Saturday, July 28, 2007

Postales y pinchazos

     Julio está siendo un mes más que flojo en lo que a purgas de mente se refiere. De por sí ya sabe el respetable que no soy la persona más activa, pero ahora que por fin hemos podido tener una semana de playa por estas latitudes, que he vuelto a pasar un tiempo en la casa de la playa, que he podido nadar, comprendan mi ausencia. Tampoco son muchos quienes la notan, pero en cierto modo me debo a ellos. A vosotros, que sois de confianza.

     En los últimos días han seguido llegando postales de amigos y amigas que siempre me recuerdan en sus viajes. D. como siempre original desde Buenos Aires. Siempre original en la postal, en su escritura, un tanto jeroglífica, lo mismo que el la Facultad. También siempre fiel. Allá donde va, postal que viene. Yo encantado de que sea así. Te pagaré unas sidras veraniegas cualquier fin de semana de estos.

     I. desde Berlín. Me resulta extraño a mí mismo, pero no tenía ninguna postal desde la ciudad, así que yo mismo la escogí y compré cuando anduve por tierras germanas, y ella sólo tuvo que llenar de preciosas frases y buscar un sello. Tarea que por otra parte parece resultar más compleja de lo usual en la capital alemana.

     Otra fiel, S. esta vez desde Turquía. Desde la Capadocia turca llegó una postal muy bonita contándome lo estupendo que resulta el baño turco. Los viajes de S. son siempre para poner los dientes largos. Collares de orquídeas en Tailandia, natación con delfines en México, caipirinhas al sol de Brasil, y no sigo que me sugestiono más de lo necesario. También me ha traído un detalle. Como le ha dado por ir a buscarse la vida un poco lejos de mí, aún no lo he visto. Y ya saben quienes me conoces que soy un jodido ansioso, más para estas cosas. Cualquier detalle, sea como sea me encanta. El próximo fin de semana te invito a cenar a nuestro lugar de verano, antes de ir a pasar la noche a la fiesta a la que vamos todos los años. Yo también le entregaré un regalito muy berlinés.

     Otras cosas que he hecho estos días, como ya he mencionado el líneas anteriores, incluyen jornadas de playa. Todas estupendas hasta la de ayer. Es lo más destacable de los últimos días, aunque hubiera preferido no tener que escribirlo, la verdad.

     Me ha picado un pez escorpión. O víbora o lo que leches sea, un pez con espinas exteriores venenosas que me ha jodido pero bien. Lo cierto es que yo lo pisé. Evidentemente sin darme cuenta. Estaba saliendo del agua después de mover un poco los brazos y haber pasado una hora allí dentro pasándolo genial haciendo el tonto. El agua me cubría apenas las rodillas y de repente, al dar un paso, en el dedo meñique de mi pie derecho siento un pinchazo agudo. Algo que entró y salió limpiamente, pero que me dejó un dolor instantáneo intenso de verdad.

     Miré el pie, estrujé un poco el dedo, que ya me dolía horrores. No tenía nada dentro. Pensé en un oricio, vamos un erizo de mar, pero aquello dolía que ni se imaginan. Llego al puesto de socorro, donde me atendió una socorrista de lo más amable, con mucha paciencia e interés. Enseguida me comunicó que seguro que me había picado un pez escorpión. Uno de esos vertebrados marinos cantábricos con los que se hace un pastel de pescado la mar de sabroso, pero que esta vez quiso tocarme las narices. También me indicó que iría pasando, y como evolucionaría la cosa.

     No podía casi caminar, y los primeros minutos, las primeras horas mejor dicho, fueron de dolor intenso y creciente. Yo estaba que rabiaba tumbado con la pierna un poco en alto mientras sentía pinchazos agudos y mis acompañantes planeaban levantar el campamento. Habíamos ido lejos de casa. Poco a poco el veneno fue extendiéndose por todo el dedo, cierto es que la cantidad de ponzoña inoculada fue poca, afortunadamente. Se hinchó, se puso como una morcilla de color rojo intenso y con una. Duro como si fuera de piedra. No había quien hiciera ceder siquiera un poco la carne dolorida. Un espanto. Comencé a recordar los cuatro pasos o etapas típicas o Celso de un proceso inflamatorio que antaño estudiara en la asignatura de Inmunología, y con cuyo pésimo profesor me descargaré en un post puñetero que tengo pensando escribir un día que me vea con ganas. Contra él y contra la autora de 100 personajes que destruyen España. A lo que iba, calor, dolor, rubor y tumor. Genial.

     El grueso hinchazón y los dolores más que intensos se disiparon con cierta rapidez. Ahora mismo aún sigue dolorido, una sensación un poco desagradable, pero perfectamente soportable. Está un tanto hinchado, sobretodo en la zona del inoculado, y no tiene todo el tacto, está algo acartonado. Mientras tanto he seguido las indicaciones y lo meto en agua muy caliente con sal y desinfecto, por eso de que las bacterias no se pongan a trabajar en un proceso infectivo. Esperemos.

     Y por hoy hasta aquí. He quedado para comer fuera dentro de un rato, y no quiero llegar tarde. Tendré que calzarme unas sandalias playeras y pasear mi meñique con indicios de gigantismo por un restaurante de cierto rango. Que no me miren mal, que voy a pagar lo mismo que los demás que por allí andan moviendo el bigote.

     Buenas tardes a tod@s. Sean felices y cuidado donde pisan.

Posted by Purga de mente at 13:21:35 | Permalink | No Comments »