Sunday, January 7, 2007

La noche antes

     Escucho a Billy Joel y su Piano Man. Miro a través de la ventana la noche que se abre oscura y carente de frío ante mis ojos. Ahora suena Serenade de la Steve Miller Band. L. se acaba de conectar y hemos pasado un buen rato hablando acerca del destino inevitable. No estaba pensando precisamente en la muerte. Mañana vuelta a la rutina, al madrugón, al trabajo.

     Sé que no debo quejarme. Poca gente tiene tantos días de vacaciones en estas fechas. Pero creo fehacientemente en esa frase que asegura que cuanto menos se hace, menos se quiere hacer. Loterías y Apuestas del Estado sigue queriendo verme pobre. Tampoco me tengo que quejar por esto, lo sé, pero, ¿de que me puedo quejar?, ¿de lo típico? Yo también quiero la paz en el mundo, salud por doquier y abundancia para quienes no la tengan. Felicidad para todos y todas. Muy al estilo Manolo Escobar. Quizás en otro orden, siendo la salud lo primero. No soy como quien pronunció la famosa frase de: En la vida hay cosas más importantes que el dinero, pero son demasiado caras para comprarlas. Lo gasto demasiado rápido como para darle importancia.

     Mañana al despertar no recordaré eso de bendita educación, o enseñanza, que en varias ocasiones he dicho en este blog. Me levantaré pesadumbroso y jodido por haber dormido poco esta noche. Cosas de la vespertinidad extrema. Por si acaso cenaré en un momento y me iré a la cama pronto. Mañana veremos que cuento, que hoy estoy cansado.

     Buenas noches a tod@s, gracias a quienes me leen, y que les vaya bonito.

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Saturday, January 6, 2007

Día de Reyes

     Me he debido portar muy bien a lo largo del año. Eso pensaba cuando siendo un niño llegaba la mañana de Reyes y veía bajo el árbol, o a pie de Portal de Belén, un nutrido grupo de cajas. Cada una envuelta en un papel diferente. Esta mañana he vuelto a tener esa sensación. Si no soy del todo bueno, disimulo que da gusto.

     No me cohíbe decir que a pesar del paso de los años, la noche de Reyes siento una extraña sensación. Duermo bien, no como antaño. Sin embargo despertarme la mañana del seis de Enero y ponerme a desempaquetar es algo que me sigue gustando mucho. Es cierto que cualquier detalle por mínimo que sea me deja como unas castañuelas. Encantado de descubrir cualquier cosilla aparte de las pedidas para las fechas.

     Yo sigo pidiendo algo, lo reconozco. Si veo que me hace falta alguna cosa, lo dejo caer. Suele caer. Casi siempre, son consabidas las excepciones, como el coche o que me toque la Primitiva. De lo primero tengo, y regalado, lo confieso, pero no por Reyes. De lo segundo hasta la fecha poco. Escasos reintegros.

     Con la misma ilusión que hace veinte años luzco todo lo que se pueda lucir y muestro cuanto pueda mostrar de lo que ha aparecido envuelto en casa y que ponía mi nombre. Hoy he tenido que dejar la bufanda. Este invierno tan tenue no me ha dado la posibilidad. Tampoco he mostrado el sobre con dinero que reparte mi abuela con paciencia infinita año a año a cada uno de los veintitrés destinatarios. Es casi un ritual familiar. Y cada uno conoce lo que le toca al resto.

     El lunes toca la vuelta al trabajo. Me lo digo a mi mismo para ir mentalizándome. El despertador vuelve a sonar y otra vez más a madrugar. Para mí la enfermedad crónica más extendida en el país. Yo espero curarme algún día. De momento esta noche soy formal y me quedo en casa de relax. Veré una película que ya he visto un montón de veces, como casi todas las que echan por estas fechas. Quizás coma un bombón o dos, o tres… O los que me de la gana. En fin, me retiro al sofá. Que ustedes lo pasen bien. Buenas noches a tod@s.

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Friday, January 5, 2007

Cabalgata, café, charla y cena

     Aún tengo algún caramelo de los que he pillado en la Cabalgata, lanzados por Reyes Magos y acompañantes sin demasiado tino. Al menos este año no me han acertado en la cabeza. El año pasado recibí un impacto considerable de un proyectil con forma de caramelo de mora a la altura de la frente. O soy muy cabeza dura, o los caramelos ya no son lo que eran. Al desposeerle de su morado envoltorio estaba partido en un buen montón de trozos.

     He estado tomando unas cañas y hartándome de encurtidos diversos con K. que ya sabe el respetable que no es K, sino S. rebautizado en tiempos de juergas y facultad en K. Así que para no asustarle, no le dio la gana de venir a ver el espectáculo conmigo, comento que los caramelos los he cazado de vuelta a casa por el suelo. Sé que no se cogen cosas del suelo, pero lo de los caramelos de la Cabalgata todo el mundo sabe que es una excepción.

     El año pasado estuve más hábil. Es igualmente cierto que el hecho de vivir en el mismo punto de salida de la comitiva ayuda. Las calles más abarrotadas no son estas, y es lo más normal y sencillo del mundo llenarte de coloreados papeles los bolsillos. K. aborrece este acto que a mí sin embargo si me gusta. Aunque lo que más me va a gustar es abrir los regalos mañana.

     Porque si de algo estoy convencido, es que por mucha que sea la insistencia de mis padres y mi hermano, yo hasta mañana ni abro ni doy ningún presente. Otros años los colocaba a pie de árbol, pero este año corro peligro de que se levanten, así que resisto hasta mañana.

     Por supuesto mi ausencia del blog estos últimos dos días se ha debido a tardes noches de agenda social llena. No han sido compras de última hora. Este año he aprendido. El miércoles a eso de las cuatro de la tarde recibo una llamada al móvil. S. me propone quedar en cuanto salga de echar una mano en una de las tiedas del negocio familiar, Sobre las ocho y media. Acepto. No es para menos, no la veo desde el año pasado… Eso y que la distancia geográfica hace que su ausencia sea a veces demasiada frente a la que a mi me gustaría. Además intuyo que le puedo sacar más que unas cañas. Me debe según sus propias palabras, algo más.

     Un cuarto de hora escaso después de colgar a S. vuelva a sonar el móvil. B. llamándome cosas hermosas, como cielo y amor que hacen que sienta por ella verdadera adoración. Está en mi ciudad, de compras y alucinando con la iluminación navideña. Quedamos a las siete para tomar algo en una de las cafeterías más elitistas de la ciudad. A B. y a mí nos pega, la verdad. Le advierto que a pesar de que me encantaría pasar con ella cuantas horas fueran necesarias, tengo sólo hora y media para departir acerca de lo divino y lo humano con un café en la mesa. No le importa. Con que le dé un beso se conforma. Me tiene ganado y lo sabe. Nos vemos. Hablamos, más de lo humano que de lo divino y enseguida me dan las ocho y media. Nos despedimos hasta pronto. Seguro que es así.

     Casualidades de la vida, al levantarme encuentro a S. apostada en la barra de la cafetería comiendo un pincho y ojeando la cerveza que hay sobre su mesa. Es cierto que estaba echando una mano a escasos veinte metros de la cafetería, pero sigue sorprendiéndome. Hago un recado y vuelvo a buscarla. Nos vamos a una cervecería que me gusta mucho y echamos un buen rato. Al deberme algo más, según sus propias palabras propongo unas tapas. Es cierto que yo estaba famélico, lo confieso. No tengo en que volver así que no me deja mucho a escoger, vamos a un bar cercano y nos introducimos para el cuerpo unas gambas deliciosas y unas tostas bien guapas empujadas con más cerveza. No hay foie de pato, asi que me conformo con vieras. Más y más conversación amena y desinhibida con concesiones a algunos sentimientos. Se hace tarde. Salimos los últimos del sitio, al que volveré pronto. Me ha gustado. Supongo que el hecho de alargar la tarde hasta la noche un miércoles cualquiera de una semana laborable es lo que tiene, poca gente por la calle al despedirnos. El 3-1-07 lo mismo que el 7-9-05, frente a la estación de tren. Me gustan los números impares.

     Lo de anoche fue bastante más familiar, y con lo largo que queda este post, poco digno de especial mención. Hoy como vuelvo a salir de cena escribo pronto, que no me apetece dejar tanto tiempo en blanco este lugar del cyberespacio.

     En fin, gente, espero que hayáis sido buenos o malos todo el año, algún regalito se caiga esta noche para cada uno. Yo  por si acaso sigo advirtiendo de mis necesidades en estas fechas. Espero como cada año que me lo traigan todo. Yo al menos ya tengo los presentes a entregar bien envueltos y escondidos hasta mañana.

     Pasen buenas noches, y hasta mañana, si nada lo impide, a tod@s.

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Monday, January 1, 2007

Resurrección

     El título de este post no obedece a la canción de Amaral, a pesar de ser alguna de las muchas que escuché anoche. Responde a un hecho común a nivel mundial entre las personas que pasan la noche con la que comienza el año en fiestas varias. El día uno de Enero es para muchos, entre los que me incluyo, un día marcado en calendario perfectamente desaprovechable. Para otros sin embargo es un día de mucho trabajo, loados sean.

     Yo por lo menos trato de resucitar poco a poco. Ubicarme en este comienzo de comienzos, de semana, de mes y de año. Todo hoy. Aprovecho para dar las gracias a Raitán, por su primer comentario del año, y por haberme recordado el cúmulo de comienzos que coinciden hoy. Como estaba diciendo, voy tomando cuenta de que después del fiestón de anoche llega 2007. Yo me desperezo poco a poco, aún estoy en ello. He llegado a casa pasadas las diez de la mañana con G. y P. dos grandes amigos de siempre.

     El primer autobús del año en el que bajamos estaba lleno hasta la bandera. En la parada había más gente que en algunas fiestas privadas. La solución sencilla. Caminar hasta la parada anterior, en la que pudimos sentarnos y coger un buen asiento para dormitar en el trayecto de vuelta a casa. Después unos minutos caminando llego a mi casa. Encuentro a un par de vecinos jubiletas madrugadores a los que les felicito el año y me miran con caras extrañas. Yo sólo quiero irme a la cama.

     Oigo música, una guitarra, ruido. Son las dos y media de la tarde, llevo durmiendo muy poco y estoy extenuado. Puntualizo, extenuado, no resacoso. La fiesta ha sido mucha y buena. Quiero dormir más, que pare ese ruido, por favor. No para. Me entra el hambre estando despierto. Mis padres comen en la cocina. Me levanto y como con ellos. Les advierto que en breve volveré a la cama. Resisto hasta las cinco menos cuarto, momento en el que vuelvo a meterme entre las sábanas hasta las ocho y media de la tarde. Vuelvo a resucitar, esta vez con buen cuerpo y cansancio escaso.

     No he hecho gran cosa en las horas del uno de Enero posteriores al descanso horizontal. Como tantos otros y otras. Es el día mundial de las resurrecciones posteriores a las fiestas de Nochevieja. Resacas, sueño, cansancio, y un buen montón más de sensaciones no del todo satisfactorias en el día después de una fiesta de la que si se espera haya traído buenas sensaciones.

     En fin, que 2007 traiga todo lo bueno que deseamos. Yo por hoy he cumplido gustoso con mi post diario, para comenzar las cosas bien. Por cierto, espero nuevos lectores, que para algo anoche publicité mi blog. Ahora sí, buenas noches a tod@s.

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