lúdicos. En Berlín han conseguido una integración increíble. Uno tiene la sensación de pasear por un parque cualquiera de su ciudad, con la salvedad de poder encontrarse gorilas, cebras, osos hormigueros, pandas o polares, jirafas, pingüinos y demás campando libremente por el lugar. Estéticamente la supresión de muchas barreras visuales a las que estamos acostumbrados en los zoos, es sin duda el gran logro de este lugar, que recomiendo para cualquier visitante de la ciudad. Admito, claro está, una excesiva antropización de los animales, pero mejor eso y verles bien, que tristes cebados y cerrados.
La visita al zoo no queda completa si uno no se sumerge en su acuario y terrario. La idea de trasladarse a un microclima, que bien me recuerda a la Ciénaga de Zapata, que visitara en Cuba tiempo atrás, es de lo más interesante. Pasear por un puente de madera bajo el cual tortugas, cocodrilos y caimanes nadan o reposan plácidamente a poco más de dos metros bajo tus pies impone respeto y da emoción para gente no demasiado miedosa. Ni que decir tiene para alguien aficionado a los acuarios tropicales, como yo, que lo que se puede disfrutar en ese entorno le deja a uno atónito. Veánlo, no lo duden.
Casi frente al Zoológico se encuentra la turística Plaza de Breitscheid con sus tres emblemas. El Europa Center. Un giganntesco centro comercial con unas fuentes móviles y un reloj hidráulico que captan incluso más atención que cuantas tiendas y restaurantes se encuentran en el edificio. La casi derruída Iglesia del Kaiser Guillermo Primero. Bombardeada a discreción en 1943 quedó con su característica cúpula que los berlineses comparan con un diente mellado. No se reconoce el típico verdor en las alturas, la verdad. Frente a ella un nuevo y modernista campanario, y una pequeña iglesia igualmente modernista, octogonal y recubierta de cristal azul. El tercer y último emblema. La fuente de granito rojo conocida popularmente como Wasserklops, es decir, la albóndiga acuática. Entre los tres emblemas serpentean miles de personas ávidas de turismo y compras en la zona.
A partir de esa zona de abre Kurfürstendamm. Una de las zonas más lujosas, y hasta glamurosas para quienes sean capaces de visualizar este concepto, de la ciudad. Donde las tiendas de las mayores y mejores marcas de lo que ustedes imaginan van situándose a lo largo de la inmensa avenida. Los edificios más clásicos y lujosos se combinan con los colosales de reciente construcción y caprichosa arquitectura acristalada. Un sitio para perderse en un paseo. Poco tranquilo, por el bullicio de la zona, pero merecedor de un gastado de suelas.
Por la zona queda en gran supermercado y tienda de moda de Berlín. Kaufhaus des Westens, que sinceramente no recuerdo que quiere decir. KaDeWe para todos los alemanes. Allí encontrará usted cuanto quiera. A que precio es ya otro cantar. Relativamente cerca está la plaza de Savigny. Un lugar que para mi gusto concentra una esencia puramente berlinesa. Edificios antiguos con pequeñas tiendas en sus bajos cerca de una estación de tren con mucho encanto, en la que por cierto está una librería fascinante. Olor a café, terrazas y ambiente distendido. Nada de lo que uno pensaría de Alemania desde España. Digno para perderse unos cuantos minutos.
Al este de Berlín, y alejándonos del barrio de Charlottenburg, se encuentra el palacio Schloss Charlottenburg. Residencia veraniega de Sofía Carlota, esposa de Federico III. Lujo y grandiosidad centroeuropea en un edificio inmenso, de arquitectura sencilla, pero capaz de dar un encanto a una zona no demasiado bonita de la ciudad. Los cuidadísimos y barrocos jardines traseros acaban en una laguna, no sé si artificial, en la que los ánades llevan su vida tranquila en un gigantesco oasis acuático. Me quedé con las ganas de entrar dentro, pero cierran los Lunes. Ténganlo en cuenta, sino, siempre queda perderse en la paz de los jardines traseros y comer con la ayuda de los gorriones que por allí pululan.
Un lugar importante en la capital alemana es en Checkpoint Charlie. El antiguo puesto fronterizo del muro. Aún se conserva la cabina, donde un par de bellas señoritas posan, previo abono de 2€ para una foto de recuerdo en un entorno que trata de recordar los años 50. En este lugar se alza el famoso cartel que indica estamos abandonando el sector americano, para meternos en el ruso. Supongo que trataban demeter miedo y eludir responsabilidades.
Creo que por último, citar el Berlín turco. Ese que tiene esencias en el aire y especias en la vida cotidiana. Oranienstrasse con su mercado de flores, donde brillan los espléndidos girasoles que tanto gustan a los alemanes. La Moritzplatz, para sentarse a ver la vida cotidiana de los turcos emigrados y que aún conservan algunas tradiciones, es un bonito lugar para perderse un rato.
Estoy seguro de que se me han olvidado un montón de cosas que a priori pretendía contar. Tampoco importa ya demasiado, Me he purgado bien la mente, y por supuesto quien quiera, que no dude en preguntarme. Lo que esté en mi mano haré. Para rematar este post, largo, ya lo sé, recordarles que Berlín merece la pena mucho más de lo que parece. Si no saben donde pasar unos días, y aceptan la sugerencia. Piérdanse por la ciudad de los tilos y descubran todo lo que les ofrece.
Buenas tardes a tod@s.
Gran descripción de Berlín, y me viene muy bien porque tengo pensado ir dentro de unos meses, ya que uno de mis compañeros de piso se va a pasar una temporada allí y vamos a ir a visitarlo (o eso es lo que le hemos dicho a él, porque en realidad vamos por ver aquello y pegarnos la fiesta).
Tomo nota de esta pequeña guía turística de Berlín.
Un saludo.