Monday, April 9, 2007

A la vagancia, fotos

     Estoy vago y la depresión vacacional se cierne sobre mí. De sobra sé que tengo muchas más vacaciones que el común de los mortales, que no puedo decir que mi gremio no tenga fiestas abundantes. Pero ya dice el refrán, que cuanto menos hace uno, menos quiere hacer.

     Mi hermano acaba de llegar de su escapada vacacional y la verdad que me apetece preguntarle que tal. Nos pasaremos un buen rato hablando de lo que ha hecho cada uno en cada lugar que ha visitado y al final y como de costumbre se nos hará tarde y mañana levantarse al sonido asesino del violador digital de la mañana, vamos, el jodido despertador, levantarse será cruel y duro. va a ser cierto que la peor de las enfermedades es la de la pobreza. Madrugar para quien lo quiera.

     Lo dicho, siempre que estoy vago, o también poco inspirado hago lo mismo, ya lo sabe el respetable. Foto al canto. Y una de esas van a tener esta noche. Igual más. He estado revisando algunas de las fotos que he hecho y para lo mal fotógrafo que soy, hay algunas que hasta me gustan. De esas he escogido las que les muestro a continuación:

     En primer lugar el Monumento al Campesino, del arquitecto local César Manrique, y la segunda imagen, uno de los emblemas d e la isla de Lanzarote. El diablo del Timanfaya. Lo mismo en otra ocasión hasta pongo alguna foto en la que salga yo. Yo diría que M., amiga bloggera, considera acertada esta idea. Me lo pensaré.

     Buenas noches a tod@s. Voy a abrir mi o mis regalos.

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Saturday, April 7, 2007

Padre e hijo

     Ocurre siempre que me voy unos días de vacaciones. Al menos una semana. Siempre hasta la fecha desde hace ya unos cuantos años. Mientras estoy fuera de casa tiene lugar algún acontecimiento llamativo. Lo cierto es que en la mayor parte de las ocasiones es una muerte de alguien cercano o cercana o bien una separación. De hecho han sido alternativos. Muerte, separación, muerte separación… Esta vez ha tocado la muerte de A. Tenía 94 años y era la mujer más combativa que haya conocido jamás. La amistad con la familia comenzó antes incluso de la Guerra Civil Española. A. estuvo escondida en el tejado de casa de mis bisabuelos por su ideología comunista, lo mismo que mi bisabuelo, quien murió en una cárcel salmantina victima de tuberculosis. Esto la verdad que no tiene nada que ver con lo que quiero contar esta noche, pero ya saben como suelo irme por las ramas.

     Hasta ahora, como he dicho antes se sucedían muerte o separación cercana, pero en esta ocasión, mientras me encontraba en Lanzarote, además de la consabida muerte de la mujer que habitaba el molino de agua del pueblo y cuya voz bien pareciera la de un minero silicoso y fumador, ha sucedido un hecho alucinante. Algo que no se me va a olvidar nunca. Algo que es impactante y que el simple hecho de relatarlo me produce curiosidad.

     B. es un vecino del pueblo de mis abuelos de 89 años. Es una persona fabulosa, con una mente muy despierta que ha vivido muchas experiencias en su vida. Ha vivido más de treinta años en Bruselas y domina a la perfección el francés y se defiende más que ien en alemán. Tiene una colección personal de relojes de pared que ha hecho y reparado él mismo que muchos museos la desearían. Yo soy de los pocos elegidos que ha entrado en el enorme bajo de su casa dedicado a esta afición suya en la que ha invertido miles de horas desde que quedara viudo cuatro veranos atrás. Su mujer era la dueña de los ojos más tristes y la conversación más moderna que he conocido jamás. Fan del Real Madrid, amante del tenis y la lectura histórica A. murió en día de la fiesta del pueblo. El contrate de alegría reinante en el prado donde se realiza la fiesta, justo al frente, a escasos cinco metros de la portilla de la finca, y el dolor de aquella casa una noche de Nuestra Señora del Carmen es también uno de los momentos de sabor mas agridulce que recuerdo.

     A lo que voy, B. a sus 89 años ha conocido a su hijo. No su hijo tenido en el matrimonio con A. ese hijo vive a mil kilómetros de distancia donde posee un verdadero imperio económico y es el hombre a quien yo he visto más decorado con oro en mi vida. Ha conocido a su hijo de 72 años. B. sabía de su existencia, de hecho ha dicho a mi abuela que lo vio cuando este tenía 3 años y él 20. B. fue padre a los 17 años. La madre de su, llamémosle nuevo hijo, era una señora casada del pueblo con la que tuvo una historia mientras el marido de esta estaba en la guerra. Tenía treinta y tantos años y cuatro hijos previos. En cuanto su marido volvió de luchar por la Patria reconoció como propio a este quinto y último hijo. B. no supo nunca más nada. Lo vió tres años después, cuando volvió al pueblo, de donde acabó yéndose, suponemos bien porqué aunque no nos lo haya aclarado como el resto de las cuestiones de esta, para mí, hermosa historia. Ya verán el fondo hermoso y tierno.

     La que fuera su mujer durante más de 50 años nunca supo la historia. A. se fue del mundo sin saber que B. era ya padre antes de que ellos dos se conocieran. B. dice que ella debía sospechar algo, pero que no sabe si su abnegado amor, si el hecho de que él nunca le dijera nada, ella no mentó palabra alguna en toda la vida.

     Para mí de lo más destacable de la historia es el hecho de como el hijo encontró al padre. Su madre nunca quiso desvelarle el nombre de B. Le dijo que ese sería un secreto que se llevaría con ella a la tumba. Sí le dio el nombre del pueblo en el que vivía. A la muerte de su madre se puso a investigar. Dejó pasar un tiempo prudencial y comenzó la búsqueda. Dio con el pueblo y fue hasta allí a preguntar si alguien conocía la historia. Los más viejos del lugar parecieron recordar algo, pero la cosa quedó en el olvido. Hace sin embargo cosa de un año volvió de nuevo a retomar la búsqueda, suponiendo que quizás su padre ya hubiera muerto, pero esta vez la cosa fue diferente. Dejó su teléfono a los más ancianos, por si alguna vez recordaban algo. Uno de ellos creía recordar que B. era su padre, pero no lo podía asegurar. Sin embargo el destino quiso que hace poco más de un mes esta misma persona leyera la esquela en el periódico de la cuñada de B. Una chispa se le encendió en la mente y llamó al hijo.

     Le dijo, que si bien no se equivocaba B. podría ser su padre. Le citó la esquela y compró la prensa para leerla. B. G. A., quizás estuviera cerca de su padre. Se armó de valor y fue al entierro de la señora en cuestión. B. acompañado, por sus dificultades para andar de la hermana de mi abuela y su marido se llevó una gran sorpresa. Alguien se le acercó y le dio una nota con un nombre completo y un teléfono en la mano mientras le daba el pésame. B, pidió a la hermana de mi abuela que le leyera lo que ponía la nota que acababan de darle, no se había llevado las gafas de leer. En cuanto C. leyó el nombre completo del señor que había dado la nota a B., este lo dijo claramente sin duda ninguna. Es mi hijo.

    C. y su marido casi se caen del mismo susto al oír semejante declaración. B. sin embargo estaba calmado y mantenía gran aplomo. Sabía que era su hijo por el nombre. Lo primero que hizo en cuanto llegó a su casa fue llamar a su otro hijo, el habido con A., su difunta mujer y narrarle toda la historia. B. hijo se llevó una gran alegría. Bien pasada la cincuentena se encuentra con un hermano de 72 años casado, con cuatro hijos y no sé cuantos nietos, jubilado de la hostelería y que vive a escasos diez Km. de su padre. B. hijo llamó de inmediato a su hermano y empezaron a comunicarse, también le indico en que lugar vivía su padre.

     Y desde hace algunos días el nuevo hijo de B. acude cada día a ver a su padre biológico. No tiene ningún ánimo de lucro, fue reconocido por el marido de su madre y lo único que le mueve es el deseo de conocer a quien le diera vida. Y eso a mí me parece fascinante. Fascinante y tierno, porque en el punto final de esta historia, que bien pudiera parecer rocambolesca, me queda decir que B. esta muy enfermo. No me equivoco si digo que en poco tiempo se va a morir. Y a mí me parece un acto hermoso ir cada día a pasar la tarde con tu padre, aunque hayas estado 72 años sin él, aunque sepas que sólo te ha visto hace 69 años y a escondidas.

     Es el momento de conocerse, ahora que se acerca el final, ahora que se han reencontrado, de sus vidas, sin darse explicaciones, que tampoco se piden. El momento de estar juntos y compartirse. Y esto es lo que a mí me parece genial, hermoso y admirable. Por todo eso he querido contar esta noche la historia nueva que ha sucedido mientras me encontraba fuera. Ojala sean cosas como esta, por raras que puedan llegar a ser, las que ocurren en mi ausencia, y no muertes o separaciones cercanas.

     Por lo demás ya lo saben. Buenas noches a tod@s.

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Friday, April 6, 2007

Crónicas lanzaroteñas y apunte eslovaco

     Aquí estoy de nuevo. Ha pasado algo más de una semana desde que escribiera en este mi pequeño rincón en internet. Una semana que, como muchos y muchas ya saben, he pasado en Lanzarote. Puede suponerse perfectamente que estoy en la obligación de hablar de la isla, de como han sido esos días, de que he hecho y que es lo que más y menos me ha gustado. No voy a dejar nada sin desvelar, si bien, tampoco quiero explayarme demasiado. Han sido muchas y diversas, siempre positivas, las experiencias acumuladas en toda una semana en la isla canaria y aquí van algunas de ellas.

     Ni que decir tiene que un retraso de veinticinco minutos en el despegue de un avión no es ninguna novedad. El Jueves pasado un vuelo de dos horas y veinte minutos nos llevó a Guasimeta (ACE) en código IATA, para designar a los aeropuertos mundiales. Mis maletas, como siempre salieron de las últimas, así que dejé a G. esperándolas mientras corría raudo y veloz a por las llaves del coche que alquilamos para toda la semana.  Un Seat Ibiza 1.4 con 75 CV de gasolina color blanco con el que recorrimos la isla de principio a fin. Yo fui el primer encargado de mover el vehiculo, previo acelerón, por eso de que uno siempre conduce coches diesel. Desde el aeropuerto hasta nuestro hotel en Playa Blanca nos impresionó sobremanera la gran montaña que surge aparentemente de la nada envolviendo a Yaiza, ciudad que por el otro margen se encuentra cortada por la enorme masa rocosa que dejó la erupción de los volcanes de Timanfaya en el siglo XVIII.

     Al llegar al Hotel nos instalaron en una habitación estupenda. Cojonuda, para ser más claros. Un pequeño apartamento con su salón cocina totalmente equipada, baño grande y completo, dormitorio grande separado y dos terrazas estupendas. Todo muy en consonancia con los colores blanco y verde que dominan las edificaciones de la isla. En el hotel había enormes piscinas, un restaurante bueno, cafeterías y bares nocturnos, un amplio aparcamiento, una sala de ordenadores que no utilicé precisamente mucho. Un supermercado muy completo, fuentes interiores, billares, sala de squash, sauna, jardines tropicales fabulosos, en fin. Una pasada.

     Para no extenderme infinitamente resumiré que en los siete días en la isla recorrimos de cabo a rabo, con ayuda el coche, toda su geografía. Incluso pasamos a la Isla La Graciosa, que merece un pequeño párrafo aparte más adelante. Pudimos conocer toda Playa Blanca, las playas de Papagayo, de arenas claras y finas, con aguas de colores verde tropical a las que acceder por semejantes carreteras era en sí una aventura. Los pueblos de Yaiza, Uga, la zona de La Geria, con sus impresionantes cultivos de vid en tierras absolutamente negras protegidos por arcos de piedras. El faro de Pechiguera, el Monumento al Campesino. El impresionante Parque Nacional de Timafaya. Mar de soledad de piedra volcánica en diversas tonalidades, donde el tiempo parece haber dejado de existir. Sin duda una experiencia más que impactante. Su centro de interpretación e investigación en Mancha Blanca. El pueblo de Teguise con su mercado dominical donde la artesanía de arena en diversos tonos me dejó fascinado, lo mismo que la piedra olivina y sus múltiples usos. Pueblos como Tinajo, Tahiche, Puerto del Carmen, estrella del turismo en la isla, con sus preciosas playas. Arrecife, la capital de los contrastes, que no fue precisamente lo que más me gustó. La Fundación del Genial César Manrique, con todo lo que hay en ella, también sus grandes obras, dispersas por doquier. San Bartolomé a la salida de misa de Ramos. Macher, mil veces cruzada. Haria y sus bonitas palmeras, Yé, así de corto se puede llamar un pueblo. Arrieta, Costa Teguise y su incipiente turismo. Orzola, pueblo marinero donde cogimos el barco que nos llevó a La Graciosa. La Santa,Caleta del caballo, Caleta de Famara y su playa brava para hacer surf. Tias, hasta donde llega la poca autopista que existe en la isla. Las impresionantes Salinas del Janubio, y su playa contigua, El Golfo y la impresionante laguna verde que secuestra. Punta Mujeres, Los Valles, Soo, Mala, Guinate, Masdache. Los Jameos del agua, impresionante conjunto decorado por Cesar Manrique donde comprobamos lo caprichosa que es la naturaleza, al poner unos crustáceos albinos únicos en el mundo en semejante lugar. La Cueva de los Verdes, con su gran secreto y donde me encontré inesperadamente con M., casualmente de vacaciones el la isla, y con quien converse unos pocos minutos.

     Toda esa parrafada y seguro que algunas cosas más que se me escapan en este momento es lo que conocimos. Como se puede observar, no quedó nada, por ver vimos hasta a Pepu Hernández en Playa Blanca. En este párrafo es donde quiero dar la experiencia de haber cruzado en la cubierta de un barco a la isla La Graciosa. Con sólo dos pueblos esta isla del archipiélago Chinijo me dejó fascinado. No existe el asfalto en las calles, estas son de arena. No existe separación alguna entre en sustrato terreo y el costero. En la misma arena de la playa uno se encuentra con conchas de moluscos terrestres y conchas marinas mezcladas. Sólo se comunica con Lanzarote por medio de barcos, y los habitantes de la isla, muchos de ellos, visten unos curiosos sombreros de paja muy guanches. Es lugar de veraneo de muchos canarios, por lo que nos pareció. Apenas hay coches, son todoterreno antiguos y todo tiene un aire diferente en Caleta del Cebo, la única ciudad permanentemente habitada. Las playas son hermosas y encierran en su mar cristalino escalones naturales de piedra que hace que por mucho que uno nade y camine en el agua, no sea capaz de verse cubierto por completo jamás. Al menos eso es lo que a mí me ocurrió. He quedado prendado de La Graciosa.

     Lo mismo que quedó en mi pensamiento una persona a la que conocí estos días. Que conste que hablo de ella porque G. me lo ha pedido. Me ha persuadido para que cuente algo en mi blog. No sé su nombre, sólo que es eslovaca y que trabaja en un pub irlandés en el que pasamos unas cuantas horas de la noche frente al mar. Su acento era diferente, por eso le pregunté de donde venía. Sus ojos preciosos. Toda ella me parecía hermosa. Atendía con sonrisa permanente frente a Playa Dorada, en Playa Blanca, las mesas de aquel local en el que siempre ocupamos el mismo lugar. Aunque eso diera pie a que la eslovaca anónima, de pelo rojo y ojos verdes tuviera que rescatar mi chaqueta negra. Me gustaría saber como se llama, me gustaría que también supiera más de mí. No se crean que me he quedado pillado ni que he vivido con ella nada más allá de una relación camarera-cliente. Confieso que no me hubiera importado, aunque eso sea abrir mi corazón más de lo que me suele gustar hacer. Pero ya es tarde y uno no está para dejar cosas por decir. Ha quedao como ha quedado, en el hecho de que he conocido a una mujer joven y eslovaca a la que no me queda más remedio que llamar “anónima” que me pareció, y realmente no sé porqué, muy interesante y bella.

     Y por lo demás poca cosa. He descargado la cantidad ingente de fotos que he hecho en el ordenador mientras tecleaba estas letras. Mientras, y como siempre purgaba mi mente en esta enorme parrafada, quizás algo pesada. Prometo que en alguna entrada posterior pondré imágenes. Además hago saber a quien quiera conocer más cosas, que no sean muy espinosas, que nos conocemos, que me las pregunte. De momento me he quedado suficientemente satisfecho con lo que he contado, y antes de que me arrepienta, o encuentra algo más que poner, me despido hasta la siguiente diciendo además de buenas noches a tod@s, que me lo he pasado de puta madre y que les recomiendo Lanzarote.

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