Crónica de un Verano que no fue
Estoy a punto de asfixiarme. Hace un par de horas que ni siquiera miro el termómetro. Por dos motivos, el primero, no quiero que me de un soponcio. La última vez marcaba 46ºC tres minutos después del mediodía. Ahora que la hora de comer, para el que le queden ganas, no quiero ni pensar que demonios marca el mercurio. El segundo motivo es bien distinto, pero causado pro el primero. Estoy tan pegado al sofá, que me dejaría la piel incrustada contra la tela si me levantara. Y lo peor, rompería a sudar aún con más fuerza de lo que lo hago ahora.
Maldito Verano. La gente se lo pasará muy bien, pero yo esto no lo soporto. Días como hoy me hacen pensar porque narices no viviremos en Galicia o Asturias, que se pasan el Verano con el mapa del Tiempo anunciando nubes. Una nube por Dios, ¡yo quiero una nube! Que tape un poco este sol que calienta más que los hornos del infierno.
Decidido, aunque tenga que sacar un crédito, el año que viene me voy de veraneo un mes completo a Buenos Aires, o a Santiago de Chile, o a Ushuaia. ¡Donde haga frío! Yo esto no lo aguanto. Encima es que no me aguato ni a mí mismo, estoy irritable por el simple hecho de existir, de estar despierto. Supongo que un aire acondicionado que no funciona y un par de noches durmiendo tan escaso tiempo como la cópula de un conejo, también igual de agitado, ayuden a mi mala leche. Leche por ser fino, que tengo unas ganas de decir otra palabra que no veas…
Esa es otra. El puñetero aire acondicionado. ¿Que confabulación judeomasónica se ha aliado contra mí para que un 20 de Agosto se me joda el aparato al que adoramos más que a nuestras propias madres los que vivimos al sur del país en épocas estivales? Llego a plantearme si soy tan mala persona. Soy un funcionario, vale, no trabajo casi nada, lo reconozco, pero me he pelado el culo para sacar la plaza, digo yo que tanto mal a la humanidad no habré hecho.¿no? O que pasa, ¿que tanta envidia despierto a mi vecino Manolito? Ni que fuera mía la culpa de que él no saque su plaza ni a tiros y tenga que dedicarse a instalar aparatos de aire acondicionado.
Confieso que con el ablandamiento de las meninges, que se produce por encima de los 45ºC, he llegado a creer que ese cabronazo me había boicoteado el aparato. Luego uno racionaliza en los escasos momentos de lucidez que estos sopores permiten, y piensa en la imposibilidad de tal hecho. Vivo en un noveno y no creo que se le haya ocurrido llamar a los bomberos para subirse a una escalera gigante y desguazarme la maquinucha. Es sólo criticar por criticar, para entretenerme en esta mala leche que me durará lo que la enésima ola de calor.
Lo dicho, el año que viene al Hemisferio Sur. Sólo de pensar que en estos momentos en el sur de Chile están repletos de nieve, me produce un gusto extraño. Yo que ni siquiera sé lo que es el verdadero frío, que quieren que les diga, tengo ya curiosidad. Me hacía una permuta de casa, de esas que los modernos hacen hoy en día, con un habitante de Groenlandia. Lo mismo quiero volverme en cuanto se abran las puertas del aeropuerto y se me congele hasta el líquido de la vejiga. Pero por probar una emoción tan fuerte como 48ºC, pero a la inversa, yo daba algo.
En fin, voy a ver si bebo en enésimo litro de agua, para sudarlo después, y vuelvo a llamar a los técnicos del jodido aire acondicionado. Trataré, lo mismo no lo consigo, de irritarme lo menos posible, e increpar lo justito, a ver si a la quinta va la vencida. ¡Señor que cruz! ¡Señor viva Siberia! ¡Señor, el Verano para quien lo quiera!
Los que vivimos en el sureste, en un piso de alquiler que por supuesto no tiene aire acondicionado, ya lo tenemos más que asumido lo del calor. Mi viejo ventilador (lo tendré ya como cosa de 6 años) es un inseparable compañero de fatigas y calores, y en la medida de lo posible, lo hace más llevadero.
De todas formas, piensa que dentro de poco vas a estar dando clase en algún instituto (has quedado muy bien situado, enhorabuena), y confía en que tenga aire acondicionado y calefacción, que el invierno está cerca.
Un saludo.