Wednesday, February 14, 2007

San Valentín

     Pues sí, este post va a hablar de lo que se supone que se debe de hablar hoy, de San Valentín. Tópico y típico, pero ayuda a rellenar esta página casi en blanco a la que me enfrento. El catorce de Febrero, además de fecha de nacimiento de G. y D. Es ese día en el que los enamorados, con mediación de las floristerías, joyerías, confiterías y siempre que se tarde de gastar dinero, El Corte Inglés, gastan cuartos en la medida de sus posibilidades, para satisfacer al cincuenta por ciento restante de la pareja.

     Otras personas, entre ellas mi padre, pasan olímpicamente de este día en el que el consumismo abusivo  no se puede negar, y no regalan nada a su pareja, en este caso mi madre. Ella es agasajada frecuentemente con cantidad de cosas a lo largo del año. Mi padre no necesita que sea un día especial para comprarle algo, a ella o a mi hermano y a mí. Regala cuando le viene en gana sin poner la fecha en el calendario.

     No quiero entrar en consideraciones personales ni en la crítica por la crítica, tan de moda en nuestros días. Tampoco me considero resentido por no haber tenido ni dado ningún presente a la mujer que comparte mi vida sentimental. No hay en este momento tal persona junto a mí, así que no regalo. Si hubiera tenido quizás no hubiera regalado tampoco. Quiero escribir acerca de San Valentín.

     He estado leyendo algunas cosillas del susodicho Valentín. Sacerdote italiano hecho santo. Nació en Roma allá por el Siglo III y casaba a diestro y siniestro a parejas por la iglesia, pero a escondidas. Me ha hecho gracia un dato. Dicen que San Valentín se celebra por estas fechas ya que en los países nórdicos los pájaros deciden aparearse. Poniendo la neurona a funcionar pienso si existe un incremento en las ventas de condones en el día de hoy, y así las farmacias notan una mejora esta jornada. También me doy cuenta de que mucha gente prefiere las máquinas anónimas para comprar preservativos.

     Mezclo churras con merinas, lo sé. Pero mis purgas de mente son así. Además no podemos negar que el sexo, además de sano y divertido es parte fundamental de la pareja. Al menos tal cual yo la veo y entiendo. Imagino que San Valentín trataba de evitar estos actos tan impuros fuera del matrimonio y por eso daba sacramento de matrimonio en abundancia.

     Otras cosas que aparecen del santo de hoy indican que puede ser un obispo de Iteramna, hoy en día llamada Terni, en Italia. No en vano existe en dicho lugar un templo para el culto del susodicho. La tercera posibilidad dice del tan nombrado en este post fue un pobre mártir de una provincia romana en la actual África. Para más posibilidades consulten internet y por supuesto libros. Bueno o malo, todo está en ambos. Encontrar lo que se busca es otra cosa.

     Lo dejo aquí por un motivo bien sencillo. Huelo la tortilla de patatas recién hecha por mi madre. Mi comida favorita, para quienes no lo supieran. Sólo me queda felicitar más que a los enamorados, a los Valentines por su onomástica. Buenas noches a tod@s.

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Tuesday, February 13, 2007

Descubriendo el nashi

     He comido Nashi. Y supongo que muchos de quienes lean estas líneas se preguntarán que es eso. Al menos yo lo hubiera dicho si alguien me lo comentara ayer mismo. Lagunas de conocimiento que se resuelven de buenas a primeras. El nashi es una fruta que responde al nombre científico de Pyrus pyrifolia y que he encontrado esta mañana en la que, tras el día de ayer, decidí dármela ligera de trabajo, en una frutería de lo más selecto en el mercado principal de la ciudad anexa a la que habito. Por cierto, la fruta es cuestión se nombra con género masculino.

     Es una manzana por fuera con sabor y textura de pera por dentro. Pera en este caso sin un excesivo sabor, con mucha cantidad de agua, no muy dulce y de textura más fibrosa y consistente que la típica. Como lo oyen. Detrás de esa manzana de desteñido color amarillo pardo se encuentra encerrada una pera. He estado mirando un poco por internet y he descubierto que en realidad se trata de una pera. Ni injertos extraños, ni manipulación genética. Nashi es la pera japonesa o pera oriental. Una excentricidad de las miles que nos ofrece el reino de las plantas. Lo cierto es que lo poco que sabe, sabe bien. No sé si queda muy claro que forma tiene la susodicha fruta. Para ello, y hoy que me deja, insertamos foto de la novedad gastronómica en mi dieta. Aviso, las que adornan el frutero de mi cocina son mucho más amarillas, desteñidas.

     Una cosa que me gustaría decir, antes de que L. me llame sibarita por ciertos gustos refinados que uno tiene en forma de caprichos gastronómicos variados, es el precio de la “manzapera”. Recién rebautizada. 2.20 € kilogramo. Son grandes, aviso de antemano. Kilo ciento cincuenta gramos pesan cuatro unidades. Quizás no les gusten, pero no se queden con las ganas. Si alguien las prueba, o quiere saber el lugar exacto en el que las he comprado, que lo diga. No es un gasto excesivo, ya lo ven.

     Por lo demás poca novedad este Martes y trece sin Josema ni Millán. Inciso malo, pero que muy malo, pero si no lo suelto, reviento… Comparado con ayer no me podría quejar. Aunque mi reloj favorito haya decidido dejar de funcionar a las once de la mañana. Por si las moscas uno tira dardos por casa y pide para su cumpleaños otro nuevo. Tener tengo unos cuantos, bien me gustan, por eso uno más sería un buen regalo. No falta mucho y hay que ir dando ideas para que no se encuentren perdidos.

     Por último, y por eso de que con foto yo escribo menos, indico a quienes les debo lecturas de sus blogs personales, la firme promesa de hacerlo esta noche, comentario incluido. La garganta va mejor y ya me he acostumbrado a la somnolencia que me producen los antigripales. Buenas noches a tod@s.

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Monday, February 12, 2007

Perdonen que no escriba…

     Tengo la garganta dolorida y roja, parece tapizada de lija. Al levantarme mi campanilla tenía el doble de su tamaña y casi ocluía todo el espacio. Se me ha roto el labio inferior de puro seco, y ni kilos de lápiz hidratante hacen que se recupere. La boca seca y áspera como si estuviera tapizada de cartón piedra. Encima el despertador martillea con insistencia una noche en la que no he dormido nada, he sudado como un pollo y tenido sueños de lo más desagradable. Genial, ¿verdad?

     En el trabajo E. esta jodido, muy jodido. Si no está teniendo una depresión, va camino de ella, y yo me siento tan impotente que me han entrado por igual ganas de tomarme un ron triple y acostarme hasta mañana. He visto estos casos demasiado de cerca. Pienso en M. que está en plena etapa depresiva. Enlazando ideas negativas voy y me acuerdo de un suicidio inesperado. En este caso anónimo y de verdad respetado. Negativo cual ánodo voy a tomarme un café. Se me cae por encima de la mano y mancho la manga de la camisa al oír en la radio una canción que me trae malos recuerdos. Pienso en pedir el ron, pero resisto. Vuelvo a la rutina matinal.

     No soporto lo que me está pasando esta mañana. Decido pasar de todo y evadirme frente al ordenador escuchando un poco de música. No puedo ponerla muy alta porque molesto, y el mp3 se ha quedado sin pilas. La cosa va de mal en peor. Me conecto a internet. La conexión se cae más que los bolos en la bolera. El estrés se acumula, se mezcla con mala leche y a la cabrona de la melancolía le da por aparecer. Cuando estaba S. a mi lado en una situación de estas, incluso mucho menos fuerte nos pirábamos a dar una vuelta por el centro de la ciudad.

     Unas veces era sólo un paseo con charla relajante y terapeútica, como el día en que casi se carga una muestra antártica única. Otras veces eran unas cañas distendidas con horas de palabras. Una vez, un día muy señalado en nuestras vidas,  llegamos a pasar veintitrés horas juntos y al día siguiente el nick de mi messenger eran las puertas de mi alma abiertas de par en par. Sigo enlazando ideas e ideas y me veo quitando una garrapata de madrugada después de una paliza al dominó. Definitivamente me quiero ir a mi casa. Encima empiezo a tener mocos.

     Ni soñarlo. Me reclaman vía telefónica para hacer un favor que sólo puedo hacer yo, y encima es tan urgente que si no lo hago ya mismo se avecina una catástrofe. Llego al lugar en el que se supone que cual Jesucristo para creyentes obraré el milagro. Ni lejanamente. Voy y encima fastidio el trabajo de un pobre chaval. Lo tenía todo mal hecho, es cierto, pero hoy me siento culpable. Cobra una mierda y me parece que lo van a echar a la calle. Le digo a su supervisor que le faltan medios y que no me extraña que le haya pasado eso. Algo tenía que hacer. No se lo ha tomado bien y me ha contado que había perdido la oportunidad de colaborar en algo que me interesaba económicamente. Me voy a mi casa definitivamente. Empiezo a sonarme.

     Y desde hace unas cuantas horas aquí estoy. Sin intención alguna de escribir nada, la verdad, porque ya me dirán ustedes con este día aciago, por no decir asqueroso, que es lo que les voy a contar… Buenas noches para tod@s, y si me lo permiten, mejor día de mañana para mí.

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Saturday, February 10, 2007

Galletas de arroz e IMC

     Tengo una nueva adicción. No se crean que empino más ron que de costumbre, o que me ha dado por pincharme en vena o esnifar pegamento. Con el eter y el formol en el laboratorio tengo más que suficiente. Tampoco es una verdadera adicción, más que nada era por eso de comenzar con una frase impactante. Podría decirse que es un ataque de gula habitual, esperemos que transitoria. Como galletas de arroz en abundancia.

     No estoy a dieta. Que no me sobra ya se sabe, pero aún no he decidido ponerme de mal humor. Tengo bastante con el tráfico de cada mañana. Mi madre compró hace un par de semanas un paquete de galletas de arroz, de esas que comen las señoras bien para mantener sus cuerpos en un índice de masa corporal para caber en un traje de Pasarela Cibeles. Una tortita de arroz inflado y agua, mucha agua y hala, a pensar que estas saciada. Yo las como porque me gustan. Bueno, me gustan algunas. Las que llevan algo más que ese cereal hinchado, las que tienen una cobertura bien sabrosa por un lado.

    He probado tres variedades diferentes. Sabor arroz con leche, sabor yogur y sabor chocolate. Por increíble que pueda parecer, y sabida mi otra adicción por el cacao en sus diversas formas, las recubiertas de chocolate son las que menos me gustan. Ganan las de arroz con leche. Una fina capa cubriendo una de las grandes caras y algo de canela entremezclada por los granos hacen que sean poco menos que irresistibles. Siguen siendo muy bajas en calorías, cosa que me agrada, la verdad, si por lo menos voy a comerlas continuamente que no sean una masa ingente calórica. Lo que no percibo es eso del saciado, todo se diga. No digo que no pueda ser, pero me da la sensación que ya hay que tener el estómago bien comprimido de antes para notar semejante efecto.

     No tenía la menor intención de prolongar más este post, la verdad. La garganta me está matando, y no, no es por las galletas, a pesar de que haya comido algunas a lo largo del día. Parece que está tapizada con lija, vamos que tengo un dolor de garganta de mucho cuidado. Eso, en este que les escribe es síntoma inequívoco de que se avecina cuanto menos un catarro, que esperemos no sea la temida gripe. Lo siguiente son las toses, y alguna ya voy soltando. Que me sea leve.

     Después de la pequeña aclaración anterior es el momento del pero. No iba a escribir mucho, pero… Pero recordando el tema del Índice de Masa Corporal, o IMC para abreviar, quisiera darles una idea de lo que significa IMC= 18, es decir, lo mínimo exigido por Cibeles, y frente a lo cual, algunas personas a las que sólo se me ocurre calificar con insultos acerca de su escasa idea de salud y su ignorancia infinita, llaman locura. Para que se me entienda. El cálculo del IMC de una persona se haya dividiendo su altura en kilogramos de su altura en metros elevada al cuadrado. Un ejemplo muy claro. Si usted pesa 70 kg y mide 1.80 cm, algo que veo bastante común en los millones de varones que poblamos este mundo, su IMC es de 21.6. Para la moda gordo como un elefante obeso o una ballena mórbida. Imagínese usted señora que pesa 55 kg y mide 1.70 cm, su IMC arroja la cifra de 19.03. No me mientan que eso no es, según las cifras anteriores, estar delgada. Cuanto menos tiene bien poca grasa.

     Que quiero poner de manifiesto con toda esa disertación matemática. Para empezar, según la OMS (Organización Mundial de la Salud) si usted tiene IMC menor de 18.5 esta por debajo de su peso, es decir, en infrapeso según la propia terminología. No indica, a mi entender, sin embargo que no goce de mala salud. No veo tan claro eso de la imagen saludable relacionada con el famoso numero 18, aunque personas delgadas y demacradas sean relacionadas con diversas enfermedades. Para desfilar en la Pasarela Cibeles pongamos que hay que medir al menos 175 cm. Desconozco el dato, la verdad. Pues un IMC de 18 significaría que la chica en cuestión supera en 125 gr los 55 kg. Una modelo mas alta, de 1.82 cm tiene que pesar 59.625 kg para dar un IMC de 18. A mí me parece un mínimo muy mínimo, y por tanto una buena medida, aunque lo comente mucho después de que saltara la noticia a la palestra. Por último sólo quiero recordar que aún ha habido alguna maniquí que no llegaba al famosos 18. Concretamente una de ellas arrojaba un IMC de 16.9. El ejemplo, clarificador. Midiendo 1.75 hay que pesar  51.75 kg. Aquí es que ya no hago ni comentario.

     Siento esta larga explicación, pero me he quitado con ello una pequeña espina clavada. Me parece por tanto muy buena idea el estudio antropométrico que se está llevando a cabo con miles de mujeres voluntarias cuyo fin es el estandarizado de tallas. Y veo muy bien que se hagan desde muy pequeñas a muy grandes, porque no olvidemos que existen personas cuya complexión es verdaderamente pequeña, ínfima, y otros que son grandes, muy grandes. Tallas y buenas noches para tod@s.

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Friday, February 9, 2007

Pequeño homenaje

     He estado comiendo con F. Hacía bastante tiempo que no nos veíamos. Así que he hecho lo posible por escaquearme y no comer en casa. Anoche vi lentejas a remojo y la neurona se puso a trabajar rápidamente. Habíamos quedado en llamarnos para comer un día de estos, y ha sido hoy. Una llamada después de cenar y quedamos para hoy a las dos de la tarde. No voy a contar nada de lo que hemos comido o comentado en la sobremesa. Me apetece más hablar de F.

     Es una de las personas que conozco con peor suerte, y no sabe el respetable lo que eso me fastidia. Acumula un buen montón de desgracias, y sin embargo tiene una fuerza digna de admiración. Nos conocemos desde hace unos cuantos años, y a lo largo de este tiempo he vivido varios contratiempos que le han hecho a él y a los suyos cambiar unas cuantas cosas en su rumbo vital. Caer y levantarse. Por eso sólo y siempre tengo que desearle lo mejor, vamos, lo que bien merece, ya verán.

     Todo comenzó con la muerte de su padre, hace diez años. El padre de F. era un eminente y prestigioso médico especialista con una clínica siempre repleta. Esto les permitía a él, su mujer, suegra y cinco hijos vivir en un precioso chalet en una buena urbanización. Piscina cubierta, otra al aire libre, sauna, gimnasio y cancha de tenis eran algunas de las comodidades que uno encontraba en aquella casa de piedra blanca y enormes ventanales. Una vida económicamente más que holgada. No sólo no faltaba de nada sino que había de sobra. Hasta ese momento.

     Un cáncer fulminante se lo llevó en menos de tres meses sin remedio. A partir de ese momento todo cambió. F., con diecisiete años es el mayor de los hermanos, todos estudiantes en uno de los colegios más caros de la ciudad. Su madre trabajaba únicamente en casa. Había un buen dinero ahorrado, pero mucho por pagar. Por desgracia demasiado. La hipoteca de la casa y de otro piso que habían comprado hace poco tiempo, letras de un coche de lujo y una reforma muy importante en la clínica estaban por abonar. La situación sigue sosteniéndose poco tiempo, los ahorros van bajando a gran velocidad. Los bancos no sólo niegan ayudas a pesar del patrimonio existente sino que encima se ponen cabrones.

     La madre de F. vende el piso nuevo y el coche viejo. Tienen para una temporada, pero decide buscarse un trabajo. Se sabe falta de experiencia laboral, así que monta una tienda de ropa haciendo acopio de un gran valor y arriesgándose al meter parte del dinero de las ventas. Alquila un buen local, en un buen sitio, y se anima. Siempre ha visto cómo en las tiendas que ella solía frecuentar las ventas eran al menos interesantes. Es fuerte como un roble y por eso sus hijos la adoran, son también de las pocas personas que la apoyan en la medida de sus posibilidades. Ellos dejan de acudir, por iniciativa propia, al colegio privado y van al a escuela pública. La tienda no va bien, realmente va mal. Tiene aún muchas cosas por pagar y sienta a F. y al resto de sus hermanos a la mesa una mañana de verano. Se plantea tocar lo que hasta ahora permanecía intocable. La clínica.

     Esto les resulta muy duro, sin embargo los cinco hermanos la apoyan como siempre han echo, incondicionalmente. A todos les duele hondo, aunque saben de sobra que las instalaciones valen mucho dinero. Había sido un tema casi tabú, pero parece que no hay otra solución. F. me ha confesado que justo antes de venderla se vieron bastante apretados. No fue precisamente fácil vender la clínica, que ya no contaba con las últimas tecnologías. No en vano se vendió casi tres años después del fallecimiento de F. padre. Tras mucho pensárselo, un antiguo amigo de su padre se hizo con todo, por un precio que a pesar de parecer ingente se alejaba algo del inicial de la venta.

     Un pequeño respiro económico llega por fin a sus vidas, sin embargo el dinero se marcha como agua de las manos si no entra por otro lugar.  Tan sólo mantienen su casa estupenda y un coche. F. ya ha sacado el carné de conducir y empezado a la Facultad. El menor de los cinco hermanos tiene por estas fechas sólo siete años. Tenía cuatro al morir su padre. La madre, a la que si podríamos añadir lo de coraje, sigue pensando en algo que introduzca dinero en casa. La cosa no se presenta precisamente sencilla. Me gustaría decir aquí que ni ella ni su marido tenían hermanos, y de los cuatro abuelos sólo vive la materna, que fallece por esas fechas. Otro golpe duro. Siempre había vivido con ellos.

     Siempre me ha llamado poderosamente la atención la fortaleza psicológica de toda la familia de F., sobreponiéndose a los golpes de la vida. La mayoría, entre los que me incluyo, desistiríamos y nos abandonaríamos en brazos de la depresión, del destino. No creo que haya demasiada gente con este nivel de valentía. La madre de F. comenzó a trabajar, cosas de la vida en la que había sido la clínica de su marido. Por primera vez en una temporada muy larga vuelve a entrar dinero procedente del trabajo. F. da clases particulares a domicilio por las tardes y su hermana, que ha decidido no ir a la Universidad, entra en el mundo laboral. Es dependiente de una tienda de ropa. Entre todos y con el dinero que aún hay el la recámara van emergiendo. Las cosas fluyen, y de nuevo otra muerte.

     El cuarto de los hermanos muere atropellado por un conductor que se da a la fuga y que hasta la fecha no ha aparecido, el día de su decimotercer cumpleaños, tres días antes de la comunión de la más pequeña. Hoy tendría diecisiete años, en Junio hubiera alcanzado la mayoría de edad. Al recordar este nuevo infortunio no puedo evitar volver a preguntarme por enésima vez porqué la mala suerte se ceba con quien menos lo merece. Luego aún hay quien es capaz de preguntarme porqué he dejado de ser creyente. De nuevo a reponerse, a luchar a sobrevivir como valientes, que es lo que siempre han sido, muy valientes.

      F. conoció en la Facultad a D., única descendiente de un matrimonio de abogados con buffet propio. Son novios desde entonces. Los dos trabajan con los padres de ella. F. por fin merece tener algo de suerte en la vida. Gana un dinero más que interesante que dedica con orgullo a mantener la estupenda casa. Ha asumido el rol de padre y mantiene un gran peso de la casa sobre sus hombros. Él, su madre y su hermana. Los otros dos hermanos siguen estudiando. Viven como millones de personas, de sus trabajos y pagando una hipoteca, y los cinco forman una unión familiar fabulosa. Y yo me alegro sobremanera.

     Me alegro porque F. es una persona maravillosa y merece que todo le vaya bien de una vez por todas, porque es mi amigo y aunque parezca extraño es una de las personas más capaces de animar a quienes le rodean. Lamento haberme explayado tanto con este post. Pero los homenajes, por pequeños que sean, han de dar idea de porqué y a quién se les realiza. Este es para F.

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Thursday, February 8, 2007

El aburrido experimentador

     Hace unos cuantos días hablaba de la cocina innovadora, de autor, o como quieran llamarla, en todo caso muy cara y muy escasa, y esta tarde presa de un extraño aburrimiento he plagiado un poco de esta teoría de la alquimia gastronómica. La verdad es que no sé si yo mismo seré capaz de comerme lo que me ha dado por preparar.

     Viendo el Canal Cocina me he dado cuenta que esta muy de moda utilizar agar-agar para obtener estructuras más consistentes. Yo que tengo botes del susodicho gelificante me he puesto a hacer ejercicio neuronal para buscarle aplicaciones. De antemano me digo a mi mismo que ese polvo casi blanco procede de un alga cuyo nombre científico es Chondrus crispus. Lo huelo por si las moscas, aunque de sobra conozco algunos de sus usos científicos habituales. Se utiliza mucho en microbiología y farmacología. Aún así lo de comerlo me lo tengo que volver a plantear. Quizás porque este cocinado por mí. Cuando lo han usado otras personas me deglutido tan contento.

     Me planteo que puedo espesar, o gelificar. A que sustancia o alimento le puedo dar una consistencia diferente, de gelatina suave. Ya ven lo que hace el aburrimiento a media tarde. Además ya he ido a las rebajas mucho más de lo que debería haber ido. Mejor me quedaba en casa. También he acabado el último libre, y ya se sabe, si el diablo no tiene que hacer, mata moscas con el rabo. A lo que iba.

     Abro la nevera en busca de inspiración. No me apetece tampoco complicarme demasiado la vida. Tomar algo, calentarlo, añadir el agar-agar, llevarlo a ebullición y esperar a que enfríe y su aspecto sea gelatinoso. Algunos pensaran que es una asquerosidad. A mí me encantan las gelatinas, la verdad. Cava, zumo y Coca-Cola. Con la leche no me he atrevido, igual para la siguiente. Quito el gas a la Coca-Cola y al cava mediante unos buenos meneos. Echo de menos el agitador eléctrico de tubos de ensayo de los laboratorios. Después a calentar, cada cosa por separado claro. Echo el agar-agar con una precisión exacta, vamos a ojo de buen cubero y gracias. Hierven mientras se mezclan olores peculiares de piña cola y cava calientes. Por último relleno unos pequeños moldes y ahora esperar. Es recomendable que se haga sin forzar, vamos sin frigorífico. Eso también ayuda a que coja menos humedad.

     Sigo esperando a que coja la nueva textura una vez que enfríe. Tarda más de lo que a un impaciente le gustaría. Como de costumbre aborrezco recoger el despliegue de medios que hace falta para cocinar. Siempre me parecen demasiados, y sigo sin ser capaz de llenar correctamente el lavavajillas. Yo soy de los que acaba doblando las varillas, lo confieso. Y poco más que contar de esta tarde de Jueves, en cuya noche espero ser premiado con la Primitiva, como tantos Jueves desde hace unos cuantos años.

     Buenas noches a tod@s.

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Wednesday, February 7, 2007

Dos piezas para el puzzle

     Me encuentro en una disyuntiva. Tengo un par de temas para llenar este espacio de palabras, y por primera vez me cuesta decidirme. Es cierto que hoy podría contar algo de uno de ellos y dejar el restante para mañana. Sin embargo creo que podría empastarlos. Crear una amalgama de dos historias. Lo mismo que tejer una bufanda con dos colores diferentes. Al final el resultado es el que se deseaba, una bufanda, o en este caso un post.

     M. a quien he descubierto como escritora en una dirección de blog.com me ha pedido que cuente algo acerca de ella. Hemos hablado en una sola ocasión por otra vía diferente a la de los comentarios, por eso he tenido que estrujarme la neurona. Por las narices podría salirme un zumo de materia gris. Como a los egipcios muertos antes de momificarlos, pero sin que me hubieran hurgado con un palo la nariz para hacer batido cerebral que se evacuaba por las fosas nasales. Me he ido por las ramas y han resultado un poco desagradables, la verdad. Me centro.

     Lo que quiero decir es que me he planteado que puedo contar de M. Sé pocas cosas suyas aparte del sexo y la edad confesa en su blog y lo que me gustan sus escritos. Sé también que N. le ha dedicado un pequeño espacio en su blog, para guardar su antiguo espacio. Se lo usurparon. Y es verdaderamente lamentable. Pero ella ha surgido se sus cenizas literarias y está de nuevo contando sus cosas en su nuevo espacio. La leo con frecuencia, y quiero que lo sepa, puesto que ella hace lo mismo con mis purgas de mente, aunque le hago menos comentarios de los que merece.

     Básicamente eso es cuanto puedo contarles de M. por el momento. No conozco muchas más cosas, y de las pocas que sé, estas son destacables. Debo también en este punto recordar a N. a quien he conocido del mismo modo que a M. No es N, sino I., como me gusta puntualizar. Tampoco puedo contar muchas cosas suyas. Sé de donde es, a que se dedica y que cuenta cosas geniales en su espacio. Aunque su trabajo le tenga mucho más ocupado de lo que seguramente quisiera y por eso no actualiza sus opiniones con la frecuencia que quisiera. Sin embargo yo sigo esperando que cuente cosas para leerle.

     La otra rama de la disyuntiva encierra otra historia partida en dos. Estoy leyendo Y de repente, un ángel, la novela finalista del Premio Planeta 2005, del peruano Jaime Bayly. Me gusta, a pesar de que a algunos de los que lo otorgan les parezca que las últimas dos ediciones ha sido de bajo nivel. Quisiera yo poner algún día en estas líneas los bodrios insufribles que he tenido que dejar a medias, o incluso recién comentados, salidos de la imaginación de algunos de los escritores más prestigiosos del panorama actual y no tan actual. Sin embargo me mostraé comedido por esta ocasión. A fin de cuentas no dejan de ser opiniones personales, que sin embargo en determinadas situaciones sería mejor no expresar. Ahora por las ramas literarias. Estoy por divagar más de la cuenta esta noche. Vuelvo donde estaba.

     Yo recomiendo la novela. Estoy leyéndola con mucha rapidez. La historia me enganchó desde el primer momento y he ido pasando páginas y páginas a cada rato que puedo. Son un par de historias diferentes enhebradas por un protagonista común. Viaja hasta el centro de si mismo y se reencuentra con el pasado gracias a la aparición en su vida de una empleada doméstica que mana bondad por cada poro de su gran cuerpo. Así transcurre la primera parte del libro. En la segunda parte vuelve a su pasado, a su familia a la que decidiera perder de vista tiempo atrás. No destripo mucho más la novela. Si les interesa léanla. Yo la considero muy interesante.

     Y por hoy creo que es suficiente. He hecho una composición de dos piezas principales y esto es lo que ha quedado. Será interesante o no, pero yo me he quedado la mar de satisfecho. Buenas noches a tod@s.

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Tuesday, February 6, 2007

Aféresis

     Esta mañana a las diez y media me he presentado fiel a mi cita. Cita para donar sangre. Soy donante desde el año 2000. Una gran carpa alojó por aquel entonces un centro de extracción sanguínea temporal, a modo de campamento hospitalario en medio de la gran explanada frente a mi Facultad. No lo dudé mucho. Yo me hago donante. Me apetecí adquirir ese pequeño compromiso social altruista que nada cuesta. Al contrario, incluso hay pequeños detalles con el donante. La primera vez fueron unas entradas de cine, y han venido algunas otras cosas después. Nimiedades para muchos, pero cuando no esperas nada, poco es mucho.

     Durante varios años he estado haciendo donaciones simples. 450 ml. de sangre y cita para dentro de tres meses. Desde hace ya algunos años hago donación por aféresis. Se trata de un procedimiento especial de extracción. Para quienes no tengan ni idea de que se trata, como yo mismo hace unos pocos años, resumo rápidamente. Consiste en una extracción en la que los diferentes componentes sanguíneos son separados por la máquina a la que le conectan a uno. En general se extrae independientemente plasma, hematíes y plaquetas. En ocasiones las tres cosas y otras sólo un par. Este tipo de donación permite ahorrar tiempos y costes para las transfusiones. De otro modo tendrían que emplearse cinco bolsas de 450 ml. para obtener la misma cantidad de plaquetas que en este proceso.

     Una donación de aféresis dura entre cuarenta y cinco minutos y hora y media. Es bastante tiempo, pero se hace un favor bien grande a quien lo pueda necesitar, y compensa. Al leer la carta que amablemente te envían del Centro, en el que te informan de la cantidad de personas que han sido atendidas con tu ayuda, se siente algo que a mí se me parece al orgullo.

     Hoy he donado durante cuarenta y seis minutos 350.000 millones de plaquetas, es decir, una donación simple, y 220 ml, de hematíes. No me han extraído plasma esta vez. La anterior ocasión, en Diciembre, hice una donación doble de plaquetas, y simple de plasma y glóbulos rojos. Me propusieron la donación por aféresis por mi volemia, es decir, cantidad de sangre total, y por la buena cantidad habitual de glóbulos rojos y plaquetas. Yo he aceptado ese compromiso encantado y siempre he cumplido. Siempre que no he tenido alguna leve enfermedad o estuviera tomando medicamento. Aplazaba la fecha, pero no faltaba.

     Si me permiten un consejo, cosa que por otro lado no suelo dar, ni me gusta mucho recibir, háganse donantes. Un poco de su tiempo y de su sangre sirve a quienes la necesitan de verdad. Aparte de la extrema amabilidad de los doctores y enfermeras que te atienden, no hay que despreciar el café o refresco y las galletas posteriores. Den sangre. Den vida. Buenas noches a tod@s.

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Monday, February 5, 2007

Pasión belga

     María me presentó a su homónima belga una tarde de verano en la que las moscas no osaban posarse sobre ninguna superficie por miedo a calcinarse instantáneamente bajo el sol infernal. Esa misma noche la chica del país del chocolate Godiva y yo acabamos sudando hasta empapar las sábanas de su dormitorio. Hasta hoy han pasado quince meses de charla distendida, pasión sin freno y el mejor sexo que haya probado.

     Marie Greta Loonlaan vino desde el Centro Universitario de Limburgs, en la ciudad de Hasselt a darme placer en mayúsculas. Se supone que su acometido no era este, también está la suposición que la pondría de nuevo en su país al acabar los meses de estancia con la beca Erasmus. No es ni remotamente parecido. Ha abandonado su vida universitaria cómoda de hija única de un padre médico y una madre profesora universitaria a la que no le faltaba de nada, por la de canguro ocasional, profesora particular de francés y alemán y camarera de fin de semana. Con eso y no me importa que otras cosas paga su alquiler en un apartamento en pleno centro y sobrevive.

     Se que no se ha quedado por mí. No creo ser el único hombre de su vida, la verdad. Poco, o más bien nada me importa. No conviene enamorarse, y no lo queremos hacer. Yo no tengo a nadie más como ella, pero de su apartamento salen muchos más como yo. Su forma de ver la vida, de sentirla, de vivirla me ha atrapado como a un insecto en una tela de araña. Con la salvedad de que yo si puedo escapar, pero no me da la gana. No nos ata nada que no sea un fuerte instinto animal. Muchas noches, tras el sexo, pienso en que poco sabemos el uno del otro. Profesiones paternas y maternas, algo de los hermanos, otro poco de nuestros estudios y anécdotas de poca índole. Sin embargo conocemos bien nuestros cuerpos, nuestras pieles lamidas, acariciadas, palpadas y olidas mutuamente milímetro a milímetro.

     Al cumplir un año de esta compleja y para muchos incomprensible situación, quise regalarle algo. Algo demasiado material para su gusto un tanto hippie. Durante la cópula de esta noche arañó mi espalda salvajemente. Me hizo daño. Dañada dijo sentirse también porque yo creyera que un reloj era un buen regalo para ella. Al levantarse de la cama lo estampó contra la pared ante mi estupefacción. Recogió lo que quedaba de él mientras me ponía el bóxer y lo lanzó por la ventana. Quiero algo tuyo no tan material. Esmérate.

     Salí del apartamento entre enfadado y contrariado, sin embargo unas ganas extrañas de expresarme hicieron que me plantara ante un lienzo en blanco. Llevaba más de un año sin pintar. Tuve suerte de que las pinturas aún sirvieran. Pinté rabia, pasión, locura, deseo, sentimientos que no se pueden expresar. En cuanto el cuadro estuvo seco se lo llevé. Eres tú, le dije. Me gusto, atinó a contestar un segundo antes de quitarme la camisa. No se me olvidará aquella noche de fuego carnal.

     Ha colocado el cuadro en la pared principal del salón. Me ha dicho que algunas visitas preguntan por él. Dice que es ella después de un año de amor. Lo dice porque le encanta la canción de Luz Casal. A mí me asegura que no me ama, Yo creo que tampoco la amo. Nos deseamos y nos necesitamos. No me planteo nada. Me llena cuando me hace falta, me aporta cuanto necesito y más. No sólo en el sexo, aunque siendo fieles a la verdad es una actividad estupenda en la que invertimos largas horas de placer y uno de nuestros modos de pasarlo realmente bien. Valoro también sus comentarios, sus ideas sobre los españoles universitarios al humo de su cigarrillo francés frente a un chocolate, cuando me regala su presencia en clase sólo para decirme que quiere verme, cuando me dice que cierre los ojos y vuele con ella a su antigua vida. Pide que se la cuente como yo la imagino, sin saber demasiado de ella. Y yo me dejo llevar.

     Mi familia no la conoce, pocos amigos tienen esa suerte, con alguno quizás se divierta y yo hago que no me entero. Me sé especial, ella también lo es para mí. No sé cuanto durará, ni como acabará. Quizás alguno de los dos encuentre a alguien diferente que le haga abandonar al otro. Otras veces nos imagino tal y como estamos ahora dentro de cuarenta años. O quizás seamos amantes ocultos. O puede que nos abandonemos despechados mañana mismo y nunca sepamos más el uno del otro. Si sé que estaremos marcados con el sello del otro. Aunque parezca lo contrario, no pierdo demasiado el tiempo pensando en el futuro desde que la conozco. Vivimos un presente que es un barco que navega libre y sin rumbo en el mar, y somos sus tripulantes merced al destino que no podemos planear, y lo mejor de todo, no nos importa.

     Si me pregutáis si soy feliz, sólo puedo responder que más que muchos de vosotros. Si me llamáis loco, quizás no estéis equivocados. Si me consideráis valiente, os daré la razón. Cuando me critiquéis no os escucharé. Al felicitarme tampoco haré caso. Vivo mi vida sin molestar a nadie, como quiero, porque es lo único que me pertenece. Dejadme hacerlo.

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Sunday, February 4, 2007

Mi abuela y las fotos

      Ayer fue mi abuelo paterno quien me ayudó a llenar este espacio, esta noche es mi abuela materna quien da el empujón inicial. Hoy he ido a comer a su casa. Cocina como nadie, sobremanera la sopa y el arroz con leche que podría decirse es un manjar de dioses. Ambrosía pura. Al acabar me recordó que había comprado hace unos cuantos días varios álbumes para colocar las fotos, instándome a hacerlo.

     Aspiré un poco el coche, después de que esta mañana lo lavara convenientemente una máquina y me puse a la tarea. Sabía que mi abuela atesoraba muchas fotos. Las he visto infinitud de veces, pero la verdad, nunca llegué a pensar que fueran tantas.

     He llenado dos álbumes completos, y están a reventar sólo con parte de las fotos antiguas, el blanco y negro. Dos álbumes grandes, muy grandes diría yo, y calculo que no habré llegado mucho más allá del año 70. Por ahí anda la cosa. Una de las grandes ideas del fotógrafo habitual era ponerla fecha en la que habían sido sacadas las instantáneas en la parte trasera del papel, con su puño y letra. Muchas veces con una pluma. En las que faltan, puede adivinarse aproximadamente. Mi abuela me ha ayudado mucho. Recordándome quienes eran personas desconocidas, en que situación se había hecho la foto y dando algunas anécdotas más. He visto y colocado varios centenares de fotos y faltan al menos tres veces más. Hay que llegar a 2006, desde 1921, en el que está fechada la primera foto con seguridad. Las hay anteriores, pero es difícil adivinar cuanto.

    La instantánea de 1921 es una imagen de mi bisabuela a los diecisiete años. Luce un vestido y zapatos nuevos, algunas joyas y todo indica que se trata de una señorita de clase bien. La foto está hecha en un estudio fotográfico. la mano apoyada levemente en la mesa y un pie levantado, tocando sólo con la puntera en suelo. La sonrisa perfecta y bonachona. Hasta su muerte en 1995 se vanagloriaba de esa foto. Una copia luce en el salón de mi casa.

     Hay montones de fotos de algunos momentos clave. La comunión de mi madre sobremanera, el despliegue bien parecería un reportaje de una revista de la época. La boda de unos parientes a la que mi abuela fue en condición de madrina. Fotos de mis abuelos en su época de novios y primeros años de casados paseando por las calles de Madrid. Fotos de mi madre y su hermano en la infancia. Fiestas en el pueblo. Casi de cada momento hay una imagen impresa. Quizás por eso M. haya quedado alucinada.

     Llegó con su marido a visitar a mi abuela como tantos otros domingos por la tarde, él es sobrino de mi abuela. También llegó O. una vecina, amiga de mi abuela desde niñas. Todos estuvieron repasando fotos y más fotos. Todos aparecíamos en muchas de las imágenes en papel. M. y O. se quedaban boquiabiertas al descubrirse hace tantos años y al ver la gigantesca colección de recuerdos. Y así fue pasando la tarde. Entre álbumes de fotos y unos chocolates a la taza me dieron más de las ocho de la tarde. Había pasado cuatro horas colocando el pasado. Recordando, sintiendo nostalgia y riendo. Y me ha gustado mucho. Me queda mucho por ordenar, y lo haré el domingo que viene encantado.

     Buenas noches a tod@s.

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