Después de varios días con más ausencias que presencias, aquí estoy de nuevo. A decir verdad, la presencia del Domingo, hablamos siempre de posts, claro, fue de lo más chapucero que hice desde que existe este espacio para mis palabras. Pasando de alto por esa entrada, quizás un resumen, no sé si breve o no, para que mentir, de lo que me ha pasado estos días ayude a comprender que a pesar de haber tenido parranda en abundancia, algunas otras cosas he podido hacer. El día que deje de estar de moda el egocentrismo en los blogs, no tengo ni la menor idea de que será de mí.
Desgranando el día a día puedo contar lo siguiente:
Sábado: No salí en Viernes. Últimamente estoy de un formal que me empieza a preocupar. De todos modos, quedaba mucho fin de semana para ello. Cuando la semana laboral comienza de Miércoles todo se ve de otro color. Y eso que si nos podemos a pedir, hoy haber estado trabajando en Madrid hubiera sido la leche. Cinco días que saben aún mejor que cuatro. Decia que no había salido la noche anterior, y a pesar de ello me levanté a esa hora en que la mañana deja de ser tal para convertirse en tarde. Puedo decir que ha sido el mejor día de todo el largo fin de semana sin duda alguna. A veces la simple compañía deseada es más que todo el resto.
Estuve con S. Como de costumbre, desde las 6 de la tarde a las 5 de la mañana. Algo normal si tenemos en cuenta la distancia geográfica que nos separa en estos momentos. Somos dos personas con mucho que contarnos y tenemos que ponernos al día. No son las 23 horas juntos de ese día que no olvidaré jamás, pero la cosa estuvo muy bien. No me duelen prendas decir que solemos acabar cuanto menos con una ingesta etílica más que considerable. Podría poner un ejemplo, bueno un porrón, pero habida cuenta de que estamos en Sábado y me queda por teclear hasta el Miércoles, mejor lo dejamos.
Entre los destacables las conversaciones faltas de tapujos y llenas de directas intencionadas. Las risas más o menos cómplices y hasta pícaras después de los piropos y esos te quiero que no te aprecio, y quien sabe si te amo. La cena, en nuestro lugar por excelencia para cenas. Nuestra sidrería podríamos decir. Nuestro revuelto y como novedad un poco de carne de buey. Como novedad también un descorche de cava y el nuevo regalo traído de mi último viaje, y que no desvelaré. Ella nunca me ha dejado sin detalle y cena, y yo no voy a ser menos. Después copas, ron, sobretodo ron, y más conversación, y más que dejo volar la imaginación de los lectores desde la medianoche al regreso a casa.
Domingo: No tengo el cuerpo para excesos. Me apetece relajarme. No me apetece, y ya se sabe porqué oír muchas voces. Vamos los cuatro a comer, como la inmensa mayoría de Domingos, casa de mi abuela, que junto con mi madre, y sin posibilidad ni aceptación de réplica, son las mejores cocineras del mundo. Mi otra abuela, todo se diga, no tanto, ella misma lo sabe y lo reconoce. Tiene otros millones de cosas buenas, la verdad. Al tema. Comemos de miedo. La verdad que no lo he hecho nada mal en todo el puente. No lo hago mal en general, ya lo sabe el respetable que me conoce.
Al acabar de comer un paseo con el perro más guapo y cariñoso del mundo por caminos tranquilos en los que la Primavera ha llegado a llenarlo todo. Los que hasta la fecha, y toco madera, no somos alérgicos podemos disfrutar bastante de la explosión de color de esta época. La tarde distendida y relajada. En el patio delantero de la casa, en los bancos entre calas, petunias, tulipanes, geranios y unas cuantas flores y plantas más, pasamos varias horas de tertulia en familia. No he madrugado, me he levantado justo para salir a casa de mi abuela, y la pesadez corporal de las primeras horas despierto se ha pasado. Tengo hasta comentarios jocosos y acertados. Por contra soporto ataques frontales de mi hermano preguntándome por S. Resisto y me hago el sueco, como de costumbre. Me pregunto si a ella alguna vez le someten en casa a esta práctica.
Entre lo destacable, la disertación de mi madre para imponer frente a su hermano su idea de regalo para el próximo Domingo para mi abuela. Mi tío se deja convencer a la mínima, pero mi madre, acostumbrada a tratar y negociar, expone sus argumentos de peso. Ya le han comprado esta misma mañana el regalo a mi abuela. Le va a parecer demasiado, pero le encantará. Lo de siempre.
Lunes: Sigo recuperando horas de sueño y me vuelvo a levantar a la misma hora que el Sábado. No la mento para no despertar iras. Por la mañana me dedico a hacer los recados de casa y labores del hogar. No todos pueden hacer puente. Recuerden, bendita Enseñanza. Muy desahogado, aunque lo de las tareas domésticas sea un trabajo que si por mí fuera deberían reconocer de algún modo en el futuro.
Después de comer, esta vez en casa, llevé el coche de mi padre al taller. Alineado de dirección. Para quienes no lo sepan aún, mi padre tiene dos hijos y un coche al que no dejan de echarle piropos en cualquier taller. A mí me da verdadera rabia que me hagan comentarios acerca del cochazo que llevo y lo impecable que está. Como recién salido de la fábrica o más limpio aún. La verdad que tiene dos años, debería estar bien de por sí, aunque es cierto que está impecable. Dato. Ha limpiado el polvo del motor con un pincel y un compresor con aire. Ya sé que el coche es bueno y está muy bien tratado, no me lo recuerde por favor.
Por la tarde una buena sesión de confesiones, cotilleos y si llega el caso despellejes nada insanos con B. ante un par de chocolates con nata y sirope. Un par para cada uno en el primer bar, y como no fue bastante. Otro, esta vez sin nata, en otra cafetería. Con B. siempre quedo por la tarde para que se nos haga de noche hablando, a veces hasta de madrugada. Y aún así, sabemos que podríamos seguir contándonos millones de cosas hasta quedar afónicos. Reseñables fueron varias conversaciones, pero dejémoslas en la intimidad.
Martes: El día de las sorpresas y los reencuentros. Para empezar fuimos a comer fuera. Mi padre que jamás ha trabajado, ni tiene pensado trabajar el primero de Mayo, nos invitó a comer a los cuatro fuera. Lamento tener que confesar el menú, pero si no lo hago reviento. Servidor, con su saque más que excelente se metió para el cuerpo una cazuela de pulpo, gambas, almejas y gula y un cachopo relleno de setas y queso Brie que estaban de puta madre. De postre arroz con leche.
Mientras acababa de comer recibo un SMS de G. Me insta a quedar con él y con P. para ir a una ciudad cercana a ver a D., a quien llamamos por su apellido, R. Por supuesto que acepto. P. lleva su coche y nos plantamos en una media hora en la ciudad en la que R. esta pasando unos meses. R. era azafato de vuelo. Digo era porque en Febrero desistió y se vino de Roma a casa de sus padres. Es un culo inquieto y no se aguanta en España. Pasado mañana se va a vivir a Finlandia. A pesar de tener cierta visión negativa y fatalista que agobia un poco en conversación, me lo he pasado muy bien en la charla de ayer. Me ha hecho ilusión verle después de demasiado tiempo sin vernos.
Por si fuera poco ayer me han dado una noticia inesperada. Bueno, no del todo inesperada, la verdad, pero por la premura me ha pillado algo fuera de juego. Me han invitado a una boda para el próximo 9 de Junio. Ya sabía que M., a quien conozco desde que tengo seis años, y con compartía los primeros juegos del que fuera mi nuevo colegio, se iba a casar con C. su novia desde hace ya un buen número de años. Ya tienen trabajo, coches y piso, aquí, en mi misma ciudad. Lo cierto es que me apetece ir, y que estoy prácticamente seguro de que iré. A pesar de estar en ascuas por saber si me iré o no a EEUU, y que eso pueda alterar muchos de mis planes, creo que debo estar allí ese día. Total, no voy a salir de pobre, y ellos se lo merecen.
Miércoles: Hoy ha sido la vuelta al trabajo, ala jodida rutina, con lo que yo la odio. He dormido poco, la verdad que he estado dándole vueltas en el subconsciente al enlace matrimonial. Después me he pasado media mañana en el coche, de aquí para allá y de allá para acá. Vueltas con familiares a los que tenía que llevar a diversos sitios. He hecho planes para mañana, para devolver unos libros a L. Me he ido a comprar la edición especial de Cien años de soledad, que me apetecía un montón, y he descubierto una canción. Una canción de un anuncio, como tantas otras. El de un coche de una marca que no me gusta, y que por eso no mento. Meravigliosa creatura, de Gianna Nannini. la he buscado y rebuscado hasta que me he hecho con ella, y aquí estoy escuchándola tranquilamente mientras he purgado mi mente con uná cantidad ingente de palabras. Palabras que han compuesto este blog de mis últimos días, y que es un tanto largo. Espero, como siempre, que les guste.
Buenas noches a tod@s.